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Nepal: Actuar antes o pagar después

Nepal enfrenta una catástrofe agravada por los riesgos climáticos y plantea una pregunta urgente: ¿qué hace falta para actuar antes de la tragedia?

“Nepal se tambalea ante uno de sus peores desastres en años”, tituló The Kathmandu Post el 26 de agosto. Aquella mañana todavía era imposible comprender la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Las primeras noticias hablaban de decenas de muertos y cientos de desaparecidos después de que una enorme masa de agua, lodo, hielo y rocas descendiera desde el Himalaya y arrasara todo lo que encontraba a su paso. Casas, carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas y pueblos enteros desaparecieron en cuestión de minutos.

Las imágenes parecían sacadas de una película de ficción, una pared oscura avanzando por el valle mientras la gente corría buscando terreno alto. Edificios que desaparecían bajo el agua, puentes arrancados de sus bases y después las desoladoras fotografías del silencio, salones de clase cubiertos de lodo, casas abiertas como si alguien hubiera arrancado una de sus paredes, zapatos, fotografías familiares, utensilios de cocina y mochilas escolares dispersos entre los escombros.

Para el 7 de septiembre, Nepal había recuperado 1,355 cuerpos y casi 5,000 personas continuaban sin ser localizadas. Más de 21,000 miembros de las fuerzas de seguridad participaban en las operaciones de búsqueda y rescate. Familias enteras seguían esperando noticias de quienes habían desaparecido río abajo, mientras otras ni siquiera tenían un cuerpo alrededor del cual realizar sus ritos funerarios.

Todo comenzó la mañana del 26 de agosto en las montañas de la frontera entre Nepal y el Tíbet. La evidencia disponible apunta a una avalancha de hielo y roca que cayó sobre un afluente del río Bhote Koshi, represó temporalmente el agua y desencadenó después una inundación repentina cargada de sedimentos y escombros. El torrente descendió por el sistema del Trishuli y atravesó distintos distritos de Nepal con una fuerza que las autoridades llegaron a describir como un tsunami del Himalaya.

Nepal es un país construido entre algunas de las montañas más altas del planeta, atravesado por ríos que descienden violentamente hacia valles donde viven comunidades, pasan carreteras y se han construido centrales hidroeléctricas. Cuando el agua destruyó caminos y puentes, algunas poblaciones quedaron aisladas precisamente cuando más necesitaban ayuda. En las centrales hidroeléctricas ocurrió otra tragedia, cientos de trabajadores quedaron desaparecidos y algunos fueron atrapados dentro de túneles inundados. También como de película, nueve días después dos trabajadores fueron encontrados vivos dentro de uno de esos túneles después de sobrevivir en una pequeña bolsa de aire, bebiendo agua lodosa mientras esperaban un rescate que no sabían si llegaría. Uno rezaba mientras el otro trataba de conservar fuerzas. Nepal encontró por unas horas una historia de esperanza en medio de una catástrofe.

Esta tragedia toca de una manera particular a quienes formamos parte de la comunidad budista, incluso desde lugares tan lejanos como México. Nepal ocupa un lugar especial en la historia reciente del budismo, no solo por ser la tierra donde nació Buda, sino porque, tras el levantamiento tibetano de 1959, abrió sus puertas a miles de tibetanos que huyeron al exilio y encontraron allí un lugar donde reconstruir comunidades, monasterios y parte de su vida espiritual, conocimientos y tradiciones que forman parte de un patrimonio que trasciende las fronteras de Nepal.

La destrucción de la avalancha también alcanzó esa memoria, varias comunidades budistas del norte perdieron monasterios, espacios de reunión, objetos religiosos y lugares donde durante generaciones se habían transmitido prácticas y ceremonias. Algunas de estas comunidades todavía estaban reconstruyendo lo perdido durante el terremoto de 2015, cuando casi nueve mil personas murieron y cientos de templos, monasterios y monumentos históricos quedaron destruidos. Apenas once años después, algunos lugares vuelven a empezar.

¿Y qué tiene que ver esto con cambio climático? El Himalaya es una de las regiones del planeta donde los cambios en glaciares, nieve y temperaturas están transformando rápidamente los riesgos. Millones de personas viven aguas abajo de glaciares y lagos glaciares en Asia, los Andes, Alaska, Islandia y los Alpes, en territorios donde el calentamiento está transformando rápidamente la estabilidad del hielo, la roca y el agua.

Desde la perspectiva de justicia climática, consideremos que Nepal representa una fracción mínima de las emisiones que han calentado el planeta, pero se encuentra entre los países más expuestos a sus consecuencias. Cuando hablamos de pérdidas y daños en las negociaciones climáticas internacionales, hablamos precisamente de esto. No solamente de cuánto cuesta reconstruir un puente, sino de quién paga cuando un país que casi no contribuyó al problema pierde vidas, viviendas, infraestructura, patrimonio y décadas de desarrollo en unas cuantas horas.

Mientras delegaciones, empresas e inversionistas se preparan para la Semana del Clima de Nueva York, la Semana del Clima de Bruselas y las próximas negociaciones climáticas en la COP, casos como el de Nepal debería estar en el centro de esas conversaciones. El colapso de una enorme masa de hielo y roca asociada a un glaciar, y la destrucción que siguió, convierten conceptos como adaptación, pérdidas y daños y financiamiento climático en una realidad brutal. ¿Qué hace falta saber para empezar a actuar antes de las tragedias?

En la tradición budista existe una palabra hermosa, karuna, compasión. No significa solamente sentir el sufrimiento de otros, sino reconocer que nos concierne y actuar frente a él. Quizá ese principio también debería acompañar las decisiones que se tomarán en las próximas semanas.

En los templos budistas encendemos una vela no porque una pequeña llama pueda iluminar el mundo entero, sino porque la oscuridad nunca ha sido una razón suficiente para no encenderla. Nepal tiene hoy demasiada oscuridad. Ojalá esta tragedia ayude a iluminar las decisiones que todavía estamos a tiempo de tomar.

Nelly Ramírez Moncada

Nelly Ramírez Moncada

Especialista en desarrollo internacional con más de dos décadas de experiencia en América Latina y África.

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