Antes del Fin

Lo que Guadalajara entiende y Morena no

En 2024 Morena podía esperar que la corriente nacional empujara Guadalajara. En 2027 tendrá que competir en un estado donde la fuerza política local conserva capacidad propia y donde la mujer que resistió aquella corriente ya gobierna la ciudad.

En 2024, Morena tenía casi todo.

Andrés Manuel López Obrador seguía gobernando México. El país vivía la efervescencia de elegir por primera vez a una mujer para la Presidencia. Claudia Sheinbaum encabezaba una movilización que terminaría en casi 36 millones de votos. Morena atravesaba el momento de mayor expansión de su historia y, para conquistar Guadalajara, reunió cinco partidos.

Verónica Delgadillo llegó con uno.

Perdió Morena.

Hay una cifra que explica mejor aquella elección que el resultado final de la coalición: sin los votos de sus cuatro aliados, Morena quedó doce puntos y medio debajo de Vero. Verde, PT, Hagamos y Futuro cerraron la distancia. Cinco contra uno tampoco alcanzó.

Aquello ocurrió cuando casi todos los factores externos soplaban a favor de Morena. López Obrador gobernaba, Sheinbaum hacía historia y hubo encuestas que anticiparon otro desenlace en Guadalajara.

Dos años después, Morena vuelve a mirar la ciudad con optimismo. La pregunta es qué está viendo.

Porque muchas de aquellas condiciones ya no existen.

López Obrador ya no gobierna, la elección irrepetible de la primera presidenta ya ocurrió. Hagamos y Futuro ni siquiera conservaron su registro local. Morena llega además exhibiendo diferencias internas mientras intenta construir unidad alrededor de una candidatura.

El país también ha cambiado.

Morena conserva una enorme fuerza nacional y Claudia Sheinbaum mantiene una aprobación alta. Pero ahora el movimiento carga algo que en 2024 pesaba mucho menos: el costo de gobernar.

Sinaloa es quizá su expresión más grave, la crisis de seguridad ha obligado incluso a figuras del movimiento a reconocer el riesgo de voto de castigo. En otras entidades, sus gobiernos ya no enfrentan la expectativa de lo prometido, sino el juicio de lo realizado.

El poder empezó a cobrar.

Por eso resulta curiosa la confianza que puede producir una nueva encuesta sobre Guadalajara.

No porque necesariamente esté equivocada, sino porque Morena ya tuvo algo mucho más poderoso que una encuesta favorable.

Tuvo 2024.

Tuvo cinco partidos, la Presidencia de López Obrador y la ola de Sheinbaum.

Y perdió Guadalajara.

¿Qué tiene hoy que no tuviera entonces?

La pregunta adquiere otra dimensión cuando se mira enfrente. Morena puede cambiar de candidato; Guadalajara podría volver a encontrar a la misma mujer en la boleta.

Sólo que tampoco es la misma Vero.

En 2024 era una candidata que pedía la oportunidad de gobernar Guadalajara y decía que su proyecto necesitaba seis años. Hoy es la presidenta municipal y lleva dos años construyendo desde el gobierno una relación cotidiana con la ciudad.

Una medición reciente de Mitofsky colocó a Pablo Lemus por encima de Claudia Sheinbaum en aprobación entre los jaliscienses, algo que no ocurre con ningún otro gobernador del país.

Eso también ejerce gravedad.

En 2024 Morena podía esperar que la corriente nacional empujara Guadalajara. En 2027 tendrá que competir en un estado donde la fuerza política local conserva capacidad propia y donde la mujer que resistió aquella corriente ya gobierna la ciudad.

Mientras tanto, Morena discute quién debe enfrentarla.

Los aspirantes se mueven y los llamados a la unidad conviven con una disputa cada vez más abierta.

Tal vez el problema no sea que Morena tenga aspirantes, sino que parece tener prisa por repartirse una ciudad que todavía no ha ganado.

Dos antiguos aliados desaparecieron como partidos locales. El contexto nacional perdió la excepcionalidad de 2024, las diferencias internas continúan y enfrente permanece quien ya demostró que Guadalajara podía separar su decisión municipal de la corriente nacional.

ANTES DEL FIN

Entonces ocurrió la tormenta.

Durante el Segundo Informe comenzó a llover sobre el Parque Agua Azul, Vero siguió hablando.

La gente se quedó.

Una tormenta no predice una elección. Convertirla en eso sería propaganda, pero sí produjo una imagen difícil de ignorar después de todo lo anterior.

Morena está mirando cuánto mide en Guadalajara.

Quizá debería preguntarse quién es Vero Delgadillo para una ciudad que la eligió cuando Morena tenía prácticamente todos los factores externos a favor. ¿Quién es ahora que la gobierna, y qué significa que, dos años después, cuando cayó una tormenta sobre su informe, Guadalajara tampoco la dejara sola?

Morena puede seguir mirando sus encuestas.

Pero antes de celebrar lo que dicen, convendría observar todo lo que ha cambiado desde la última vez que creyó que Guadalajara estaba a su alcance.

Nadine Cortés

Nadine Cortés

Abogada especialista en gestión de políticas migratorias internacionales.

COLUMNAS ANTERIORES

La soberanía también es personal
Honestidad para no hablar de corrupción

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.