Hemos tenido varias semanas llenas de noticias que impactan en el sistema educativo de nuestro país. Desde la presentación de los resultados de PISA, pasando por el paquete económico para 2027 y terminando con la publicación de Education at a Glance (el Panorama de la Educación) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Algunas de estas noticias perecen buenas, hasta que las comenzamos a analizar más de cerca.
Por ejemplo, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) para 2027 propone aumentar el gasto educativo. En términos reales, es decir, descontando la inflación, el presupuesto total destinado a educación crecería solamente 6.8% respecto de 2026. Después de años de discutir la insuficiencia de los recursos educativos, esto no suena tan mal. Pero cuando entramos al detalle de en dónde se aumenta, ahí las noticias ya no resultan buenas. Porque la pregunta que sigue quedando en el aire es si ¿estamos financiando aquello que el sistema educativo necesita? Y para contestar a eso hay que mirar más allá del total.
En educación básica, alrededor de ocho de cada diez pesos del Ramo 11 se destinan a la Beca Rita Cetina. Las becas pueden contribuir a que niñas, niños y adolescentes permanezcan en la escuela y aliviar una carga importante para sus familias. Pero a los programas de becas no podemos pedirles que hagan algo para lo que no fueron diseñados: enseñar a leer mejor, resolver problemas matemáticos, formar docentes o reparar una escuela.
Mientras el presupuesto apuesta fuertemente por las transferencias, las necesidades dentro de las escuelas siguen ahí. La mitad de los estudiantes evaluados por PISA asiste a escuelas cuyos directores reportan carencias de infraestructura que dificultan la enseñanza. Sin embargo, La Escuela es Nuestra (LEEN) tendría menos recursos en 2027. Y mientras esperamos que las maestras y los maestros atiendan las dificultades de aprendizaje, los recursos que hemos podido identificar para su formación disminuyen en términos reales.
Y en análisis del PPEF 2027 realizado por Mexicanos Primero, nos hemos encontrado con una curiosidad presupuestaria, el programa denominado “Actividades de apoyo administrativo” aumenta más de cuatro veces en términos reales. Puede haber una explicación perfectamente razonable, y sin duda sería estupendo conocerla. Pero hasta el momento la conocemos.
No se trata de afirmar que todo peso destinado a becas debería ir a infraestructura, ni que gastar más garantiza mejores aprendizajes. Es justamente lo contrario. Aquí entra lo que esta semana nos ha recordado Education at a Glance, que los recursos importan, pero el presupuesto nos obliga a mirar cómo se convierten en condiciones concretas para enseñar y aprender.
Entre 2015 y 2023, en México el gasto gubernamental en educación de primaria a educación superior, medido como proporción del PIB, bajó de 4.4% a 2.9%. En el promedio de los países de la organización también hubo una disminución, pero mucho menor: de 4.4% a 4.2%. México, de acuerdo con la OCDE, tuvo una caída más rápida que la mayoría de los países miembros.
Y en otro dato, sumamente revelador, la OCDE nos indica que México tendrá, cada vez menos estudiantes. La OCDE estima que la población de 5 a 14 años disminuirá 8%, más de lo que ha disminuido hasta el momento, hacia 2033. Lo cual abre una oportunidad extraordinaria: reorganizarlos mejor. Más presupuesto en educación sería un buen comienzo. Pero el presupuesto educativo no debería medirse solamente por cuánto crece, sino por los problemas que logra resolver en el sistema educativo, y que permiten avanzar en el camino a garantizar el derecho a la educación para todas y todos.
En términos presupuestales ¿qué estamos haciendo para que los estudiantes aprendan?, ¿cómo estamos formando y acompañando a sus maestros?, ¿cómo vamos a garantizar escuelas con condiciones básicas?, y ¿cómo se conectan todas esas decisiones con los recursos que estamos aprobando? Son preguntas que aún no tienen respuesta.
