Desde Mexicanos Primero, durante años hemos repetido una frase que, a estas alturas, debería resultarle incómoda a las autoridades educativas: en las escuelas de nuestro país, lo básico no está garantizado. Y no se trata de laboratorios de última generación ni de salones equipados con tecnología de punta e inteligencia artificial. Hablamos de algo que es tan común que damos por descontado que exista: agua, electricidad, baños y lavamanos. Estas son las condiciones mínimas para que una niña, un niño o un adolescente pueda estar en la escuela y aprender.
Y es precisamente por eso que una de las decisiones contenidas en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) para el 2027, nos llama la atención. La Escuela es Nuestra (LEEN), el principal programa federal para atender directamente la infraestructura de los planteles tendría menos recursos el próximo año. En términos nominales, LEEN pasaría de 26 mil millones de pesos aprobados en 2026 a 20 mil millones en 2027, así a simple vista, se le van 6 mil millones de pesos. Sí tomamos en cuenta la inflación, la reducción real es de alrededor de 26%, se pasa de 23.9 mil millones a 17.7 mil millones de pesos (a pesos de 2024). Tener solo tres cuartas partes del presupuesto del año anterior, no es poca cosa.
¿Qué cambió en las escuelas para justificar que ahora necesitemos menos recursos? Y la verdad no damos con la respuesta. En Mexicanos Primero hicimos hace un par de años un ejercicio que ayuda a dimensionar el problema. En “Lo básico no está garantizado” estimamos que llevar a todas las escuelas públicas de educación básica y media superior a condiciones mínimas de infraestructura requería cerca de 52 mil millones de pesos. Además, calculamos que el mantenimiento anual del conjunto de escuelas requeriría alrededor de 47 mil millones.
No se trata de que LEEN deba recibir exactamente esas cantidades. Pero esas cifras sí ofrecen una referencia de la magnitud de las necesidades. Y recuerdan algo fundamental: arreglar una escuela una vez no significa que esa escuela quede arreglada para siempre. En las escuelas como en las casas de todos nosotros, los baños se descomponen, las tuberías necesitan mantenimiento, los techos pueden tener goteras, las instalaciones eléctricas envejecen. Las escuelas mexicanas están expuestas a lluvias, huracanes, sismos y temperaturas cada vez más extremas. Conservar la infraestructura escolar, es una tarea que no termina nunca.
¿LEEN perdió importancia y recursos de pronto? La respuesta es que no, la reducción de recursos no comenzó con el PPEF 2027. En 2024 LEEN contó con 28.4 mil millones de pesos; para 2025 fueron 25 mil millones y en 2026, 26 mil millones. Es decir, aun antes de este recorte mayor para 2027, el programa no había llegado de nuevo al nivel de 2024 y mostraba aumentos marginales y menores a la inflación. Hay además un pequeño detalle en 2025; el programa amplió su población objetivo. Por primera vez, LEEN comenzó a atender también planteles de educación media superior. La decisión tenía sentido: las y los jóvenes de bachillerato también necesitan escuelas dignas. Pero la ampliación no llegó acompañada de una ampliación equivalente de la bolsa. El pastel no se hizo más grande; simplemente hubo que repartirlo entre más comensales.
Al final regresamos a un problema de fondo. Sería posible discutir si 20 mil millones es mucho o poco si tuviéramos un diagnóstico actualizado de las condiciones de cada escuela, información pública sobre las intervenciones realizadas y evidencia que permitiera conocer cuánto hemos avanzado. Pero no la tenemos con el nivel de detalle necesario. En el Monitoreo educativo de Mexicanos Primero, los datos sobre las condiciones de las escuelas corresponden a hace 3 ciclos escolares, porque las autoridades simplemente han decidido dejar de hacer pública esa información.
Después de años de operación y de más de cien mil millones de pesos destinados al LEEN, seguimos sin contar con respuestas: ¿cuántas escuelas ya tienen agua potable? ¿Cuántas cuentan con electricidad, baños y lavamanos funcionales? ¿Qué se arregló con los recursos recibidos? ¿Qué necesidades persisten? ¿Cuánto cuesta mantenerlas?
Así que nos encontramos con una gran contradicción; tenemos escuelas con carencias y un programa con menos recursos para el próximo año. Es claro que lo básico sigue sin ser garantizado y mientras las escuelas no cuenten con condiciones dignas, no se puede hablar de que el derecho a aprender exista para todas las niñas, niños y adolescentes.
