Mexicanos Primero

¿Por qué comprender lo cambia todo?

México enfrenta un reto en comprensión lectora y carece de una medición nacional comparable para saber si las niñas y niños están aprendiendo.

Mi hijo de casi 5 años está empezando a leer, y espero que aprenda a hacerlo durante su último año de preescolar. De pronto, las letras que estaban por todas partes empiezan a significar algo: reconoce sus iniciales, identifica palabras en los letreros, intenta entender lo que dice una caja, pregunta cómo se escribe una palabra. Y yo, que llevo años trabajando en el análisis de las políticas educativas y sus indicadores, estoy descubriendo desde otro lugar algo bastante obvio: aprender a leer es casi un pequeño milagro y cambia todo el mundo de una persona.

Pero también estoy comprobando que leer y comprender lo que se lee son dos cosas distintas. Podemos celebrar que una niña o un niño ya junta letras, pronuncia palabras y termina una oración. Pero ¿entendió lo que decía? ¿Puede explicarlo con sus propias palabras? ¿Relacionarlo con otra idea? ¿Darse cuenta de que un personaje está triste, aunque el texto nunca utilice la palabra?

Parece una diferencia pequeña. No lo es. Comprender lo cambia todo. ¿Pero por qué? La comprensión lectora es una de esas habilidades que nos seguirán siendo útiles después de concluir la educación obligatoria. Comprender lo que se lee no se necesita únicamente para la clase de español. ¿Cómo se resuelve un problema de matemáticas si no se comprende qué se está preguntando? ¿Cómo se aprende historia si no se puede identificar la idea principal de un texto? ¿Cómo se realiza un experimento si no encontramos el significado en las instrucciones?

La última evidencia disponible nos dice que tenemos un problema. El último Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) en el que México participó con una muestra nacional fue aplicado en 2019. Nuestro país obtuvo resultados superiores al promedio de América Latina y el Caribe en lectura: 713 puntos en tercero de primaria, frente a 697 de la región, y 726 en sexto, frente a 696. Todo eso suena bien, pero el problema aparece cuando dejamos de ver el promedio y preguntamos qué podían hacer realmente las niñas y los niños.

En tercero de primaria, 37.4% de las y los estudiantes mexicanos no alcanzaba el nivel mínimo de competencia lectora, esto es casi cuatro de cada diez. Para sexto de primaria los datos eran todavía más preocupante: 58.4% estaba por debajo del nivel mínimo esperado. En otras palabras, casi seis de cada diez llegaban al final de la primaria sin dominar las competencias mínimas de lectura establecidas para ese momento de su trayectoria educativa.

Durante los primeros años de primaria, las niñas y los niños están aprendiendo a leer; conforme avanzan en su trayectoria escolar, necesitan leer para aprender. Los textos se hacen más largos, aparece vocabulario específico y aumenta la necesidad de comparar información, identificar ideas, hacer inferencias y justificar respuestas. Si esas habilidades no se consolidan oportunamente antes de los 10 años, cada nueva materia puede convertirse en un reto insuperable.

A lo largo de las últimas décadas hemos contado con distintos instrumentos para evaluar la comprensión lectora: las pruebas Excale del INEE, PLANEA, las evaluaciones diagnósticas de Mejoredu y, en el ámbito internacional, PISA y ERCE. Cada una con propósitos, poblaciones y metodologías distintas, pero todas aportaron información para conocer qué y cuánto estaban aprendiendo nuestros estudiantes.

El problema es que esa historia se ha caracterizado por la discontinuidad y por no ajustar las políticas educativas de acuerdo con la evidencia, sino con las ideologías políticas del momento. Unas evaluaciones sustituyen a otras, las instituciones desaparecen y las series se interrumpen. Hoy no contamos con una evaluación nacional sistemática, transparente y comparable que nos permita seguir la evolución de la comprensión lectora de las niñas y los niños mexicanos. Y por el lado internacional tampoco tenemos abundancia de información nueva: ERCE 2019 continúa siendo nuestra última fotografía con información de los estudiantes de 3º y 6º de primaria a nivel nacional.

Estamos en 2026 y seguimos utilizando 2019 para hablar del aprendizaje en lectura de las niñas y los niños mexicanos. Entre una fotografía y otra ocurrieron muchas cosas: una pandemia que cerró las escuelas durante meses; un nuevo modelo educativo, y una nueva generación de libros de texto. ¿Nos recuperamos? ¿Las brechas aumentaron? ¿Quiénes necesitan más apoyo? No lo sabemos con una medición nacional comparable. Y no saber, también es una decisión de política pública.

Por eso, esta semana, Mexicanos Primero y Fondo Alternativa lanzamos la iniciativa Comprender lo cambia todo. Queremos volver a poner una habilidad fundamental en el centro de la conversación educativa. No basta con que las niñas y los niños estén inscritos en la escuela. No basta con que asistan, pasen de grado o puedan leer en voz alta. El derecho a estar en la escuela solo adquiere pleno sentido cuando se acompaña del derecho a aprender. Pero si no sabemos si nuestras niñas y niños comprenden lo que leen, ¿cómo podemos afirmar que están aprendiendo? Comprender un cuento cambia la experiencia de leerlo. Comprender un problema cambia la posibilidad de resolverlo. Comprender una noticia cambia nuestra relación con el mundo. Comprender lo cambia todo.

María Teresa Gutiérrez

María Teresa Gutiérrez

Directora de Monitoreo de Indicadores Educativos en Mexicanos Primero

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