La comprensión lectora, una capacidad cognitiva compleja que permite interpretar, relacionar y evaluar información escrita, hoy está gravemente afectada por distintas razones. Entre ellas se destaca la cultura digital del scroll, que fragmenta la lectura y erosiona la atención sostenida. Desarrollar esta capacidad es fundamental: en última instancia, es el sustento de la dignidad humana –la base de los derechos humanos–, ya que posibilita ejercer la libertad y la autonomía, así como participar en la sociedad democrática. Es además, indispensable para el desarrollo económico y el bienestar. Sin esta capacidad, la persona queda reducida a la dependencia, la vulnerabilidad y la imposibilidad de defender sus propios derechos.
El estudio Enseñanza eficaz de la lectura en países de ingresos bajos y medios, elaborado por el Panel Asesor Global sobre Evidencia Educativa (GEEAP) y respaldado por el Banco Mundial, UNICEF y la FCDO, muestra la magnitud de la crisis: el 70% de los niños de diez años en países de ingresos bajos y medios no pueden leer ni comprender un texto sencillo. El informe señala que esta “pobreza de aprendizaje” se explica, en gran medida, por métodos de enseñanza que no se basan en la evidencia científica.
La neurociencia y la psicología cognitiva muestran que el cerebro humano no está programado para leer de forma natural, a diferencia del habla. Para leer, el cerebro debe reutilizar áreas destinadas al reconocimiento de objetos para procesar símbolos escritos. Por ello, aprender a leer no es un proceso espontáneo, sino que requiere una enseñanza explícita (el docente demuestra y explica cada habilidad), sistemática (de lo simple a lo complejo) e integral (todas las habilidades de alfabetización deben desarrollarse; la debilidad en una afecta el progreso general).
La lectura de comprensión se sustenta en dos pilares: la decodificación (convertir letras en sonidos) y la comprensión del lenguaje (entender su significado). Si uno falla, no habrá comprensión lectora. El estudio identifica seis áreas clave: lenguaje oral (habilidades para entender y expresar ideas al hablar, base de todo lo que luego se comprende al leer); conciencia fonológica (capacidad de reconocer y manipular los sonidos del habla); fonética sistemática (enseñanza ordenada de la relación entre letras y sonidos para poder leer palabras nuevas); fluidez lectora (leer con precisión, ritmo y entonación, sin detenerse en cada palabra); comprensión lectora (entender lo que se lee, conectar ideas y construir significado); y escritura (formar letras, escribir palabras y expresar ideas por escrito, lo que refuerza la lectura y otras habilidades básicas).
También subraya, en relación con el proceso de aprendizaje, que se aprende mejor en lengua materna, que practicar la escritura es crucial y que los programas de enseñanza estructurados, la formación docente inicial y continua, así como la evaluación constante son determinantes.
Las recomendaciones para la política educativa son claras: priorizar la alfabetización temprana; adecuar los planes y programas de estudio para asegurar una enseñanza explícita y sistemática de la fonética y el lenguaje oral; fortalecer la enseñanza en lengua materna; dotar a docentes de materiales estructurados y formación específica; y reconocer que invertir en los primeros años reduce la deserción escolar y los costos futuros de recuperación, ya que quienes comprenden lo que leen, desarrollan las capacidades indispensables para seguir aprendiendo a lo largo de la vida.
Diseñar e implementar programas de lectura sustentados en evidencia científica mejora significativamente la capacidad de las y los estudiantes de comprender textos y constituye, por consiguiente, una de las mejores inversiones educativas para las personas y para la sociedad.
La comprensión lectora es una condición de posibilidad de la libertad humana. Cuando un país permite que generaciones enteras crezcan sin comprender lo que leen, vulnera su derecho a aprender, pero también lesiona la dignidad de su población.
* Directora de Investigación en Mexicanos Primero.