Gestión de Negocios

Anhelo y posibilidad: la tensión que decide el futuro

Con fundamento sólido o apenas intuitivo, se orienta la energía organizacional en una dirección con la confianza de que es, en alguna medida, alcanzable.

Imposible conducir una organización hacia adelante con la mirada fija en el espejo retrovisor.

Sea tu pasado una colección de éxitos o un anecdotario de barreras superadas o no, esos momentos ya fueron. En el mejor de los casos produjeron resultados, al tiempo que forjaron capacidades y experiencia. En el peor, sólo consumieron energía y recursos.

La dinámica de las empresas está centrada en su ‘hacia adelante’. Ese enfoque hacia lo que puede ser define lo que hoy se está financiando, moldeando o resolviendo. Mirando hacia su posibilidad futura, se toman decisiones que procuran maximizar ese potencial que se ve materializable en distintos horizontes en maduración.

¿Qué debaten en su interior aquellos que deciden sobre futuros alternativos? Aquí tres elementos para la reflexión directiva:

1) Siempre hay tensión entre el anhelo y el miedo.- Se tiene cierto grado de expectativa en que se conseguirá lo deseado o pretendido. Con fundamento sólido o apenas intuitivo, se orienta la energía organizacional en una dirección con la confianza de que es, en alguna medida, alcanzable.

Mentiría aquel que dijera que su entusiasmo no se modera por cierta dosis de desconfianza: la duda de que ocurra lo que se pretende con la velocidad y profundidad necesarias. Los negocios materializados son, primero, un triunfo de la esperanza sobre el temor.

2) La densidad intelectual sustenta la intuición.- Lo que se cree que puede ser hay que cruzarlo por diversas capas de pensamiento y evaluación. Una visión entusiasta sin discernimiento de viabilidad, costos, efectos y resultados esperados puede carecer de sentido.

El oficio probado, el olfato comercial o la pericia acreditada puede acabar en error de cálculo, en el ejercicio de sobrecostos o en simples chascos. Los negocios bien logrados son, en primera instancia, la superposición de la empresarialidad a la improvisación o el arrebato.

3) Cada alternativa se estresa con su margen de actuación real.- Las posibilidades futuras son alternativas en gajos que se van separando y consumiendo en función directa de las capacidades de implementación que la compañía tiene. Más empresas fracasan por indigestión que por falta de ideas.

No hay un ‘por hacer’ sin una elección. Nada debe estar en ciernes si no tiene viabilidad de ejecución y una fuente de fondeo decidida. El futuro no vive de ilusiones, se construye de acciones que sobreviven el descarrilamiento y que encuentran su camino.

Cuando escucho decir que tal o cual empresa tiene mucho futuro tiendo a pensar que tienen una escalera definida con fases de escalamiento creíbles y que se ven en un movimiento hacia adelante sano. Esa entidad proyecta enfoque y alineación hacia lo que dicen que están haciendo o están queriendo hacer. Su futuro no luce como teoría, sino como la consecuencia lógica de un conjunto de movimientos viables e intencionados.

Ni en el contexto más claro y favorable del planeta, una organización es capaz de ver su futuro. Lo puede forjar. Lo debe moldear. Lo desea construir. Y eso, aunque se sustenta en su pasado, se fabrica en un presente dinámico que se proyecta hacia una ruta de posibilidades que sí pueden materializarse.

Dicen los que saben —y dicen bien— que los negocios no son otra cosa que una carrera perpetua de caja contra tiempo. Quizá otra manera de decirlo es que son una eterna pelea entre anhelo y posibilidad.

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