Gestión de Negocios

El SPAM evolucionó… y ahora finge conocerte

¿En verdad funciona que alguien que ignoras te escriba un saludo genérico y crea que con eso empezarás una conversación fraternal?

La automatización con I.A. está erosionando la autenticidad de muchos contactos iniciales en LinkedIn y otras redes de uso profesional.

Y es que recibir solicitudes de contacto requiere un nuevo filtro. Exige dedicar unos minutos a revisar los mensajes y perfiles de quienes parecen estar detrás de InMails o notificaciones, validando que provengan de emisores reales.

En la sección de ‘Mi Red’ en LinkedIn pocos son los días donde no recibo una solicitud de alguien perfectamente desconocido que afirma haber evaluado mi perfil, considerándolo ‘interesante’ o, en su expresión más exagerada, ‘admirable’. Y no buscan interacción inteligente, sino confirmación de agenda.

Con el paso del tiempo, he podido detectar el patrón. Primero, usan mis dos nombres u omiten escribirlo y empiezan con amigo, licenciado o, en su expresión menos meditada, un simple hola.

¿Habrá algo peor que la despersonalización automática? ¿En verdad funciona que alguien que ignoras te escriba un saludo genérico y crea que con eso empezarás una conversación fraternal? Imaginemos la misma interacción en cualquier otro canal digital y pensemos si eso construye confianza básica.

De todas las aproximaciones ‘en frío’ que he tenido en la vida profesional, confieso que prefiero aquella que parte de la verdad. “No me conoces pero te escribo porque…” y lo que quiera poner en mi radar. Pero pretender que somos amigos o colegas no es I.A. es Ingenuidad Artificial.

Segundo, el mensaje asume que hemos conectado o hablado antes en alguna forma vaga. O plantea que ‘sabe’ que me puede interesar tal o cual cosa, normalmente aderezado por algunos adjetivos mielosos.

Confieso que puedo olvidar detalles de alguna conversación somera con alguien que conozco poco, pero de ahí a que crea la I.A que se te va a olvidar algo relevante que sí hablaste con quien sí conoces es, nuevamente, Ingenuidad Artificial.

Y no se me mal entienda. Detrás de un mensaje mal construido puede haber una buena intención, legítima y potencialmente constructiva, pero hay una línea entre la búsqueda de familiaridad artificial y la posibilidad de un engaño deliberadamente suave.

La joya de la corona, sin embargo, es lo tercero. Pocas veces falla que me propongan una reunión, zoom o lectura de algún documento que ellos suponen está perfectamente pensado para mi organización o mis prioridades del momento.

Y ahí es donde detecté el modelo de negocio de quienes están atrás de la construcción de ese tipo de mensajes. Entidades que cobran por citas efectivamente confirmadas. Las más por Zoom, por supuesto, y ello explica que cada línea de esa interacción intencionada busque logar que tú prendas tu pantalla en un momento pactado. ¿Y cómo lo aprendí? Por InMails o contactos ofreciéndome encontrar los prospectos idóneos que sólo pagaré si, en verdad, me los presentan.

Vivimos nuevas formas automáticas de ser conectados en frío. Y la automatización no es el problema, lo es automatizar la falta de criterio o subestimar la construcción inicial de confianza comercial básica. Una especie de SPAM más revolucionado, que pretendiendo lucir orgánico, se muestra poco respetuoso de la inteligencia humana.

Así que la próxima vez que leas en tu red profesional algo espontáneo acompañado de una solicitud de conexión, quizá se momento de activar todos tus sentidos personales y profesionales para revisar ese contenido con el filtro de productividad que tú quieras, pero con la premisa de que: debe leerse realmente humano.

COLUMNAS ANTERIORES

El incómodo arte de ser voz frente al poder
Oportunidades: el arte de ver lo que otros ignoran

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.