Política para A’Mar

El panóptico de las audiencias

Bentham solo necesitaba una torre para disciplinar a los reos; el gobierno, solo la posibilidad de una multa para que los medios se autocensuren.

Jeremy Bentham imaginó una prisión dispuesta en forma de circulo, donde el vigilante se encuentra en una torre en el centro y los presos en celdas a su alrededor; quienes nunca saben en qué momento están siendo observados. Es indiferente si la torre está vacía, basta con la posibilidad de la mirada del guardia para que los reclusos se comporten.

Michel Foucault retomó esa imagen, el panóptico, para explicar cómo funciona el poder moderno. En Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión (1975), precisa que no se necesita sancionar de manera constante, sino que, para mantener la disciplina, alcanza con mantener latente la posibilidad de castigo.

Esa arquitectura descrita, pensada para cárceles del siglo XVIII, y la lectura de Foucault, sirven para explicar lo que se pretende con los derechos de las audiencias en México, aunque aquí el vigilado sea un concesionario con abogados de por medio.

El 28 de julio, la consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, presentó el anteproyecto de Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, elaborado por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT). El documento obliga a los canales de radio y televisión a distinguir noticias de opinión, separar publicidad de contenido editorial y designar una persona defensora de las audiencias, encargada de recibir quejas del público. Además, el lineamiento agrega que, si al usuario no le convence la respuesta del defensor interno, puede acudir a la CRT, que investigará y, si así lo determina, impondrá multas al medio.

Se abrió una consulta pública para observar este anteproyecto del 27 de julio al 21 de agosto y, en teoría, cualquier persona puede participar a través del portal oficial. Sin embargo, organizaciones como Artículo 19, que vigila regulaciones de este tipo en toda la región, han señalado que el concepto de “información veraz”, que aparece una y otra vez en el anteproyecto, carece de una definición operativa y podría dejar que el Estado decida qué contenido informativo pasa y cuál no. Su director, Leopoldo Maldonado, advirtió que el riesgo va más allá de la sanción de la CRT, pues logra la autocensura de los medios que, para evitar la penalización, pueden decidir no publicar.

Ante las críticas, la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido, en al menos cinco conferencias matutinas distintas, en que no existe intención de censurar. Ha recordado que el derecho de las audiencias está contemplado desde la reforma constitucional de 2013 y la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión de 2014, aprobadas con el acuerdo de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión; lo cual sugiere que no toda regulación a un duopolio equivale a censura estatal. Pero el miércoles de la semana pasada, el 30 de julio, la presidenta pronunció la siguiente frase: “Si hubiéramos querido censurar ya lo hubiéramos hecho porque están los instrumentos, incluso la interpretación legal”. Esa afirmación, expone el poder disciplinario al que se refiere Foucault, el cual no se mide por cuánto castiga, sino por cuánto no necesita sancionar para que se actúe como si lo hiciera. Sheinbaum incluso dijo que más adelante podría analizarse si la regulación debe abarcar también a la prensa y las plataformas digitales.

Tanto la cita como la posibilidad de mayor regulación futura muestran la diferencia entre una autorregulación y el dispositivo de vigilancia total. Un sistema que autorregula no necesita de una segunda instancia con facultad de multar y con el defensor interno por detrás. Con la reforma, se montaría la maquinaria completa: defensoría, queja, investigación, multa, precisamente para que el medio sepa que la torre puede estar ocupada. La eficacia del dispositivo se mide por cuantas coberturas se corrigen solas antes de llegar a la CRT.

La legalidad del instrumento no lo vacía de su función disciplinaria; al contrario, lo blinda. Bentham no necesitaba mentir sobre la torre para que el panóptico funcionara y el gobierno tampoco necesita censurar: le basta con que cada medio decida, por su cuenta, no arriesgarse.

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