Aunque sabían perfectamente que sus rituales de magia no producían lluvia, la comunidad los repetía cada temporada con la misma devoción de siempre.
Octave Mannoni estudió esta creencia de los malgaches en 1969, a partir de la teoría de Verleugnung de . El padre del psicoanálisis la describe a partir del fetichista, en el que el sujeto tiene claro lo que sabe, pero, al mismo tiempo, mantiene su contrario: el hecho se reconoce y se desmiente al mismo tiempo. El gobierno mexicano tiene una versión propia de este actuar.
Mannoni traslada el concepto del diván a lo colectivo, al estudiar la creencia mágica en Madagascar, y de ahí lo hereda la teoría política del siglo XX, en la que existe un saber y un desmentir simultáneo, sin que ninguno ceda: “je sais bien, mais quand même” – “lo sé muy bien, pero aun así”.
A pesar de saber, se actúa exactamente como si no se tuviera noción; porque el conocimiento completo resulta más costoso que la ficción que lo sustituye. Similar al actuar de los malgaches – y de los sujetos – el gobierno de la 4T ha usado el Verleugnung como método frente a las acusaciones sobre sus vínculos con el crimen organizado.
El primero de julio, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a Óscar Guillermo Juraidini Silva y a J. Refugio Ruiz Villagómez, junto con nueve empresas, por operar una red de huachicol fiscal que, según la Red de Control de Delitos Financieros, financia al Cártel Jalisco Nueva Generación y a través de él incide en campañas electorales. La respuesta de Claudia Sheinbaum fue exigir al Departamento del Tesoro estadounidense que probara lo que ya había publicado. Es decir, pidió evidencia de algo que su gobierno mismo podría verificar sin depender de Washington: “lo sé muy bien, pero aun así”.
De acuerdo con Freud, la consecuencia del Verleugnung es la escisión del yo, pues las dos posiciones contradictorias no se resuelven ni se funden, sino que persisten una junto a la otra durante toda la vida del sujeto. De ahí que sea una constante en las respuestas del gobierno morenista.
Está también el conocido caso sucedido el 29 de abril, en el que fiscales del Distrito Sur de Nueva York habían acusado al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, de colaborar con la facción de Los Chapitos para proteger operaciones de narcotráfico a cambio de respaldo institucional. Rocha se separó del cargo con el argumento de que enfrentaría la investigación sin el escudo del fuero; para probar que no tenía nada que temer. Pasaron 69 días sin noticias de él, hasta que el 9 de julio reapareció para asegurar que nunca salió de Culiacán, que ya se presentó ante la FGR y que la acusación estadounidense es una campaña política en su contra. Se acepta el procedimiento mientras niega lo que éste significa.
El patrón se repite con el caso de Ismael “El Mayo” Zambada. Ante los señalamientos que vinculan a gobiernos de Morena con estructuras del crimen organizado, la respuesta oficial ha sido de desplazamiento: “nunca vamos a hacer acuerdos con la delincuencia organizada”, declaró Sheinbaum y exigió a Estados Unidos “la verdad” sobre la detención de Zambada. Convierte la imputación en pregunta hacia el otro y, con eso, desplaza el señalamiento original.
En ninguno de los tres casos hay un encubrimiento en el sentido clásico, en el que algo concreto se oculta y eventualmente puede destaparse. La estructura es distinta: los hechos se sostienen, simultáneamente, como sabidos y como inexistentes. No hace falta que el gobierno de la 4T mienta sobre lo que ocurre, basta con que responda con el registro equivocado – procesal cuando se le piden pruebas, defensivo cuando se le pide investigación y dirigido hacia afuera cuando la pregunta es hacia dentro–, al igual que la economía psíquica que describió Freud con el fetichismo: dos creencias contradictorias sostenidas a la vez, sin que ninguna ceda ante la otra, porque el sistema entero depende de que ambas sigan vivas.
El gobierno sabe y, aun así, actúa como si no supiera.
X: @marlenemizrahi