Política para A’Mar

El partido que ganó su registro pero debe ceder su nombre y color

Somos México (MX) llega al escenario electoral con el impulso de la Marea Rosa, pero tendrá que realizar algunas modificaciones como le ordenó el INE.

Simpatizantes e impulsores de Somos México siguieron la sesión del Consejo General del INE como si fuera un juego de México en el Mundial. Con una mezcla de nervios y emoción, se reunieron en espacios con pantallas para sintonizar el conteo de votos. Tan pronto llegó la aprobación, celebraron con exclamaciones, abrazos y posts. Por fin se convirtieron en partido político, aunque, minutos después, conocieron la letra chica: se quedaban con el registro, pero deben encontrar alternativa al nombre, al emblema y al color.

Ese jueves 25 de junio en el INE, el árbitro electoral redibujó el mapa rumbo a 2027. De las cuatro organizaciones que llegaron a la recta final, dos obtuvieron registro: la recién mencionada, que se presenta como partido opositor y Construyendo Sociedades de Paz (PAZ). Quedaron fuera México Tiene Vida, de filiación ultraconservadora, y Que Siga la Democracia, cercana a Morena, ambas por anomalías financieras y de afiliación. Con ello, serán ocho los partidos nacionales que competirán en las elecciones intermedias del año entrante.

Los recién llegados son muy distintos entre sí. Somos México es resultado de la Marea Rosa, aquella movilización ciudadana que protestó contra el llamado Plan B de la reforma electoral y desde la que varios de sus impulsores respaldaron la candidatura presidencial de Xóchitl Gálvez. Actualmente, destacan como sus líderes varios políticos de trayectoria, en su mayoría experredistas: Guadalupe Acosta Naranjo, antiguo dirigente nacional; el exsenador Emilio Álvarez Icaza, que entró por ese partido y luego quedó como independiente, y el exdiputado federal Fernando Belaunzarán, hoy su vocero. A ellos se suman exfuncionarios electorales como Edmundo Jacobo Molina, quince años secretario ejecutivo del propio INE, y el exconsejero Marco Antonio Baños. La declaración de principios de este nuevo partido, además de la defensa de la democracia, apuesta por posturas progresistas como la diversidad, los derechos humanos y la reivindicación del espacio público. Tiene cercanía con cuadros abiertamente conservadores, defiende la propiedad privada y el “ecosistema empresarial”. El propio Acosta Naranjo ha declarado que la disputa no es entre derecha e izquierda, sino entre demócratas y autoritarios.

PAZ, por su parte, tiene detrás al viejo Partido Encuentro Social (PES), aquel instituto con raíces evangélicas que en 2018 sumó sus votos a la coalición que llevó a AMLO a la presidencia. Lo preside el exdiputado del extinto PES Armando González Escoto y es promovido por Hugo Eric Flores, fundador del PES y hoy integrante de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados Federal. Todo indica que PAZ se sumará como otra fuerza satélite del oficialismo. Con todo, su herencia es conservadora – el PES hizo bandera contra el aborto y contra la adopción por parte de parejas del mismo sexo –, aunque sus propuestas siguen siendo más un gesto que proyectos concretos. Cabe destacar que, en su primer registro ante INE, la organización se llamaba CSP hasta que, a principios de año, mudó sus siglas tras un reclamo de la presidenta Claudia Sheinbaum, que vio en esas tres letras – las de su propio nombre – un aprovechamiento indebido de su imagen. Dos partidos nuevos con identidades recortadas: a uno le quitaron las iniciales de la mandataria; al otro están por quitarle su nombre y color.

Respecto a esto último, se argumentó que el cambio de denominación de “Somos México” debe realizarse porque de mantenerlo, haría creer al electorado que el partido encarna o representa a todo el país. Sobre el color, el razonamiento tiene que ver con partidos locales, pues el rosa del emblema puede generar confusión con los tonos que usan tres partidos ya registrados. La restricción pasó por seis votos contra cinco, con la mayoría oficialista de un lado y, del otro, consejeros como Martín Faz, que recordó que el nombre del país no es patrimonio de nadie. Así junto con PAZ, Somos México llega a la cancha de 2027, pero entrará sin el nombre ni la camiseta rosa con que sus aficionados aprendieron a reconocerlo.

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