Profesor en UNAM y en UP. Especialista en temas electorales.

Partidos en peligro

La democracia mexicana precisa de partidos fuertes que logren establecer equilibrios en el ejercicio del poder, tanto en el ámbito nacional como local.

La iniciativa de reforma constitucional presentada por el PRI, a través de la diputada duranguense Yolanda de la Torre, para ampliar la presencia de militares en la calle y cumplir tareas de seguridad pública hasta 2028, generó una reacción en cadena de sus aliados en la coalición Va por México, quienes sintieron traicionados los compromisos escritos que los llevaron a conquistar diversos triunfos legislativos y electorales.

El dirigente nacional del PRI explicó sus razones para apoyar la militarización del país argumentando que el país vive una enorme inseguridad y que el apoyo del Ejército es vital para combatirlo, mismo argumento, por cierto, de Morena y del gobierno. Y si bien la iniciativa ya caminó en la Cámara de Diputados, falta el episodio del Senado donde, a decir de Ricardo Monreal, Morena negocia la posibilidad de los votos y la fracción opositora del PRI señala que la iniciativa no pasará.

Más allá de las diferencias entre los partidos, el hecho evidente es que el presidente de la República consiguió el anhelado propósito de fracturar una coalición opositora que resulta incómoda a la 4T, tanto para las contiendas locales de los Estados de México y Coahuila como para la sucesión presidencial de 2024. Se trata de una carambola que materialmente deshace la alianza opositora a cambio de protección al líder del PRI y anula los esfuerzos aliancistas para lograr una candidatura de unidad en las próximas elecciones locales y presidenciales.

Ir solos, participar con candidaturas separadas en dichas contiendas pone en peligro en proporción diferente a los tres partidos, no solo al PRI, quien podría competir con amplias posibilidades de éxito en Coahuila, pero tendría una lucha cuesta arriba en el Estado de México. PAN y PRD podrían ver disminuidas sus votaciones, a menos que lograran una alianza eficaz con MC y postularan candidaturas de profundo arraigo social y ciudadano que lograran el voto mayoritario en dichas contiendas, caso contrario sufrirán efectos negativos.

Es claro que estos partidos están en una profunda crisis. El PRI, cuando asumió el liderazgo Alejandro Moreno en 2019 tenía 11 gubernaturas y ahora le quedan dos de aquellas, más Durango ganado por la vía de la coalición. Morena aspira a conquistar el Estado de México, la joya de la corona, perderlo tendría consecuencias terribles para el PRI y lo llevaría a un escenario casi de partido local.

La democracia mexicana precisa de partidos fuertes que logren establecer equilibrios en el ejercicio del poder, tanto en el ámbito nacional como local, que sean capaces de restablecer el funcionamiento del Poder Legislativo, cuyas mayorías hoy volvieron a ser una caja de resonancia del Poder Ejecutivo. Es claro que han perdido la capacidad de representación de los segmentos sociales y están aislados de los ciudadanos, resulta urgente que abandonen la vieja concepción que los coloca como propiedad de los dirigentes alejándolos de la ciudadanía, a pesar de que la Constitución los concibe como entidades de interés público.

Es necesario darle valor y solidez a esfuerzos como el que realiza el Frente Cívico Nacional y varias organizaciones de la sociedad civil para lograr una candidatura presidencial representativa, elegida por voto directo de la propia sociedad. Las y los ciudadanos deben ponerse encima de los partidos y dar varios pasos al frente para impulsar los cambios que precisa nuestro país. La democracia es una construcción colectiva, es tarea de todas y todos.

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