Profesor en UNAM y en UP. Especialista en temas electorales.

Regreso y salida de Rocha

No hubo escrúpulos ni pudor para regresar y parecía que el gobierno federal llevaba al extremo la estrategia de protección que encabezó la propia presidenta, quien, una y otra vez, desde la mañanera, puso oídos sordos exigiendo “pruebas” a Estados Unidos de la culpabilidad de su protegido.

El regreso de Rubén Rocha al cargo de gobernador de Sinaloa es uno de los hechos más vergonzosos e inadmisibles de la historia política de México, protagonizado por la ‘4T’. No hubo escrúpulos ni pudor para regresar y parecía que el gobierno federal llevaba al extremo la estrategia de protección que encabezó la propia presidenta, quien, una y otra vez, desde la mañanera, puso oídos sordos exigiendo “pruebas” a Estados Unidos de la culpabilidad de su protegido. Coincido con distintas voces en que su decisión de regresar al gobierno fue una afrenta, un golpe en la cara para los sinaloenses, una provocación al gobierno de Trump, pero también otra demostración del uso faccioso de los instrumentos del Estado por un gobernador que se cree impune.

La reacción de la ‘4T’ es un montaje que podría llevarse a la pantalla grande: la presidenta se enfermó de gripe, nadie sabía, Morena se deslindó, Monreal acusó de generar un cisma, las y los gobernadores afines reprobaron a Rocha, el PT y el PVEM le dieron la espalda y todos apoyaron a Sheinbaum, cuyo tuit debe leerse entre líneas. Unas horas después, Rocha se fue de nuevo tras la bofetada que su cinismo le dio al país. Su salida inmediata es lo menos que se podía hacer ante el mensaje de impunidad absoluta de una persona involucrada en investigaciones por vínculos con el crimen organizado y en el asesinato de su enemigo político, Héctor Melesio Cuén.

El gobierno no tiene credibilidad y ello genera un mar de especulaciones. Hubiera sido terrible darle un pretexto a Estados Unidos para ingresar al país a detenerlo; veríamos a la ‘4T’ envuelta en el discurso de la defensa de la soberanía nacional como estrategia para afrontar los procesos electorales en puerta y tener argumentos para, de ser necesario, estrenar la nueva causal de anulación de elecciones por intervención extranjera. No sabemos la gravedad de la fractura interna entre las camarillas de la ‘4T’, pero como sociedad no podemos cegarnos ante lo ocurrido, ¿será cierto que Rocha Moya se fue por la libre y que la presidenta no sabía? El hecho es que siguen protegiéndolo.

El oficialismo que lo vitoreó, flanqueado por Monreal y Gutiérrez Luna, ahora lo corrió para autoprotegerse, pero queda en la memoria que no hicieron nada para detenerlo y someterlo a un juicio cierto; en tanto, con el control de daños, buscan reposicionar la marca para enfrentar las elecciones en puerta. La efímera reactivación de Rocha en el gobierno fue un golpe en el corazón de la vapuleada legitimidad de la ‘4T’, que tiene muchos flancos abiertos que le urge cerrar, como el retiro de la visa de Andy López Beltrán.

México no puede ser rehén de una camarilla que ha saboteado a las instituciones y aplicado la ley a su conveniencia. Una pretendida y falsa ‘4T’ que solapa a gobernadores coludidos con el crimen organizado, que modifica el texto constitucional y cualquier legislación para proteger sus intereses, que ha secuestrado al Poder Judicial, cooptado a los organismos electorales y desaparecido instancias que garantizaban transparencia en la gestión gubernamental.

Las elecciones de 2027 también implican un compromiso de enorme responsabilidad para la ciudadanía, llamada a votar en conciencia y libertad, sin la amenaza de perder beneficios de programas sociales. Como país merecemos la oportunidad de reconstruir el camino de la democracia, de la institucionalidad y del Estado de derecho, destruidos en ocho años de gobierno de la ‘4T’, que todos los días crucifica a sus adversarios y solapa a sus impresentables.

COLUMNAS ANTERIORES

El debate político debe ser libre
Escrutinio a recursos partidistas

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.