Costo de oportunidad

La naturaleza de la empresa (Olinia)

Olinia busca crear una industria mexicana de microvehículos eléctricos con participación del gobierno y una eventual integración de proveedores nacionales.

A raíz de mi nota anterior (Sputnik, Apolo, y Olinia, 12 de agosto), me buscó Roberto Capuano, quien se presentó como la persona “a cargo del proyecto Olinia”. Me pidió que platicáramos para comentar sobre algunos de los puntos de mi columna, y por ello hablamos el sábado pasado por teléfono.

En mi columna anterior había varios dardos ligeramente envenenados. Uno de ellos se quejaba por ir a comprar piezas a China. Ya me contó Roberto cómo se tomó esa decisión. Todo parece indicar que en el tema de los microvehículos de baterías, el estado de la ingeniería está más avanzado en China que en cualquier otro lugar, y que Olinia está aprendiendo en China. No es la primera vez que se hace algo así. Comentamos, por ejemplo, sobre el Vocho; el 1968-9 fue el último que se hizo con un motor importado de Alemania, y a partir de ahí se empezaron a fabricar en México. Eventualmente, dice Roberto, la cadena se integrará hacia atrás en México.

También, comentamos sobre el hecho de que el prototipo de Olinia está fuera de la Norma Oficial Mexicana, y me dijo que la Secretaría de Economía está modernizando la norma. Que eventualmente, cualquier armadora podrá producir también un microvehículo.

Capuano parece empresario de Silicon Valley. Cita a Ray Dalio. Fue emprendedor en la rama de energías solares hasta 2018, momento en que vendió su empresa. Cuando la Dra. Sheinbaum gobernaba la Ciudad de México, le ayudó a electrificar la Ruta 3 del Trolebús, pero con baterías, lo cual era experimental, y salió bien.

Capuano describe a la doctora presidenta como una pragmática, que trata de tomar decisiones con la mejor información y tecnología posible. “Entiende las cosas muy rápido”, me dijo.

La idea de Olinia es crear una industria de la mano del gobierno. Esto puede ser difícil de entender para un economista neoclásico, de tradición angloamericana, como yo. Ya en 1932, Lionel Robbins abogaba porque el gobierno no hiciera nada que el sector privado pudiera hacer mejor.

Quizá en China y en México, necesitamos que los negocios crezcan a la sombra del Estado, porque no conocemos otra forma de hacerlo. Capuano dice que en México no teníamos tanta experiencia haciendo empresa desde el gobierno. Cierto, pero antes del gobierno de Miguel de la Madrid, nos metíamos en todo tipo de negocios. “Cabarets públicos, que eran los únicos del mundo que perdían dinero”, dijo un día en entrevista Don Jesús Silva Herzog, el secretario de hacienda de López Portillo.

Ronald Coase, en un artículo también de los años 30, se preguntaba por qué las empresas son estructuras de comando y control, si los mercados son más eficientes. ¿Por qué no los dueños del trabajo y el capital podrían salir todos los días a vender su factor al mejor postor? La respuesta que dio Coase, intitulado La naturaleza de la empresa, es que los costos de transacción no lo permiten.

En los años de liberalización económica los gobiernos esperaban que el sector privado desarrollara mercados novedosos. Nuestros empresarios no le hacen a eso. Más bien protegen mercados establecidos y tratan de mantener el estatus regulatorio para que no salgan competidores. Como no se nos da la regulación de mercados, tecnología ignota para nuestra administración pública, la alternativa es crear empresas nacionales.

Eso sí, por estructura jurídica, el gobierno mexicano no puede tener socios fácilmente. Capuano dice que está convenciendo a la doctora presidenta de traer capital privado a Olinia. “Sí hemos podido integrar la cadena hasta donde se puede”, me explica. El sistema de manejo de batería, o BMS, por sus siglas en inglés, sí es tecnología mexicana. Las baterías no puedes hacerlas por un problema de escala. Los semiconductores, necesitas licencias caras; solamente puedes hacer los chips legados de los años 80 y 90. Francamente, yo creo que con esos basta para hacer un coche de pilas.

Capuano me dio una buena impresión. Dice que el coche estará disponible a final del verano de 2027, en septiembre. Tiene que llegar a un costo de fabricación apropiado para el precio objetivo, y que eso sí le preocupa.

Ojalá, antes de que eso ocurra, la Secretaría de Economía ya tenga una nueva NOM para que haya competidores al Olinia. Me manifesté entusiasta y le dije que entre 90 y 150 mil pesos yo me compraría uno, pero si realmente sirve. Me preocupa que acabemos fabricando un Lada o un Traubi mexicano. En nuestro esfuerzo por parecer chinos, ojalá no acabemos haciendo coches como soviéticos o alemanes orientales.

COLUMNAS ANTERIORES

Sputnik, Apolo y Olinia
El trillonario y la periodista

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.