Si usted se parece a mí, entonces le entusiasma el ritmo que tomó la preprecampaña que no es campaña en la última semana. Me cae muy bien el Lic. De La Madrid, aunque creo que pedirle al señor que abre la puerta en mi fraccionamiento que vote por él, es como pedirme a mí que vote por Noroña, o Pablo Gómez. Santiago Creel es un político tradicional cuyo momento ya pasó. Apenas vi un clip suyo vociferando enojado; como si fuera un nuevo Diego Fernández de Cevallos espetando a gritos al otro viejito regañón que vive en Palacio Nacional. Me parece interesante, pero muy peligroso, lo que está pasando en el PRI, cómo se sigue desdibujando el PAN, y la sensatez del PRD, a pesar de su tamaño mínimo. Pero lo que me resulta más interesante es la potencial candidatura de Xóchitl Gálvez.
Escuché a Enrique de la Madrid en una de las cenas recientes en la cocina de Carlos Alazraki, en Atypical TV, diciendo que no es necesario convencer a votantes de Morena que voten por un candidato del otro lado. Disiento. Creo que la Alianza tiene que convencer al votante actual de Morena; es importantísimo. Sin una fracción del voto actual de Morena, el fantasma que tiene que vencer la actual oposición es el abstencionismo de las clases medias y altas. No creo que el abstencionismo se reduzca con las reglas actuales, sin ningún castigo o costo para quien no votó. Como dije en el párrafo anterior, Xóchitl sí puede convencer a gente de extracción humilde a votar por ella. En el caso de todos los otros suspirantes de la Alianza, no creo que eso sea posible.
Otro senecto vociferante, Don Ángel Verdugo, el sensei de mi esposa, dice que el candidato de la Alianza va a ser Enrique de la Madrid, porque a Xóchitl le falta experiencia a un nivel ejecutivo más alto. También disiento. Xóchitl es una senadora de la República. Fox la tenía a nivel de gabinete presidencial. Fue candidata a la gubernatura de su estado natal, Hidalgo. Ya era potencial candidata al gobierno de CDMX, a juzgar por su popularidad. No sabemos que le deba tantos favores a otros políticos, ni se le conocen casos de corrupción; a pesar de haber estado sentada en una silla complicada, como una alcaldía capitalina. Su origen humilde, la hace una gran candidata para que el votante de Morena piense que puede haber también opciones del otro lado.
También me parece razonable pensar que las reacciones de otros posibles aspirantes de la Alianza Opositora, bajándose de candidaturas y partidos, o reiterándose en ellas, como Enrique de la Madrid, se debe a que Xóchitl genera competencia sana en la carrera presidencial. Eso sí, a la ingeniera y senadora le hace falta un buen trecho para asegurar su candidatura.
No dudo que será buena gobernante. Como todos, tengo dudas sobre su plataforma. Le gusta el gasto social, igual que a López Obrador. ¿Cómo lo va a financiar? En el largo plazo, su respuesta de nearshoring, computación e inglés es correcta; en el corto plazo, hay cuentas que pagar con la clientela electoral que quiere arrebatarle a Morena, y no se ve de dónde van a salir los recursos. En el inglés, de acuerdo; en la computación, llegamos tarde. La inteligencia artificial ya hizo que se nos pasara ese tren. ¿Qué va a hacer la ingeniera para que México aproveche las oportunidades que ofrece hoy la manufactura global?
También preocupa el escaso apoyo que tiene de los partidos. Paradójicamente, esa es su principal fuerza: es lo más cercano que tenemos a una forastera de la política.
Con López Obrador, gente como Poncho Romo nos decía que en el discurso era radical, pero que en realidad era un pragmático. La verdad es que el presidente es un radical. Xóchitl no parece radical; pero solamente lo sabremos el día que empiece a gobernar. Por lo pronto, a mí me parece una mujer de trabajo, que pudo darle la vuelta a sus condiciones de origen, y que entiende el otomí y el inglés, la política y la ingeniería, el lenguaje coloquial y una versión más refinada. En todo ello, es superior al actual ocupante de Palacio, y a quienes aspiran a sentarse después que él en la silla embrujada y que hoy militan en Morena.
Ojalá, al menos, le enseñe a la clase política que los mexicanos aspiramos a más de lo que nos ofrecen los medios, los comentócratas, las corcholatas, los suspirantes, los partidos y los candidatos a coordinadores de no sé qué. Buena estrella para todos los aliancistas, pero mejor suerte para una de ellos.