Costo de oportunidad

En dónde está invertido el dinero

La inversión privada cae 10.8% anual y los mexicanos ya guardan 13% del PIB en valores estadounidenses. El capital se va porque no encuentra retornos, señala Manuel J. Molano.

Todos hemos leído que la inversión privada en México se ha reducido, y que el nivel es bajo. Para efectos de recordar: Enero registró una caída de 1.22 por ciento en la formación bruta de capital fijo, de acuerdo con la medición oficial del INEGI, y otra reducción más de 0.8 por ciento en febrero, a tasa mensual. A tasa anual, esto se traduce en una reducción de 3.6 por ciento. El índice se ubica en 101.1; esto indica que estamos en el nivel de inversión que teníamos en 2018.Lo anterior, de acuerdo con un boletín del INEGI publicado el pasado 6 de mayo; la inversión bruta no es un número fácil de calcular, y tenemos un rezago en su producción de tres meses.

El número importante es la inversión como porcentaje del PIB. El PIB también es difícil de estimar, al menos con la metodología mexicana, que hace una especie de censo de la oferta de bienes y servicios finales. En 2018, año de referencia del índice del INEGI, si le hacemos caso a la matriz de insumo producto, la inversión fija bruta eran aproximadamente 5.55 billones de pesos, casi 22.9 por ciento del PIB, a precios de ese año. Esto es consistente con otras fuentes. Por ejemplo, el Banco Mundial ubica el dato del 2024 en 24.16 puntos del PIB.

Este número no parecería malo, en una comparación histórica. El punto más bajo de los últimos 10 años se ubicó en el 2020, cuando la inversión registró un nivel de 20 puntos del PIB.

Sin embargo, dado que el PIB no está creciendo mucho, tenemos un problema de denominador. El problema no parece ser que la inversión esté cayendo. Como el PIB se está rezagando, las cifras de inversión se ven grandes en comparación al magro producto. El dato mensual (una derivada, o tasa de cambio), nos dice que los inversionistas no están teniendo retornos sobre sus inversiones mexicanas, y en el margen (nuevas operaciones), están invirtiendo en otra parte. Esto es notorio en la división que hizo el INEGI en el reporte del 6 de mayo. La inversión privada declinó a tasa anual un 10.8 por ciento, mientras que la pública apenas al 1.4 por ciento.

El sector privado no está encontrando rentabilidad en sus inversiones y se está yendo. El sector público no está encontrando recursos para hacer inversiones, y por ello la inversión pública está declinando, a una tasa que es un orden de magnitud menor que la del sector privado. Esto podría ser una buena noticia si el sector público invirtiera bien. No es el caso, y entonces, los inversionistas prevén que por cada peso que invierte el gobierno hoy, van a tener que pagar un peso más intereses más costos operativos de las inversiones mal realizadas por el gobierno. Por eso el capital está moviéndose a lugares donde no sea fácil para el Estado gravarlo.

En abril de este 2026, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos publicó el reporte “Foreign Portfolio Holdings of U.S. Securities”, que hace un corte en junio de 2025 de la tenencia de activos financieros en manos de extranjeros en los Estados Unidos. Entre 2018 y 2023, los papeles estadounidenses en manos de mexicanos oscilaban por debajo y hasta 120 mil millones de dólares cada año. Durante 2024 y 25, este número ya llegó a 235 mil millones de dólares.

Dimensionemos este número. Según mis cálculos en dólares constantes (términos reales pero de Estados Unidos), en 2023, los mexicanos guardábamos 7.1 por ciento del PIB mexicano en valores americanos. Hoy traemos 13 por ciento del PIB.

Hoy, la inversión fija bruta en México, entonces, podrían ser 24 puntos del PIB que ya estamos invirtiendo, más al menos otros 6 puntos que no están encontrando negocios rentables en México, y se van a financiar deuda pública, bonos, y acciones en los Estados Unidos.

Esto tiene lógica, si estamos desplazando a China como proveedor en Estados Unidos. Pero, la siguiente fábrica que alguien quiera instalar aquí se irá a otra parte, porque no encontrará seguridad jurídica y pública, ni megavatios disponibles, ni talento, ni un entorno fiscal y de negocio favorable a la inversión. Sus dueños y directivos saben que en los próximos 48 meses sus costos laborales subirán por la reforma laboral de 40 horas, y que necesitan traer tecnologías que sustituyan trabajadores con máquinas y software, pero el entorno no está preparado para funcionar así.

Definitivamente es el “Momento México” que han ansiado todos los presidentes desde Don Porfirio hasta Sheinbaum. Lástima que las políticas públicas y la confianza de los inversionistas no estén a la altura del momento.

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