Costo de oportunidad

Miedo a las balas

Mientras que en Estados Unidos hay un mercado abierto de armas de fuego, en México hay una prohibición casi absoluta.

Una de mis obsesiones comunes es la libertad, y una de las libertades que más me preocupan, es la relativa a las armas de fuego. Mientras que en Estados Unidos hay un mercado abierto de armas de fuego, en México hay una prohibición casi absoluta. Los liberales argumentamos al respecto que la prohibición resulta en que solamente los criminales y las fuerzas de la ley tienen armas, y los ciudadanos somos como cebras en un ecosistema con una población demasiado alta de leones y otros depredadores.

Como ocurre con todos los monopolios, el de Sedena respecto a las armas de fuego restringe las cantidades ofrecidas, la calidad, la variedad; y también tiene un efecto en los precios. Las armas de fuego son mucho más caras en México que en Estados Unidos. Dado que no se pueden portar, son menos útiles. No sorprende que no haya un mercado civil de armas de fuego significativo en México, si pensamos además en el elevado costo regulatorio que implica poseer un cañón portátil.

Ahora bien, quizá los liberales mexicanos (dos o tres), estamos mal enfocados en el tema. Dado que el Estado es inefectivo en detener criminales armados, con muy alto poder de fuego, los liberales tendríamos que buscar otro esquema institucional conducente al desarme. Si las recompensas para detener criminales violentos fueran más altas, habría un mercado de esos servicios. Por supuesto, alguien me dirá que eso se llama paramilitarismo y está muy mal, y que las fuerzas del Estado son las que deben detener a los armados.

Quizá hay alternativas. Ahora que la Marina tomó control de las aduanas, tendríamos que abrir la economía de verdad a las importaciones de bienes lícitos, provenientes de cualquier lugar del planeta, no solamente de los países con los que tenemos tratados, y reorientar el esfuerzo aduanero en buscar solamente mercancías ilícitas, como drogas y armas. Fiscalmente, la aduana debería sólo recaudar el IVA, y no requeriría inspecciones de expertos en comercio exterior; solamente de soldados, policías y expertos en narcóticos. Ni las inspecciones sanitarias tienen sentido, si hacemos con los países que nos venden comida lo mismo que hace Estados Unidos con nosotros: inspección in situ, al pie de la parcela.

Otra posibilidad es reducir la letalidad de las heridas por arma de fuego. Un artículo de 1988, publicado en PubMed por Feliciano, Burch, Spjut-Patrnely, Mattox y Jordan Jr, revela que, en un centro de traumatología urbano, entre 1983 y 1987, trataron a 300 pacientes consecutivos con heridas de bala en el abdomen con efectos vasculares o viscerales, y que la tasa de supervivencia de estos fue de 88.3 por ciento. De hecho, si se consideran solamente los 226 pacientes sin daño vascular, la tasa de supervivencia fue de 97.3 por ciento.

Una herida de bala es solamente letal si llega al corazón, a una vena o arteria, al cuello o al cerebro. No sé un pulmón, o el hígado. Quizá esta es una cuestión que amigos cirujanos y traumatólogos podrían aclarar. Mi punto es (sí, ¡hay un punto!) que los mexicanos deberíamos enfocarnos en proteger torsos, cuellos y cabeza de las balas, mucho más que en la difusa fuerza disuasiva de las pistolas.

Las armaduras perdieron popularidad cuando las balas empezaron a penetrar el acero, por ahí en el s. XVI. Pero ahora hay placas de kevlar, una fibra muy dura y ligera, que le ponen a los chalecos de los policías y los soldados, y que reducen la velocidad de la bala.

El sector público debe invertir también en esas cosas para los policías. Un par de placas cuestan entre 4 y 5 mil pesos. Las placas de kevlar tienen que reemplazarse cada cinco años. Asimismo, el gobierno debe invertir en que las armas de alto poder no lleguen a manos criminales, y que los servicios de emergencia puedan salvarnos si llegamos heridos de bala a un hospital.

Es tan importante el tema de las armaduras que en la mayoría de los estados de Estados Unidos todos los ciudadanos, con la excepción de los criminales, tienen derecho a andar blindados. En muchas jurisdicciones de ese país, si cometes delitos violentos usando equipo táctico, automáticamente renuncias a tu derecho de libertad condicional, en caso de que te atrapen.

Las cebras no evolucionan en depredadores. Al contrario. Sus estrategias de supervivencia burlan al depredador. En la mayoría de los ecosistemas estables son más las presas que los depredadores. Que todos seamos depredadores, no garantiza nuestra supervivencia. Seamos presas inteligentes. Sobrevivamos.

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