Mañana 23 de abril, el INEGI publicará los datos de la inflación al consumidor de la primera quincena del mes. Pasado mañana, el 24 de abril, se espera igualmente que el Instituto publique los datos del Indicador Global de la Actividad Económica. El IGAE es la aproximación oportuna (es decir, más veloz), de cálculo de crecimiento del PIB. El 24 de marzo el INEGI reportó los datos de crecimiento correspondientes a enero. El 24 de abril, reportará los datos correspondientes al crecimiento de febrero.
El 24 de marzo, el INEGI nos dijo que el IGAE decreció 0.9 por ciento a tasa mensual, pero creció 0.5 por ciento a tasa anual. Esto quiere decir que, si le creemos al IGAE, podemos sospechar que, en enero, con respecto a diciembre del 2025, nuestra economía produjo menos valor de bienes y servicios, en una cuantía cercana al 1 por ciento. Pero, si lo comparamos con el PIB de enero de 2025, el valor de las mercancías y servicios que produjimos fue mayor en 0.9 por ciento.
Estos datos se producen con cifras desestacionalizadas; es decir, ajustando por los efectos que tienen eventos estacionales de calendario. El INEGI nos dice en el comunicado de prensa que los datos se construyeron con métodos econométricos, pero no abunda respecto a cuáles. Normalmente el INEGI publica una nota metodológica que abunda en detalles del cálculo de sus muy variados indicadores. No son fáciles de leer, pero eventualmente, uno se mete al cálculo y se da cuenta que lo que hace el INEGI es trabajo estadístico serio.
Últimamente, he sabido de al menos dos economistas de renombre, cuyo nombre omito aquí porque no les platiqué que iba a escribir sobre ellos, que mencionan que es posible que la cifra de crecimiento del PIB esté mal calculada. Uno de ellos dice que la diferencia es entre 15 y 20 por ciento (del porcentaje de crecimiento, esto es). Ello quiere decir que si nuestro más reciente IGAE fue de 0.9 por ciento, podríamos suponer que es posible que el valor de verdad sea hasta 1.08 por ciento superior, a tasa anual.
El problema con este detalle de medición es que si el error es consistente en el tiempo, podríamos tener una subestimación grande del ingreso, y del ingreso por trabajador, y del ingreso por habitante. 0.18 por ciento de error hoy parece no ser un grave problema, pero si el error es sistemático, y a la baja, el error de estimación del PIB actual podría ser grande.
Dejemos de lado el sexenio pasado, que fue especialmente bajo en cuanto a crecimiento. Supongamos que la cifra real de crecimiento entre 1993 y 2018 no fue 2.1 por ciento por año, sino 2.5 por ciento. Controlamos el crecimiento de los precios, y definimos un peso constante, a precios de 1993. Un ingreso de 100 frutipesos constantes de ese año, equivaldría a 198.54 frutipesos de hoy al crecimiento del ingreso oficial de 2.1 por ciento, pero creciendo al 2.5 por ciento, como sospechan mis colegas, el ingreso de 100 frutipesos de 1993 se convierte en 225.89 frutipesos. Un error de medición de 0.4 por ciento por año en la cifra de crecimiento resulta en un error de medición del PIB per cápita, 33 años después, de casi 13.8 por ciento. El error se acumula geométricamente.
¿Por qué frutipesos? Pues, porque estamos tratando de calcular el crecimiento de la economía por separado del crecimiento de los precios. Técnicamente: el PIB nominal, a precios corrientes, crece mucho más que el PIB real, a pesos constantes (o a frutipesos, cochepesos, o lo que usted guste usar como medida de valor). No es que haya usado la inflación de la fruta, pero para que se acuerde, el PIB real mide el poder adquisitivo en bienes, mientras que el PIB nominal mide con una liga elástica en pesos del momento que sean, distorsionada por la inflación.
Si medimos mal el PIB, casi con seguridad estamos midiendo mal la inflación. Antes de 2018 no nos importaba tanto, o podíamos ignorar ambas, debido a que la inflación era baja. Hoy, que no es raro ver litros de gasolina de 30 o más pesos, a pesar de que la Presidenta no nos crea que nos esforzamos por encontrar el precio más bajo, los mexicanos estamos más preocupados por cuánto crecen los precios, y cuánto crecen nuestros ingresos, estos últimos especialmente en cuanto a poder adquisitivo.
Por todo lo anterior, es importante que la política monetaria recupere credibilidad. No creo que haya sido buena idea bajar tasas ahora, Banxico. A la mejor el año pasado sí, hoy ya no. Y, un déficit público de 4.5 a 5 puntos del PIB sigue siendo demasiado alto.