Hace unas semanas estuvimos analizando cuál podría ser una meta razonable para México. Le decía entonces que me parecía mejor empezar por el final que por el principio. En lugar de partir de donde estamos, buscando qué puede hacerse, sugerí que planteáramos primero el objetivo, y después identificáramos bien nuestra posición actual para buscar la mejor ruta.
Creo que hay que pasar al segundo momento: entender en dónde estamos. Para eso he escrito un libro que publicó Ariel, El momento más oscuro, que ya ha empezado a circular y presento mañana en Monterrey. El título viene de un artículo publicado en estas páginas hace meses. Estoy convencido de que México vive el momento más oscuro de su historia. Frente a esta afirmación, hay la duda de si no fue peor lo ocurrido en 1847, cuando perdimos la mitad del territorio, o en esa secuencia de guerras civiles que llamamos Revolución Mexicana. Así respondo al inicio del libro:
“Creo que no. En el primer caso, porque apenas empezábamos a construir este país, y los experimentos no habían logrado consolidarse. Cierto que perdimos más de dos millones de kilómetros cuadrados, en donde vivían pocos mexicanos. Más notable aún es que logramos mantener otros dos millones, en los que vivimos hoy, a pesar de no tener un gobierno estable, ni mucha idea de cómo construirlo.
Las guerras civiles que llamamos Revolución Mexicana fueron sin duda graves, pero no creo que en algún momento estuviese en riesgo el país. Lo que estaba en duda era quién podía gobernar, pero no la integridad del territorio, ni su permanencia. Al final acabamos eligiendo un mal camino, pero esa es otra historia.”.
Hoy, a diferencia de esas ocasiones, creo que la integridad y permanencia del Estado, como dicen en seguridad nacional, sí están en riesgo, y creo que eso es resultado de decisiones tomadas por un grupo político que no dudó en destruir las instituciones, deteriorar la economía, e incluso asociarse con el crimen organizado.
La situación actual es producto de tres momentos clave: el triunfo de Morena en las elecciones locales de 2021 con el apoyo de grupos criminales; el triunfo en 2024 haciendo uso de recursos públicos en cantidades inmensas, que elevaron la deuda del gobierno de 16 a 20 billones de pesos, y el golpe de Estado posterior, cuando por decisión de tres magistrados del TEPJF se asignó una mayoría calificada a un grupo político que no la obtuvo en las urnas. Eso permitió acabar con la Constitución, destruyendo el Poder Judicial y cualquier posibilidad de enfrentar legalmente las acciones del grupo mencionado. Cuando esta época termine, tanto los dirigentes del grupo político como los magistrados mencionados serán recordados como traidores a la patria. Pero habrán provocado que esta época sea mucho más difícil de resolver, y menos pacífica.
Al cerrar las puertas a la democracia, con los tres pasos mencionados, a los que ahora podemos sumar el control total del INE y el TEPJF, se impide la discusión pacífica de los temas públicos. En consecuencia, el natural choque de intereses entre grupos se ha empezado a resolver de forma violenta, empezando por los grupos que sostuvieron al movimiento y que ahora ya no pueden cobrar lo que querían: la CNTE, el SME, el bloque negro, usted ya los conoce.
Si, como es muy probable, haciendo uso de esos instrumentos deciden impedir la manifestación de la voluntad popular en las próximas elecciones, entraremos en un proceso muy complicado.
Ya vivimos algo parecido hace 40 años, pero entonces el viejo régimen todavía tenía fuerza y la población no estaba armada. Ahora es diferente. Bueno, es de ahí, de El momento más oscuro, de donde vamos a partir. La ruta, semblanteada al final del libro, no se ve atractiva. Ya lo platicaremos.