Como usted sabe, hubo Asamblea General en Naciones Unidas la semana pasada. Es un espacio que permite a jefes de Estado y de Gobierno reunirse en corto, además de tener la oportunidad de lanzar mensajes con amplia cobertura. Como ha sido la costumbre bajo el régimen actual, México no estuvo presente. La asistencia del canciller puede considerarse obligatoria, pero también poco útil durante esa semana de jefes.
En su espacio, Trump volvió a golpear a México, ahora llamándolo epicentro del crimen organizado. Lo que se responda a esa acusación, sea en una mañanera o en boca del canciller en la ONU, ya no lo escucha nadie. Nos quedamos con el golpe.
A nivel global, creo que la expectación se concentraba en la reunión de Trump con Xi Jinping, que, más allá de paseos y convivencia, en la que Trump se vio muy solícito, no dio frutos. Mantienen su tregua comercial, en la que China sigue ahorcando la industria estadounidense impidiendo el flujo de tierras raras, mientras amplía sus exportaciones a todos lados. Ya alguna vez lo platicamos: China tiene serios problemas económicos que le obligan a exportar, así sea perdiendo dinero, para mantener ocupada a la población que de otra manera estaría en el desempleo, producto del desplome del mercado inmobiliario iniciado en octubre de 2021, que se estima borró 30% de la riqueza de ese país. Por otra parte, en la tragedia demográfica que se va confirmando en todo el mundo (también en la semana conocimos los datos para México, sorprendentes), China parece estar en primer lugar. Como ocurre con casi todo, los datos de China son poco confiables.
La falta de resultados en esa reunión, un nuevo fracaso en la búsqueda de una salida en Irán, un deslucimiento general de la asamblea de Naciones Unidas, podrían estar relacionadas con la expectativa de una muy amplia derrota de Trump en las elecciones intermedias, en cinco semanas. Se encuentra en el peor momento de aprobación de cualquier presidente, y ya varias casas encuestadoras estiman que es posible que pierda la mayoría en el Senado, no solo en la Cámara de Representantes. Será un presidente sin fuerza interna que, como afirman el embajador Lomónaco y el excanciller Castañeda, muy probablemente se concentrará en el exterior, en donde ya ha causado muchos problemas, pero puede superarse.
Tal vez por ello, el mismo día de la reunión con Xi tuvimos una reacción severa en los mercados de bonos. Se ajustó el de 10 años en 16% y el de 30 años en 11%, con lo que ambos se encuentran en niveles no vistos desde inicios del siglo, en ese entonces en una dinámica a la baja que llevaba 20 años. Esa dinámica continuó hasta hace 10, y desde entonces se ha revertido (con un paréntesis causado por la pandemia). Lo llamativo de esta semana es la aceleración en el alza de las tasas, que presionará a todos los deudores, porque es un fenómeno global.
Dicen los columnistas estadounidenses que Trump ha dejado de atender los temas globales, e incluso los de la economía interna, y que ya solo habla de los monumentos que se está construyendo. Sin embargo, no se puede descartar que intente, en estas cinco semanas, revertir las intenciones de voto. Ha mencionado la prohibición de exportar diésel para que baje de precio, pero ya le han dicho que sería una pésima decisión. Para México, sería una catástrofe, así que ojalá escuche. El abanico de ocurrencias que puede tener no termina ahí, y muchas de ellas podrían complicarnos aún más la vida. Mi más grande preocupación es que intente impedir la elección, o robársela, superando ese bajísimo momento del 6 de enero de 2021, cuando promovió el ataque al Capitolio. Si usted pensaba que vivimos momentos complicados, era nada más el prólogo.