Fuera de la Caja

Empresas mitológicas

Ahora hablaremos de las empresas que como monstruo de la mitología están devorando las capacidades de México.

En seguimiento al artículo del viernes, en el que hablé de instituciones míticas, que refuerzan el cuento del Nacionalismo Revolucionario, ahora hablaremos de las empresas que también cumplen ese fin, pero que, como monstruo de la mitología, están devorando las capacidades de México.

Hay que empezar con Pemex, que algunos seguramente esperaban ver en el texto del viernes, porque es la institución más asociada con el viejo régimen. La nacionalización de la industria petrolera, en 1938, significa la consolidación del régimen de la Revolución creado por Lázaro Cárdenas. Ocurre de forma casi simultánea con la derrota del último caudillo, Saturnino Cedillo, y la creación del Partido de la Revolución Mexicana, verdadero antecesor del PRI.

Pemex se había fundado un par de años antes, porque la idea de nacionalizar no se le ocurrió de pronto al general. Lo que sí hizo fue aprovechar el contexto internacional para dar el golpe cuando sabía que el gobierno estadounidense lo apoyaría: menos de una semana después de la anexión de Austria por Alemania. Desde 1938 hasta 1974, Pemex produjo más o menos lo necesario para el consumo nacional. A veces un poco menos, e importábamos, a veces alcanzaba para exportar, pero no mucho. Lo que cambió el panorama fue el embargo petrolero árabe de fines de 1973, que elevó el precio internacional de crudo lo suficiente para que fuese negocio extraer tanto de yacimientos terrestres complicados (en Tabasco, por ejemplo) como de aguas someras (la sonda de Campeche). Poco después se descubrió Cantarell, el segundo manto más grande del mundo, que se empezó a explotar en 1979, y que convenció a López Portillo de que éramos ricos.

No fue así, pero el petróleo sirvió para que el gobierno no corrigiera su problema principal: la falta de recaudación. Desde 1965 era claro que había que resolverlo, pero nadie quiso. Cobrar impuestos no es popular, mientras que usar las rentas petroleras sí lo es… hasta que se acaban. Esas inmensas rentas, que gozamos desde 1979 hasta 2004, permitieron al gobierno seguir fingiendo, pero también escondieron las deficiencias de la empresa. Los petroleros suelen decir que son muy buenos, y que el gobierno ha abusado de Pemex, pero la verdad es que esa empresa ha aportado una cantidad mucho menor a la que suelen pagar las empresas privadas por extraer crudo en prácticamente todo el mundo. Sobraba dinero, y nadie reclamaba.

En el mito nacionalista, el petróleo mexicano era un recurso codiciado por Estados Unidos, aunque ese país producía mucho más que nosotros. Pero ese cuento servía para que nadie reclamara a Pemex por sus ineficiencias, al gobierno por no hacerse responsable, o al sindicato y funcionarios por saquear a la empresa. Hoy Pemex produce 1.3 millones de barriles diarios de crudo y 300 mil de condensados (en 2003, Cantarell solo producía dos millones). Llevamos más de dos décadas perdiendo dinero en refinación. Hoy hay más jubilados que trabajadores en activo, y en esto último, Pemex es líder mundial en trabajadores por barril producido. Es una losa que está ahorcando las finanzas públicas.

La otra empresa mitológica, Comisión Federal de Electricidad, llegó a ser de clase mundial, pero bastó la administración de Bartlett para reducir en más de 30% el valor agregado de la industria, para dejar la red de transmisión al borde de la catástrofe, y para sumarla a Pemex en la amenaza mitológica. Aprovecho que están viendo La Odisea para ilustrar lo que Pemex y CFE representan: Escila y Caribdis.

El Pacto por México había encontrado una salida a estos monstruos. Hubo grandes avances gracias a las reformas, pero el mitómano los trajo de regreso. Hoy no tenemos inversión privada por falta de electricidad, ni recursos públicos porque estamos “salvando” a Pemex. Hay que llamar a Odiseo.

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