Fuera de la Caja

Cifras confusas

Ahora tenemos que esperar al dato oportuno del PIB al tercer trimestre, con la preocupación de que las fallas en manufacturas y actividad, pudieran repetirse.

Hace una semana comenté con usted cómo el Indicador Oportuno de Actividad Industrial del INEGI apuntaba a un crecimiento espectacular de las manufacturas, que luego no apareció en el dato mensual. Ahora ocurrió lo contrario con el Oportuno de Actividad Económica, que señalaba crecimiento de cero, y nos sorprendió el dato mensual con 1.2 por ciento, que es muy grande. Este dato debe tomarse con algo de cuidado, porque sí es buena noticia, pero no tanto como parece.

Primero, hay un desequilibrio en el proceso de corrección que hace INEGI, debido a la reforma de outsourcing del año pasado, que redujo a la mitad el tamaño del sector de “servicios de apoyo”, pero provocó un rezago en la forma como se elimina la estacionalidad de las series. No es nada grave ni debe uno preocuparse por ello, pero, si se corrige, el crecimiento del mes es de la mitad de lo reportado. Conforme tengamos más datos, eso se irá eliminando.

La mitad restante supongo que proviene fundamentalmente de lo mismo que provocó la discrepancia entre el dato oportuno y el mensual en las manufacturas. La disrupción de las cadenas productivas impidió a las empresas terminar sus productos, pero no detuvo su trabajo. Miles de unidades, especialmente de vehículos, se quedaron a punto de terminarse, por el faltante de alguna pieza. Ya llegaron las piezas, ya se terminó el proceso y, de golpe, aparecen todas esas unidades en el mercado. Por eso el indicador oportuno, que depende mucho de la elaboración de vehículos, anunciaba un crecimiento que, en realidad, no existió.

Pero esos productos, ahora terminados, hay que moverlos y venderlos, de forma que el comercio al mayoreo y el transporte de carga tuvieron un mes espectacular en agosto. Hay también crecimiento en servicios financieros y turismo, que no hay que menospreciar, pero el comportamiento inusual de mayoreo y carga es lo llamativo.

En suma, sí hubo un crecimiento mayor a lo esperado en agosto. No es tan importante como parece en el IGAE desestacionalizado del mes, pero puede ser un punto de inflexión. Esto podemos verificarlo usando los datos originales, comparando periodos completos de 12 meses (para evitar la estacionalidad, pero sin el sesgo provocado por el outsourcing). Al hacerlo, el crecimiento en febrero era de 6.3 por ciento, para abril era ya de 4.6 por ciento, mayo quedó debajo de 3 por ciento y junio apenas en 2 por ciento. En los dos meses reportados ya del tercer trimestre, el crecimiento es de apenas 1.5 por ciento, pero agosto es ligeramente superior a julio.

Ahora tenemos que esperar al dato oportuno del PIB al tercer trimestre, con la preocupación de que las fallas de los dos indicadores mencionados, manufacturas y actividad, pudieran repetirse. Esta preocupación es un poco mayor porque las encuestas de comercio, servicios y construcción, publicadas en estos días, tampoco permitían esperar el dato del IGAE. Por el contrario, señalaban una contracción, severa en el caso de servicios no financieros. El dato saldrá el lunes, y creo que deberá estar entre cero y 0.5 por ciento, contra el trimestre previo.

Es importante que estas cifras sean más claras, porque con ellas construimos las estimaciones del próximo año, y sobre eso se toman decisiones. No en el Congreso, donde nada más aprueban lo que les manda el Ejecutivo, pero sí en el sector productivo y financiero. Cuando en todos los sectores hay una opinión cada vez más negativa acerca del desempeño presente y futuro, como también reporta INEGI, resultados como el de ahora, aunque tengan explicación anecdótica y estadística, pueden convertirse en fuente de incertidumbre, de desconfianza en una institución que ha sido de primer nivel, como es el caso de INEGI. No necesitamos eso ahora.

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