Este domingo habrá elecciones en seis estados de la República. No comentaré aquí las encuestas, o probabilidad de triunfo, ni podré revisar con usted resultados el lunes, porque éstos se publican tarde, y no da tiempo de enviar la columna antes del cierre. Será el miércoles cuando podamos hacerlo.
Lo que sí podemos comentar desde hoy es que los resultados de este domingo no son un anticipo de lo que ocurrirá dentro de dos años, en la elección presidencial y renovación del Congreso federal. Tampoco es cierto que la elección del año próximo, especialmente la de Estado de México, sea una señal de lo que se verá en el 24. Por alguna razón, se insiste en esa entidad como ‘laboratorio de la elección nacional’, cuando no parece que exista alguna evidencia de ello.
Sí es probable que después de las elecciones de mediados de 2023 el Presidente en funciones ya no tenga mucho espacio para moverse. De hecho, esta columna afirmó, pocos días antes del confinamiento de 2020, que el sexenio había terminado. Que ya no podría el Presidente hacer algo por la economía, u orientar al país en otra dirección, sino que seguiría a cargo, pero sin impacto alguno. Creo que 27 meses después, la columna no se equivocó. Los proyectos iniciados antes de marzo de 2020 son los que vemos inaugurar, aunque no funcionen. Las políticas públicas (Jóvenes Construyendo..., Sembrando Vida, Pensión Universal…) no han variado, aunque alguna crezca y otra se reduzca. La economía cayó durante el confinamiento, rebotó a medias, y nos encontramos prácticamente en la tendencia que se veía entonces: entre cero y -1 por ciento anual.
En 2021 tuvimos un primer trimestre fuerte, y luego tres de estancamiento. Ahora parece que vamos por el mismo rumbo. Ya el primero fue fuerte, el más sólido en todo el sexenio, pero los escasos datos de abril y mayo apuntan a crecimiento cero, y tanto los especialistas como el Banco de México perciben un crecimiento total de 2 por ciento en 2022, lo que implica que los tres trimestres serán inferiores a lo logrado en el primero.
En el sector externo, esta contracción de ingreso de los mexicanos se refleja en menores importaciones, y por lo mismo en un saldo positivo en cuenta corriente (apoyado además por las remesas). Esos ingresos por concepto de bienes y servicios se reflejan en un peso fuerte debido a que el diferencial de tasas de interés es tan elevado que pocos capitales se van (comparado con los que deberían irse).
Esto le permite al gobierno celebrar que no pasa nada (pero nada) y que el dólar está barato. Es como si el padre de familia, o la jefa del hogar, celebrasen que no se ha derrumbado la casa a pesar de que no tienen chamba, y apenas les alcanza para comer. Pero como la casa está en un barrio deplorable, todavía hay quien viene de visita. Y sí, así es, el barrio tiene abundantes problemas, y la otra casa grande que hay, Brasil, tampoco es un remanso de paz y felicidad.
Ya el padre de familia desmontó la sala y la cocina. Ya transformó una recámara en corral para ganado. Ya dejó de pagar la luz, el teléfono e internet, pero está feliz de que la casa no se derrumba. Es verdad, no se va a derrumbar, pero será cada vez más difícil vivir en ella. Y recuperarla, pagar cuentas atrasadas, sacar a los animalitos, va a requerir un buen esfuerzo.
En cualquier caso, entramos al último año. Es justo el momento para empezar a ver si conseguimos con quién empezar la reconstrucción, o si de plano dejamos caer lo que queda. Vienen meses de vacaciones, pero en el mes de la patria empezará el movimiento.