Fuera de la Caja

La otra enfermedad

Esta semana conocimos los datos de inversión y consumo para septiembre. Puede uno decir que hubo avance o retroceso, según se prefiera, pero en realidad estamos estancados.

Esta semana conocimos los datos de inversión y consumo para septiembre. Puede uno decir que hubo avance o retroceso, según se prefiera. Y también se puede decir que está mejor el consumo, o la inversión, dependiendo de lo que se compare.

En el dato mensual, la inversión cae -1.6 por ciento mientras el consumo crece 0.9 por ciento. Si en lugar de comparar el mes, lo hacemos con el trimestre, la inversión creció 0.8 por ciento, y el consumo apenas 0.2 por ciento. Comparado con el punto máximo bajo este gobierno, la inversión ha caído -14 por ciento (tercer trimestre de 2018) y el consumo -4 por ciento (tercero de 2019).

La conclusión es que estamos estancados. De febrero a septiembre, la inversión promedia 93.5 unidades (el índice es 100 puntos para 2013), más menos uno. Tantito arriba, tantito abajo, pero nada más. El consumo tuvo un salto en marzo, pero desde abril se ha mantenido en 113 unidades, en promedio, también más menos uno. Siete meses en el caso de la inversión, cinco en el caso del consumo, sin crecimiento. En este segundo indicador, podríamos tener alguna esperanza de que en octubre y noviembre haya mejorado, porque la confianza del consumidor creció notoriamente, y sería raro que lo hiciera sin que el consumo haya crecido. Más en el contexto inflacionario en que estamos.

Al respecto, el dato de inflación para noviembre fue de 7.4 por ciento, y la subyacente de 5.7 por ciento. Si consideramos nada más la segunda quincena del mes, la inflación general fue de 7.7 por ciento y la subyacente de 5.8 por ciento. Los alimentos, en esa segunda quincena, tuvieron un incremento de precio similar al índice general, 7.7 por ciento. Con este crecimiento en precios, que no ocurría hace dos décadas, que se incremente la confianza del consumidor parece ser un tema más de esperanza, como lo comentamos el miércoles, que de realidades concretas. Sin embargo, insisto en que eso no podría ocurrir si el consumo de la población estuviese cayendo.

Para muchas personas, esto de la esperanza parece un sinsentido, considerando lo que ocurre con la inversión, la generación de empleo y las expectativas económicas en general. Sin embargo, el elemento que parece explicar este comportamiento no es económico, es la pandemia. Los saltos en el consumo han ocurrido en cada ocasión en que termina una ola de contagios.

A mediados de enero, había casi 18 mil casos diarios de contagios. Para mediados de marzo, eran 6 mil. En marzo y abril, el consumo creció casi 2 por ciento en cada mes. Cuando regresa la ola, el consumo se estanca. A mediados de agosto, otra vez 18 mil casos diarios, pero para mediados de octubre otra vez estábamos en 6 mil, y el consumo, que ya creció en septiembre, debe haberlo hecho en octubre y noviembre, y por eso la confianza del consumidor está creciendo.

Con base en esto, me parece muy probable que el consumo de este último trimestre sea similar al que tuvimos en el primero de 2020, que fue 2 por ciento inferior al máximo alcanzado a mediados de 2019, y hoy es 8 por ciento inferior a la tendencia que teníamos. De aquí en adelante, el crecimiento dependerá de los ingresos de las personas y de los precios que enfrenten. En lo primero, hay poco que esperar, porque es ahí donde la falta de inversión tiene un impacto. En lo segundo, igual: la inflación no va a reducirse pronto.

Podemos decir que, en lo general, el impacto económico de la pandemia ha terminado (aunque el golpe a turismo y entretenimiento durará mucho). Ahora nos queda el impacto de las decisiones del gobierno, que son la causa de que estemos 10 por ciento por debajo de la tendencia de largo plazo. Ese mal endémico está más difícil de curar.

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