Me imagino que no debe haber duda de que la relación más importante para México es con Estados Unidos. Ahí vendemos tres cuartas partes de nuestras exportaciones, de ahí viene la mitad de la inversión y 40 mil millones de dólares anuales de remesas, que son un alivio para millones de mexicanos. Por esa razón, nos conviene estar atentos a lo que ocurre en el país vecino, mucho más de lo que normalmente hacemos.
Desde 2000 hasta 2018, las dos economías crecieron al mismo ritmo. Aunque Estados Unidos es varias veces mayor que México, el ritmo de crecimiento ha sido el mismo. O lo fue, más bien, hasta que nos separamos, con la cancelación del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Los siguientes trimestres, Estados Unidos siguió creciendo mientras México se estancaba. Con la pandemia, ambas economías sufrieron su peor caída en décadas, pero la de Estados Unidos fue menor, en gran parte debido a programas de rescate impulsados por su gobierno. Acá no se hizo nada. En este 2021, la recuperación está siendo más rápida allá, otra vez gracias a los programas del gobierno. Acá seguimos sin hacer nada. En estos dos años y medio, hemos perdido ocho puntos en relación con el país vecino. Mientras ellos llegarán a su nivel tendencial este año, nosotros estaremos esos ocho puntos por debajo de la nuestra.
La razón es que nuestro mercado interno está muy deprimido. La inversión se encuentra 15 puntos por debajo de lo que era, y el consumo casi cinco. Esto implica que la única fuente de crecimiento está en las exportaciones. Y ya le decía que van para Estados Unidos, de forma que nos convendría mucho que les vaya muy bien a los vecinos.
Pero las cosas no están tan fáciles en aquel país. Donald Trump logró convencer a millones de estadounidenses de que no perdió la elección, sino que se la robaron. Su partido no ha sido capaz de separarse de esa acusación, que es gravísima, en tanto que coloca a la democracia estadounidense al nivel de otras muy débiles y muy recientes, siendo la más sólida y longeva. En estos días, el Senado de ese país rechazó crear una comisión para investigar el ataque al Congreso ocurrido el 6 de enero pasado. Debido a un instrumento llamado filibustering, es necesario contar con 60 senadores para pasar medidas como esta. Los demócratas tienen 50, y consiguieron seis votos entre los republicanos, pero fue insuficiente.
El que el Partido Republicano rechace investigar un ataque al Congreso significa que sabe que le resultará costoso en términos políticos. No quiere enfrentar las mentiras de Trump, y con ello queda en sus manos. Puesto que Trump es una persona amoral, que fue capaz de promover ese ataque al que nos referimos, la situación política del país vecino no es para nada estable. El reflejo de esto en la economía es un bloqueo constante a los programas que busca implementar Biden. Aunque el primer paquete, similar al de Trump de 2020, fue aprobado y ha tenido buenos resultados, el correspondiente a infraestructura está siendo detenido. Los republicanos le ofrecen aceptar algo así como 40 por ciento de lo que Biden buscaba invertir. Y todavía falta el tercero, el de las familias americanas, que seguramente también será bloqueado.
Biden no sólo tiene que enfrentar esta oposición irracional, sino a sus partidarios extremistas, igual de amorales que Trump, pero todavía sin poder suficiente. Navegar esas aguas procelosas no le había tocado a un presidente estadounidense en más de un siglo. Esperemos que tenga éxito porque, no lo olvide, es la relación más importante para México.
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