Fuera de la Caja

Distinto escenario

La elección intermedia suele ser un referéndum, lo hemos comentado, y más en la situación actual, por decisión del Presidente.

El lunes comentamos acerca de la creación del mito de la legitimidad popular del Presidente. Su triunfo por poco más de la mitad de los votos, el abuso legal que le permitió una sobrerrepresentación en las cámaras, el estallido de esperanza que para su tercer mes en el gobierno lo llevó a cerca de 90 por ciento de aprobación popular.

Ya para entonces, sin embargo, había derruido su pedestal. Un mes antes de tomar posesión decidió cancelar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y con ello cavar un foso que la inversión privada no pudiese cruzar. Así fue, el foso funcionó, y la economía dejó de crecer. Al mes de la toma de posesión, creó un desabasto artificial de combustibles, que incluso provocó una tragedia en la que murieron más de 100 personas. Dos meses después, destruyó el sistema de adquisición y distribución de medicamentos. Luego vino la cancelación de estancias infantiles, de apoyo a organizaciones civiles, de atención a diversos tipos de cáncer. Le sumó otros ataques a la economía: cancelación de la cervecería en Mexicali, decretos contra energías alternas, conflictos innecesarios alrededor del gas. Para la segunda mitad de 2019, ya no sólo caía la inversión, también el consumo.

Antes de que la pandemia llegase a México, ya la economía se contraía a un ritmo cercano a -2 por ciento anual. En ese momento, ya no contaba con el apoyo de la población que tanto alega. Ya estaba en un nivel de popularidad similar al de presidentes anteriores, e incluso debajo de su némesis: Felipe Calderón. Fue entonces cuando afirmó que la pandemia le caía “como anillo al dedo”, posiblemente porque le permitía esconder su incompetencia.

Más de 600 mil muertos después, con una economía que no responde, con presiones inflacionarias suficientes para anular el efecto de los incrementos salariales, con 4 millones desplazados del mercado laboral, la popularidad sigue cayendo. La legitimidad popular ha desaparecido.

Esto tiene dos efectos muy importantes. El primero tiene que ver con un escenario totalmente distinto del que se imaginaba al inicio de su gobierno. Entonces parecía que se borraba definitivamente el sistema de partidos de la democracia mexicana, y que tanto PAN como PRI se reducirían de forma permanente. Esto llevó a que Movimiento Ciudadano optase por convertirse en la ‘tercera vía’. No estarían con Morena y López Obrador, pero tampoco con esa oposición en peligro de desaparecer. Considerando el entorno de fines de 2018 e inicios de 2019, parecía una buena idea. Más, considerando su estrategia de largo plazo de avanzar en lo local.

Pero las cosas han cambiado, y no lo hicieron en un solo día. Como hemos visto, el proceso de deterioro fue evidente a partir del sexto mes de la administración. Y no se detuvo. En este nuevo escenario, la estrategia adecuada no era ya ser ‘tercera opción’, sino parte de la coalición opositora. Ignoro si la dirección del partido consideró un cambio, si negociaron o no con los demás, pero en este momento se han colocado en una posición muy vulnerable. Salvo en Jalisco, en donde tienen el gobierno estatal, y tal vez en una o dos candidaturas, en lugar de ser una tercera opción son un residual. O peor, un esquirol.

La elección intermedia suele ser un referéndum, lo hemos comentado, y más en la situación actual, por decisión del Presidente. No da espacio a terceras vías. La apuesta de reemplazar una oposición que parecía barrida en 2018 ya no tiene sentido, pero parece que ya no hay salida para Movimiento Ciudadano. De hecho, han doblado la apuesta. Puesto que tengo aprecio por varios integrantes de ese partido, espero que no les vaya demasiado mal, por no corregir a tiempo.

Del segundo efecto, la desesperanza, platicamos el viernes.

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