Dedicado e inspirado en mi querido amigo K.Tony
“Sólo los aventureros tienen aventuras”, escribió Alex Banayan. La frase encierra una decisión fundamental: quien desea que algo diferente ocurra en su vida debe estar dispuesto a hacer algo diferente.
La vida no cambia únicamente con el paso del tiempo. Cambia cuando nos movemos, preguntamos, aprendemos, intentamos, nos equivocamos, corregimos y volvemos a avanzar. Algunos esperan el momento perfecto; otros comprenden que, muchas veces, ese momento surge cuando deciden actuar.
Vivir una aventura no significa actuar irresponsablemente, sino aceptar que crecer implica incertidumbre. Todo proyecto importante incluye una parte que no podemos controlar: emprender, cambiar de profesión, crear una empresa, construir una relación, defender una idea, desarrollar una innovación o comenzar de nuevo después de una caída.
El riesgo inteligente no consiste en lanzarse al vacío, sino en prepararse para dar el salto. Ahí está la diferencia entre existir y vivir. Existir es permanecer; vivir es evolucionar.
Nos educaron para evitar el error, aunque también deberíamos aprender a aprovecharlo. Un error analizado puede convertirse en experiencia; una dificultad superada fortalece el carácter; una decepción puede mejorar nuestro criterio. Incluso un fracaso puede enseñarnos aquello que el éxito nunca habría mostrado.
La prosperidad tampoco debe entenderse únicamente como acumulación de dinero. Prosperar es ampliar nuestras capacidades: generar conocimiento, fortalecer relaciones, construir patrimonio, cuidar la salud, ganar confianza y crear oportunidades y libertad para decidir. Es convertir lo aprendido en valor para nosotros y para los demás.
Por eso, la verdadera aventura tiene un propósito: crecer para construir. Ese propósito exige curiosidad. Quien conserva la capacidad de preguntar mantiene abierta la puerta de la innovación: ¿por qué hacemos las cosas de esta manera? ¿Existe una forma mejor? ¿Qué puedo aprender? ¿Qué puedo transformar? ¿Qué problema puedo resolver?
Muchas oportunidades comienzan con una buena pregunta. También necesitamos transformar nuestra relación con la incertidumbre. Queremos garantías antes de comenzar, aunque las decisiones importantes rara vez vienen acompañadas de ellas. Podemos estudiar, prevenir, calcular y prepararnos; pero llega un momento en que debemos decidir.
Y decidir también significa renunciar a la comodidad de no equivocarnos. Avanzar no consiste en vivir sin miedo, sino en impedir que el miedo tome nuestras decisiones. La prudencia protege; el miedo paraliza. La diferencia está en prepararnos, evaluar los riesgos y actuar con responsabilidad.
Una sociedad necesita esa misma actitud. Necesitamos ciudadanos que no sólo señalen lo que está mal, sino que imaginen cómo hacerlo mejor; empresarios que creen valor; jóvenes que conviertan la tecnología en soluciones; instituciones capaces de innovar; y personas que transformen la inconformidad en propuestas y las propuestas en resultados.
De la protesta a la propuesta y de la acción a los resultados. La aventura más importante no necesariamente ocurre al viajar a lugares desconocidos. Puede comenzar cualquier mañana, cuando alguien decide cambiar un hábito, aprender algo nuevo, cuidar su salud, emprender un proyecto, reconciliarse, volver a estudiar, ayudar a otra persona o dejar de posponer aquello que sabe que debe hacer.
No podemos controlar todo lo que sucede, pero sí podemos decidir qué hacemos con ello. Ahí comienza la verdadera libertad.
La vida no debe medirse únicamente por los años transcurridos, sino por lo que fuimos capaces de aprender, crear, compartir y transformar. La seguridad absoluta puede parecer cómoda, pero también puede convertirse en una frontera invisible que nos impida descubrir nuestras capacidades.
Hay que prepararse, prevenir y pensar; pero también hay que atreverse. Quizá una de las mayores pérdidas no sea fracasar al intentar algo importante, sino llegar al final preguntándonos qué habría ocurrido si hubiéramos tenido el valor de intentarlo.
Que nuestra aventura sea aprender, crear, servir, prosperar, construir y dejar algo mejor de como lo encontramos. Eso también es vivir.
¡Hacer el bien! ¡Haciéndolo bien!
Querido Tony.