Segundo piso

BRICS: Los cables financieros de Nueva Delhi

BRICS nació en 2006 con Brasil, Rusia, India y China; Sudáfrica se incorporó después. La expansión suma ahora a Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopía e Indonesia. Arabia Saudita asistió como invitado: una cautela reveladora. La multipolaridad permite intereses contradictorios y presencias medidas con diplomacia.

Mientras Donald Trump llamaba —desde el Irish Open de golf en Dublín— a la unidad de las dos Irlandas y aseguraba que Estados Unidos no saldrá del T-MEC, Nueva Delhi ofrecía una fotografía más reveladora del mundo que se está formando. Narendra Modi recibió a Xi Jinping, Vladímir Putin, Masoud Pezeshkian y otros dirigentes de BRICS, bloque que agrupa 49.5 por ciento de la población mundial, 40 por ciento del PIB y cerca de 26 por ciento del comercio global.

Estas cifras representan el desplazamiento geopolítico y geoeconómico en marcha. Durante dos décadas, BRICS fue visto con una mezcla de condescendencia y alarma: un acrónimo ingenioso, acuñado para describir economías emergentes, que aspiraba a convertirse en foro político. La XVIII Cumbre, realizada el 12 y 13 de septiembre en Nueva Delhi, sugiere que el bloque ya no se limita a pedir reformas al orden global. Busca construir instrumentos propios para resistir sus desequilibrios.

BRICS nació en 2006 con Brasil, Rusia, India y China; Sudáfrica se incorporó después. La expansión suma ahora a Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopía e Indonesia. Arabia Saudita asistió como invitado: una cautela reveladora. La multipolaridad permite intereses contradictorios y presencias medidas con diplomacia.

La novedad importante no es, pese a la ansiedad de ciertos analistas, una moneda BRICS que vaya a destronar al dólar. Esa moneda no apareció. La Declaración de Nueva Delhi instruyó avanzar en algo menos espectacular y acaso más decisivo: sistemas de pagos transfronterizos interoperables, liquidaciones comerciales en monedas locales, monedas digitales de bancos centrales e infraestructura tecnológica soberana.

Dicho de otra manera: que los sistemas financieros nacionales puedan hablar entre sí sin pedir permiso a una sola red de mensajería; que el comercio intrabloque reduzca costos y riesgos cambiarios; que una sanción unilateral o una exclusión de SWIFT no se conviertan automáticamente en asfixia económica. La desdolarización operativa no pretende abolir el dólar, sino disminuir la vulnerabilidad que supone depender exclusivamente de él.

La soberanía contemporánea tiene menos himnos de los que suele suponerse y bastante más ingeniería. Los acuerdos incluyen cables submarinos, protocolos digitales abiertos, sistemas de identidad y garantías crediticias. La discusión sobre infraestructura pública digital —incluida una plataforma para compartir tecnologías y protocolos— busca reducir la dependencia de licencias privadas y cerrar brechas entre los integrantes. A ello se agregan una propuesta de Bolsa de Granos, centros de seguridad alimentaria y mecanismos para proteger cadenas logísticas.

El Nuevo Banco de Desarrollo constituye la pieza financiera de esa estrategia. Bajo la presidencia de la brasileña Dilma Rousseff, NBD pretende ampliar el financiamiento en moneda local y los mecanismos de garantía que atraigan inversión privada a proyectos de infraestructura. No sustituirá al Banco Mundial ni al FMI; pero expresa una decisión política relevante: crear vías de crédito menos subordinadas a las jerarquías de Bretton Woods.

La cumbre no fue, sin embargo, una asamblea de coincidencias ideológicas. La Declaración de Nueva Delhi, en sus 140 párrafos, dice mucho en algunos asuntos y guarda silencios elocuentes en otros. Condena el desplazamiento forzado de población en Gaza, reclama el cumplimiento del alto el fuego y respalda el ingreso de Palestina como miembro pleno de la ONU. También exhorta a la contención en Oriente Medio y rechaza ataques contra infraestructura civil e instalaciones nucleares. Condena, asimismo, las sanciones económicas unilaterales y el bloqueo contra Cuba.

Pero Ucrania no aparece una sola vez. La omisión revela el límite y la utilidad del bloque. Rusia no podía aceptar una condena; India, Brasil y otros miembros tampoco estaban dispuestos a sacrificar la agenda económica en un desacuerdo irresoluble. BRICS no elimina las divergencias; convive con ellas. El encuentro entre Modi y Xi, después de años de tensión fronteriza, refuerza esa idea. La próxima cita será en China. El loto, símbolo de la presidencia india, tiene raíces profundas y puede florecer en aguas turbias.

México no tuvo delegación propia en Nueva Delhi, aunque sí la CELAC, donde juega algún papel. No conviene ignorar lo que ocurre en BRICS porque las reglas sobre comercio, financiamiento, tecnología y transición climática ya no se discuten en una sola ventanilla.

En Nueva Delhi no nació otro mundo, pero el pragmatismo de sus alianzas intenta tender cables más sólidos que los de Estados Unidos con sus socios de América del Norte y Europa.

Lectura sugerida: “BRICS. La transición hacia un orden mundial alternativo” de Aníbal Garzón (Akal).

Gracias, LGCH.

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