Segundo piso

El otro Mundial

En México vivimos con intensidad los dos mundiales: las presiones de Trump, el impacto económico de las guerras y la euforia del anfitrión con un nacionalismo que nos acerca temporalmente.

El planeta parece vivir en dos pistas: una de espectáculo y emoción compartida por el Mundial; otra de guerra, desigualdad económica, desconfianza en las instituciones y protestas masivas. El balón concentra la mirada global, pero el mundo no se detiene, se recalienta, se fragmenta y se subleva.

El punto más grave está en Oriente Medio. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán con ataques, represalias y daños que alcanzan infraestructura civil, rutas marítimas y la vida cotidiana de poblaciones enteras.

El entendimiento firmado por Donald Trump y Masoud Pezeshkian para suspender la guerra apenas produjo una pausa de dos días. El alto el fuego terminó de hundirse en Ormuz, donde Trump pretende cobrar el 20 por ciento de tasas por un control marítimo que no garantiza.

Gaza vive una tregua formal que convive con expansión militar, desplazamiento, enfermedades y condiciones humanitarias degradadas. Ucrania continúa atrapada en una guerra de desgaste donde el frente avanza poco, pero el conflicto se desplaza hacia la logística, la energía, los drones, la infraestructura y la presión sobre civiles.

El otro Mundial también se libra en las calles, en las plazas y en los parlamentos. En Francia, la indignación por la violencia sexual contra mujeres y niñas desató una movilización masiva en 80 ciudades contra un sistema judicial que permite que el 94% de las denuncias por violación sean desestimadas.

En Alemania, durante la convención nacional del ultraderechista Alternativa para Alemania en Erfurt, decenas de miles de manifestantes antifascistas se congregaron bajo la consigna “Resistir” y sufrieron choques policiales.

En España, la crisis de la vivienda y la presión del turismo alimentaron protestas contra un modelo urbano cada vez más inaccesible. Bajo el lema “Queremos vecinos, no turistas”, los movimientos contra el alquiler temporal se extendieron por Barcelona, Palma y San Sebastián.

América Latina vive el mismo malestar. Bolivia atravesó un bloqueo agrario nacional de 53 días que derivó en una rebelión contra el presidente Rodrigo Paz Pereira, tras la eliminación de subsidios al combustible.

En Perú, una segunda vuelta presidencial con apenas 10 mil votos de diferencia entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez abrió una crisis poselectoral, apenas superada. Chile vio emerger protestas estudiantiles contra recortes educativos y militarización del recién presidente José Antonio Kast.

En Argentina, las centrales sindicales CGT y CTA respondieron a la desregulación económica de Javier Milei con un “plan de lucha” de movilizaciones continuas, protestas contra recortes de pensiones, una marcha al Congreso y una convergencia con la peregrinación de San Cayetano para denunciar inseguridad alimentaria y desempleo. Comerciantes e indígenas de Ecuador obligaron a Daniel Noboa a reabrir los pasos fronterizos con Perú por la asfixia económica provocada.

En Estados Unidos, la ola de protestas “No Kings” regresó en junio y julio, atacando edificios federales en distintas localidades, con consignas contra la guerra con Irán, las redadas del ICE y la supresión de archivos del caso Epstein.

Apareció también una resistencia comunitaria hacia los centros de datos de inteligencia artificial en 49 estados, donde manifestantes bloquearon o retrasaron 75 proyectos de construcción, denunciando uso de tierra en zonas con escasez de vivienda, presión sobre precios de energía, impacto ambiental y escasa creación de empleos. La nube ocupa suelo y consume mucha energía.

En Japón, unas 27 mil personas protestaron frente a la Dieta Nacional, con otras 110 mil en línea, contra los proyectos de Sanae Takaichi para ampliar capacidades militares ofensivas. India aporta una señal generacional.

Después de que un funcionario llamara “cucarachas y parásitos” a jóvenes críticos, activistas convirtieron el insulto en parodia política con el “Partido de la Cucaracha Janta”, una respuesta al desempleo juvenil, la corrupción y las filtraciones en exámenes nacionales de medicina.

El otro Mundial no es una suma dispersa de conflictos y resistencias. La guerra en Irán encarece la energía y empuja la crisis de combustibles. El estancamiento en Ucrania y Gaza normaliza sabotajes, ataques marítimos y hackeos de infraestructura civil. La crisis de vivienda en España conversa con la oposición a centros de datos en Estados Unidos porque ambas preguntan quién tiene derecho a la ciudad.

Las marchas francesas contra la violencia sexual, las protestas peruanas por el voto, las huelgas argentinas por pensiones, las movilizaciones chilenas por educación y la revuelta juvenil india contra la precariedad son síntomas de una confianza institucional erosionada.

En México vivimos con intensidad los dos mundiales: las presiones de Trump, el impacto económico de las guerras y la euforia del anfitrión con un nacionalismo que nos acerca temporalmente.

Lectura sugerida: “Contra el descontento” de Cristina Monge (Paidós).

Gracias, LGCH.

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