Segundo piso

Gonzalo Celorio: un Cervantes para la lengua y la memoria

El escritor mexicano teje en sus páginas lo público con lo íntimo, logrando una voz a la vez personal y universal. Su literatura aborda complejidades de la condición humana e invita al lector a reconsiderar su propio lugar.

Gracias quiero dar al divino

Laberinto de los efectos y de las causas

Por la diversidad de las criaturas

Que forman este singular universo…

“Otro poema de los dones.” Jorge Luis Borges

El 23 de abril de 2026, en la Universidad de Alcalá de Henares, el escritor mexicano Gonzalo Celorio recibirá el Premio Cervantes de Literatura, máximo galardón de las letras en español.

Este reconocimiento no solo celebra la excepcional trayectoria literaria de un narrador fundamental, también honra la labor de un intelectual comprometido con la defensa, la enseñanza y la proyección de la lengua y la cultura.

Celorio encarna como pocos la figura del escritor total: creador, promotor, docente y custodio de la palabra.

Cuenta él mismo que nació un 25 de marzo, día del verbo encarnado, siendo el undécimo hijo de una familia de la que brotan grandes historias.

Su padre, ya mayor, lo llamaba “ese chiquillo de mierda” cuando no recordaba su nombre; por ello se vio obligado a hacerse notar primero y a sobresalir después, gracias a la palabra, a la que dedicó su vida.

Su obra, de una prosa elegante y una profundidad reflexiva, explora con maestría la memoria, la identidad y el diálogo entre el pasado y el presente.

Novelas como “Amor propio” (1991), “Y retiemble en sus centros la tierra” (1999), “El metal y la escoria” (2014) o “Los apóstatas” (2020) son mucho más que relatos; son excavaciones en la conciencia individual y colectiva de México y, por extensión, del mundo hispánico.

Celorio teje en sus páginas lo público con lo íntimo, logrando una voz a la vez personal y universal. Su literatura aborda complejidades de la condición humana e invita al lector a reconsiderar su propio lugar.

El Cervantes premia, pues, una voz singular que ha enriquecido el panorama de la novela contemporánea en español con inteligencia, sensibilidad y una fidelidad absoluta al poder evocador del lenguaje.

Celorio es también un gran promotor cultural. Su labor al frente de la Academia Mexicana de la Lengua ha sido ejemplar, dirigiendo los esfuerzos por estudiar, vigorizar y difundir el español de México en toda su riqueza y diversidad.

Bajo su dirección, la institución ha reforzado su papel no como vigía de purismo, sino como espacio dinámico de observación y celebración de la lengua viva nutrida por las variantes de todos los territorios donde se habla.

Celorio tenazmente ha tendido puentes entre las distintas academias de la lengua, fomentando una visión panhispánica que fortalece la unidad dentro de la diversidad.

Su gestión la salvó de una crisis financiera atroz y ha modernizado y proyectado internacionalmente el trabajo de la academia, recordándonos que la lengua es el más preciado patrimonio inmaterial de una comunidad.

Como docente e intelectual, se perfila como un hombre renacentista en el siglo XXI. Su alma mater es la UNAM, la entidad que lo postuló al Premio Cervantes y de la que, dice, nunca pudo egresar: lo definen 49 años como profesor en la Facultad de Filosofía y Letras que ha dirigido y en la que ha transmitido pasión y amor por la lectura y la escritura a las nuevas generaciones, como el más fino de los artesanos que talla con elegancia y esmero, poco a poco, una pieza monumental.

El curso favorito de sus alumnos (y quizá de él) ha sido su seminario de literatura, cuyo contenido decidía cada semestre. Podía dedicarlo a Cortázar, a los escritores del exilio español o, exclusivamente, al Otro poema de los dones, de Borges.

Cuando Celorio anuncia el programa, los estudiantes, atónitos, piensan que bromea, pero cuando quedan pocos días de clase, acaban convencidos de que no fue suficiente el tiempo.

Pensador agudo, capaz de analizar con solvencia una novela del Siglo de Oro, una peli contemporánea o los desafíos sociolingüísticos de la actualidad.

Es esa combinación de erudición y accesibilidad, de profundidad y claridad expositiva, lo que lo convierte en un divulgador excepcional.

En entrevista exclusiva para El Financiero, Silvia Garza, esa gran mujer de la que Celorio tiene la fortuna de compartir la vida, confiesa: “Gonzalo me enamoró con la palabra, eso sí. Lo quiero por su ser, su transparencia, su honestidad y su sentido de la verdad…”.

Celorio profesa la amistad amorosa y generosa, lo mismo en la solidaridad mostrada a Gioconda Belli y Sergio Ramírez, cuando fueron desposeídos de patria y patrimonio por Daniel Ortega, que conversando de literatura los domingos con Hernán Lara, su amigo y hermano hasta el final.

La concesión del Premio Cervantes 2025 es un acierto cuando la modernidad de la literatura mexicana está en ebullición, según el propio Celorio, con la incorporación de maravillosas escritoras al discurso literario, quienes irrumpen en el escenario literario y demandan un cambio de reglas, instituciones culturales más abiertas, horizontales y menos parecidas al club de Toby.

Lectura sugerida: Ese montón de espejos rotos de Gonzalo Celorio (Planeta).

Gracias, LGCH.

COLUMNAS ANTERIORES

Trump y México, ¿sorpresa en octubre?
¿Por qué los políticos deben leer a Habermas?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.