Sobremesa

Sobre advertencia no hay engaño... Éramos muchos y parió la abuela

Para el subsecretario de Transporte, Carlos Morán, la degradación del espacio aéreo mexicano fue una oportunidad para revisar los errores de la autoridad aeronáutica. ¡Qué tal!

El valor más importante en la aviación es la seguridad, y la situación por la que atraviesa el sector aéreo en México a últimas fechas es muy delicada. Y esto va más allá de la saturación para operar vuelos y malas condiciones del AICM que siempre he criticado, y a las pruebas me remito. Esta vez, como nunca antes, hemos sido testigos de que la austeridad combinada con falta de experiencia e improvisación están poniendo en riesgo a todo el sistema aeronáutico.

País bananero

Déjeme empezar por la degradación de categoría por parte de la Federal Aviation Administration de Estados Unidos que inició el 25 de mayo, y que, dos meses después, nos sigue teniendo en la lista negra de países bananeros en materia de seguridad aérea. Apenas hace unos días la FAA anunció que el 9 de agosto enviará personal a México para que ayude a resolver las deficiencias y observaciones que no ha logrado el personal de la AFAC. Y aunque usted no lo crea, el subsecretario de Transporte, Carlos Morán, dijo que la degradación fue una extraordinaria oportunidad para revisar los errores de la autoridad aeronáutica. ¡Qué tal el cinismo!

Recuerde que mientras sigamos en esa lista no están permitidos los vuelos con código compartido entre aerolíneas de EU y México, y tampoco las empresas mexicanas pueden incrementar operaciones e inaugurar nuevas rutas. Menos aún operar nuevos vuelos entre ambos países desde el prometido aeropuerto Felipe Ángeles.


Nuevo espacio aéreo

Otro gran tropiezo es el rediseño del espacio aéreo de la zona metropolitana, que si bien es cierto era necesario modernizar, sigue sin demostrar a plenitud sus capacidades para permitir la operación simultánea del aeropuerto actual, Santa Lucía y Toluca. Bastaron las primeras lluvias de la temporada de verano para constatar que al menos la prueba de clima no la ha librado bien. Y si no, basta con ver la cantidad de vuelos retrasados en las últimas semanas. A esto hay que sumarle la desorganización, despidos y conflictos internos que como nunca antes existen entre los empleados, Sinacta y directivos del Seneam, que lleva Víctor Hernández.

¿Y qué me dice del 21 de julio, día en que supuestamente falló el internet de la FAA y afectó la red de telecomunicación fija aeronáutica, impidiendo la transmisión de los planes de vuelo entre México y Estados Unidos, afectando a más de 180 vuelos? No es por ser malpensados, pero hasta hoy nadie ha sabido explicar por qué la falla sólo afectó a México y no a otros países. ¿Será porque era en inglés y no lo manejan? Pero lo que yo escuché del piloto de Aeroméxico fue decir: “La torre de control colapsó desde las 6 a. m. y todos los vuelos están retrasados”.

Aeropuerto del mamut

Pareciera que el único objetivo de la autoridad aeronáutica en este sexenio es la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, mejor conocido como el aeropuerto del mamut, pues según la promesa del presidente López Obrador se debe inaugurar en siete meses. Sabemos, por los reportes semanales, que el ‘avance general’ de obra supera 63 por ciento a la fecha, siendo la parte más adelantada la pista central, plataformas y calles de rodajes. También hay avances en la terminal de pasajeros, cuyos trabajos, según su sitio web –no se ría–, incluyen “aplicación de pintura vinílica y aplanado de muros”.

Ojo, será este el primer aeropuerto que se diseñó de la tierra al cielo y no al revés, como recomiendan las mejores prácticas internacionales de aeropuertos, entre ellas las de Mitre. Quizá por esto no sabemos cómo van a operar las aerolíneas nacionales e internacionales que decidan voluntaria u obligadamente mudarse para allá. Tampoco se sabe cómo le harán los pasajeros para llegar a las instalaciones que están a 50 kilómetros de distancia del actual AICM. Ni qué decir del traslado de equipajes si tiene la mala suerte de tener un vuelo de conexión entre ambos aeropuertos.

Se supone que este aeropuerto tendrá una capacidad para atender 20 millones de pasajeros al año, algo así como 40 por ciento del aeropuerto actual, y cerca de 10 mil vuelos anuales, o sea más de 300 diarios. Lo cierto es que, de acuerdo con especialistas en aviación, al inicio no se alcanzarán estas capacidades, a menos que… –vaya por un fuerte, sin importar que sea lunes– el gobierno, al más puro estilo de la casa 4T, a través de la SCT y la Agencia Federal de Aviación Civil, presione a las aerolíneas nacionales para mudar sus operaciones. ¿Cómo? Reduciendo las del AICM, y de esta forma justificar el gasto de este mamut blanco. Porque en la 4T, primero muertos que sencillos.


¡Grandes Ideotototas!

Si alguien anda buscando al secretario de Comunicaciones y Transportes, Jorge Arganis, le aconsejo se de una vuelta a la hora del desayuno por Polanquito, en la Casa Portuguesa, obvio, en horario laboral. Porque en su oficina nadie lo localiza para atender o responsabilizarse de alguno de los múltiples problemas que enfrenta el sector aéreo. Todo lo ha delegado en Carlos Morán, el inepto ‘subse’ de Transporte, quien a pesar de estar desde el periodo de transición, sigue proponiendo soluciones añejas y obsoletas como cerrar las operaciones aeronáuticas del AICM entre la medianoche y las 5 a. m. para que haya suficientes controladores aéreos, cuando los aeropuertos internacionales operan 24 horas. ¡Habrase visto tanta ineptitud junta!

La austeridad es peligrosa

Si la aviación se sigue manejando como hasta ahora y nos comenzamos a acostumbrar a que los errores y deficiencias (aterrizajes o despegues abortados o comprometidos) son de todos los días, estaremos en la antesala de un retroceso para la industria que dejará a México fuera del panorama internacional y, peor aún –toco madera–, de que se comprometa la seguridad de las operaciones aéreas; tal cual pasó con el Metro, finalizando con la tragedia de la Línea 12.

Continuará… así pues, agárrense porque habrá turbulencias.

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