Sobremesa

La compleja trama de complicidades entre Durazo y Taddei

Desde que Guadalupe Taddei llegó al Instituto Electoral de Sonora para apuntalar la llegada de su amigo Alfonso Durazo, quedó sellado un pacto que hoy, para muchos, resulta más que vigente.

Existe una sofisticada red de poder, corrupción, riqueza y favores entre Alfonso Durazo y la presidenta del INE.

Desde que Guadalupe Taddei llegó al Instituto Electoral de Sonora para apuntalar la llegada de su amigo Durazo, quedó sellado un pacto que hoy, para muchos, resulta más que vigente.

En Sonora, Morena triunfó de la mano de la traidora Claudia Pavlovich, quien entregó el estado, y, como Quirino Ordaz en Sinaloa, fue premiada por AMLO con un consulado y Sheinbaum le puso embajada.

En reciprocidad, Durazo, aprovechando su cercanía con el expresidente, quien lo nombró jefe de la Comisión de Coordinación Política del partido en el poder, impulsó y colocó a Taddei al frente del organismo garante de la democracia nacional: el INE.

Junto con ella llegaron las mañas, vicios y costumbres donde, históricamente, predominaban la profesionalización y la especialización técnica y académica, para blindar el derecho de los mexicanos a votar y ser votados.

Guadalupe llegó imponiéndose, con soberbia e impunidad, las cuales llevó más allá. Sus padrinos de la ‘4T’ pusieron a su servicio los superpoderes para designar, a su antojo, la primera línea de mando del instituto, pasando por encima de la colegialidad inherente e histórica del INE.

Al más puro estilo caligulesco –“Calígula nombró cónsul a su caballo”–, Guadalupe ha nombrado a proveedores y operadores cercanos en posiciones estratégicas, entregándoles las llaves del tesoro.

Pongan mucha atención

Un ejemplo: la Dirección Ejecutiva de Administración, tomada de la mano de la dirección responsable de la totalidad de las adquisiciones del instituto. Administran más de 16 mil millones de pesos y duplicarán ese presupuesto hacia la elección de 2027.

El intercambio de favores con su gran amigo Durazo ha llegado, aseguran, al descaro de que se intercambian nombramientos en cargos que garanticen los negocios compartidos y se realice todo tipo de mala praxis, con el objetivo final y primordial de hacerse ricos, muy ricos, a costa del erario.

Para muestra, un botón:

Luis Rogelio Pineda Taddei, hijo de Guadalupe Taddei, es secretario particular del gobernador de Sonora. Ahí –afirman– “empollan al junior” para seguir afianzando posiciones de poder y de negocios, allá o acá.

Pero hay tropiezos, como en todo. Uno de los casos más señalados es el de Edgardo Amaya, exencargado de compras del organismo, quien, junto con Osvaldo Acuña, director de Finanzas, dejaron –de acuerdo con auditorías de la ASF– una serie de atrocidades administrativas, quebrantos patrimoniales e irregularidades que hoy son públicas.

(Especial)

Estas personas –afirman los denunciantes– han salido ilesas y con cheques multimillonarios y contratos, con todo mundo calladito en el INE.

Por su parte, el OIC designado por la Cámara de Diputados “calla como momia”.

Otra prueba irrefutable del intercambio indiscriminado de familiares y amigos la constituye el muy fiestero José Alberto Pérez de Acha, quien es responsable de una de las áreas más delicadas de la estructura y operatividad del instituto, la Unidad de Tecnología e Informática del INE, área en la que nacen los proyectos, la arquitectura y el blindaje tecnológico de una de las bases de datos más importantes del país, que maneja los resultados de las elecciones federales.

Inhalen y exhalen

Los Pérez de Acha, Durazo y otros integrantes del círculo cercano –afirman– forman una poderosa red familiar y política.

El hermano de José Alberto, Luis Pérez de Acha, habría sido el responsable de las áreas de tesorería y fiscalización de las tres campañas presidenciales de López Obrador y habría fungido como defensor, vínculo y abogado del Cártel de Sinaloa. El gentilicio sinaloense, dicen, los hizo cercanos a Rocha Moya, su mentor, a quien ambos hermanos habrían servido y asesorado. Y cuando el propio José Alberto se pasa de copas, lo presume. ¡Quihúboles!

Taddei asigna contratos relacionados con encuestas, préstamos de nómina, planes de asistencia, obras, seguros de gastos médicos, seguros inmobiliarios y seguros de flotillas vehiculares al hijo y yerno del gobernador Durazo y a su propio hijo.

Así, la triada, encabezada por Luis Rogelio Pineda Taddei, el hijo de Guadalupe, y por el yerno de Durazo, tiene a sus pies negocios tanto en Sonora como dentro del INE.

Naturalmente surgieron alianzas con empresas fantasma, como Comercializadora JVLY-Flexométrica-Formas Finas, que recibieron contratos mediante los cuales los socios se habrían “autorregalado” cerca de 65 mdp para cubrir sus gastos navideños en diciembre de 2024, dejando un cochinero.

Para qué limpiar, si se sienten cobijados.

Entonces, en 2025 cayó la ASF, detectando las irregularidades, abusos financieros y malos manejos, mientras son encubiertos por incondicionales, como Jesús Octavio García González, el propio Edgardo Amaya, Osvaldo Acuña, Olimpia Baños y una larga lista de sonorenses dispuestos a sacar el pecho por los juniors.

Por cierto, estos tres jóvenes comparten, incluso, el “sello cuatrotero”: haber perdido sus visas americanas. La causa: los negocios de huachicol de hidrocarburos, ligados. presuntamente, a redes cercanas a los hijos de López Obrador, con un socio de apellido Farías, familiar –según estas versiones– de los almirantes del mismo apellido.

“Toda la porquería está interconectada, está mezclada y se protegen entre todos en sus terribles complicidades”.

Mientras tanto, Durazo sale públicamente a pedir “presunción de inocencia” para Rocha Moya. Por lo pronto, la UIF determinó congelar las cuentas de Rocha Moya y otros implicados. No vaya siendo…

El mismo Durazo ha sido señalado desde hace años como “narcogobernador” por versiones atribuidas a autoridades estadounidenses y por actores políticos nacionales y extranjeros, mientras que Guadalupe Taddei queda cada vez más evidenciada –afirman–por la corrupción que tiene bajo asedio al Instituto.

Dentro del INE –según estas acusaciones– existen más de 500 plazas de aviadores operadas por células de confianza ligadas a Taddei. El pretexto “estratégico”: trabajo en home office, estilo pandemia.

Decenas de millones de pesos mensuales llenarían los bolsillos de los Taddei, los Durazo, los Rocha Moya, los Pérez de Acha, los López Beltrán y un eterno etcétera, que saquea las arcas del pueblo impunemente.

Los nombramientos “INE-fables”, “INE-ntendibles” e “INE-xplicables” recaen, dicen, en perfiles “INE-ptos” e “INE-legibles”.

La fórmula: contratos amañados; retornos de 25 o 30%; derechos de proveedores pisoteados, y violaciones sistemáticas a reglamentos y normas administrativas.

Por eso, para muchos trabajadores y observadores, pertenecer hoy al INE de Guadalupe Taddei es una carga y una vergüenza, y no lo que fue durante muchos años: un orgullo institucional y profesional.

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