No hay antecedentes. Ningún político mexicano —serio o que se precie de serlo— ha escrito jamás un libelo del nivel o los insultos de Andy López Beltrán en contra, ni más ni menos, que el gobierno de Estados Unidos.
Entre otras lindezas, el “junior de Macuspana” —como se le conoce en algunos círculos, incluso al interior de Morena— llama al gobierno americano “camarilla de mafiosos, que reciben dinero, corruptos; política exterior hitleriana; gobernante apático, distinto al que conoció y trató” —se refiere al Donald Trump que trató y conoció su padre (AMLO)—.
En primer lugar, destaca la referencia a “su padre”, para variar. Este hombre, claramente incapacitado para la política seria, ha luchado insistentemente por separarse de su padre, o que lo conozcan por sí mismo y no por los logros, mitos o alcances de su papá.
Y al mismo tiempo, vive en una constante referencia a su progenitor. ¿Será que alguna vez pueda volar con alas propias?
Andy, evidentemente ofendido por el retiro de la visa que le permitía acceso a territorio estadounidense, se descose en una catarata de insultos, agravios, descalificaciones al gobierno de ese país y a sus líderes y representantes. Llega al extremo de calificar de “camarilla corrupta”.
¿Alguien podrá haber asesorado a este palurdo? ¿Alguien podría haberle advertido que coloca a la presidenta de México en una posición extremadamente comprometida?
¿Qué hace ahora Claudia, cuando equívocamente sale a defenderlo?
¿Suscribe el texto de Andresito “el imprudente”? ¿Apoya las calificaciones y denuestos en contra del vecino y sus representantes?
Extremadamente delicado que este aprendiz de caudillo atropelle la política exterior mexicana de esta forma y, en el camino, deje a una presidenta —a quien evidentemente no se le consultó por la lamentable filípica— prensada entre su mentor y la impresentable descendencia, y su rol y función como jefa de Estado.
El joven Andy —ya no tan joven— y sus defensores en Morena —de vergonzosa respuesta y posicionamiento— pretenden convertir esto en un asunto de Estado, de injerencia internacional que viola y mancilla la soberanía. ¡Falso! El tal Andy es un ciudadano particular, aspirante a cargo de elección popular, que ni puesto tiene como funcionario de gobierno o de partido, que perdió por sus repetidos fracasos.
La respuesta es desproporcionada, gravemente delicada porque no se trata de un ciudadano cualquiera. Resulta que es el hijo del expresidente, aspirante a político de poca monta, pero con el enorme valor de la marca: se llama igual, de ahí la importancia de que sea conocido por su nombre, y no con el mote diminutivo y cariñoso con que su padre lo presentó a la nación. Aunque se enojen y pretendan tener personalidad propia. Es el hijo del expresidente y tiene la aspiración de vivir del prestigio, reputación o escándalos y torpezas de su padre. Las balanzas cambian su peso y no son eternas.
Desastroso control de daños por parte de la Presidencia y las afirmaciones de la señora Sheinbaum. “No vamos a abrir una investigación porque le quitaron la visa”; “no define a una persona”.
Pues debiera la Fiscalía abrir una investigación seria y secreta —si prefieren, para no encender las alarmas en Tabasco— para saber qué información tiene el gobierno de Estados Unidos sobre el personaje en cuestión: ¿Está ligado a narco? ¿Tiene relaciones comprometedoras y peligrosas? ¿Ha realizado él, o sus empresas y socios, transacciones sospechosas de algún ilícito en EU?
Mejor prepararse, doña Ernestina, no los vayan a sorprender con los dedos detrás de la puerta.
El problema de este gobierno es que prevalece la ideología y la lealtad política al caudillo, por encima de la justicia, de las negociaciones internacionales; incluso el T-MEC es secundario a la defensa de López Obrador.
La señora presidenta debe evaluar con extrema seriedad y profesionalismo su lugar en la historia y el papel que enfrentará al terminar su gestión. ¿Será señalada por encubrir a delincuentes? ¿Le presentarán cargos por proteger a personajes señalados por la justicia americana como Rocha, Insunza y algunos otros?
Siempre queda la bandera, presidenta, y el Castillo de Chapultepec para actos heroicos, pero el país está de por medio, y las relaciones con el vecino, que sin duda ejerce presión política, comercial, migratoria y de seguridad, son esenciales para México.
Este no es un acto de injerencia internacional. Es un acto contra un individuo al que hay que investigar, para saber en detalle qué hay detrás.