La Aldea

¿Viva México?

¡Viva el México de la democracia, de la pluralidad y del Estado de derecho! Viva el México de la seguridad y del combate judicial al crimen.

A riesgo de parecerle a usted anticlimático y ensombrecer con un velo de amargura las fiestas patrias y las celebraciones conmemorativas por la Independencia, hago una pausa para escapar al tradicional orgullo nacional, la efervescencia por vivir y ser parte de un gran país y cultura, para reflexionar en el momento que vivimos.

Lo invito también a escapar de la política. De esa gigantesca maquinaria de propaganda y confrontación, que con rotundo éxito ha impulsado el régimen morenista: los buenos, los malos, los ricos, los pobres, los honestos y los ladrones del pasado —¡por supuesto!—, el México de hoy no admite truhanes ni hampones, aunque salen por las coladeras del aparato oficial todos los días.

Por décadas nos ha ganado el patrioterismo. Ese sentimiento festivo y pambacero de festejar en la plaza al fantástico país que es México. Nos ha vencido el fulgor en el corazón del “como México no hay dos” y de que, a pesar de nuestros problemas, aquí seguimos.

Rindo aquí homenaje a los que alguna vez soñaron con que podíamos ser más, alcanzar el estatus de nación moderna, integrada, pujante, pluricultural, relacionada con el mundo, sin complejos de conquistas sangrientas hace medio milenio.

Pero seguimos atrapados en el sentimiento nostálgico de un México independiente, que como eje discursivo sigue alegando la soberanía y la orgullosa autonomía absoluta.

No importa que estemos rebasados por el crimen, no importa tampoco que la corrupción institucional se haya convertido en un virus que lo contamina todo, los contagia a todos, invade toda esfera pública y, con frecuencia, también privada.

Nada de eso importa, porque la celebración se impone. El martes en el Zócalo hubo más de 5 horas de espectáculo musical con notables producciones escénicas. Esa es la fiesta mexicana, el orgullo patrio exultante en la verbena; la satisfacción por las pensiones, los programas sociales y el aparato en marcha para renovar los mandos y mantener el poder.

¿A usted le gusta el México en que vivimos?

¿Le gusta el México de los miles de feminicidios que, ante el peso de la frecuencia, asumimos como parte de la realidad nacional? Tiene que estallar un caso como el de la estudiante española en Morelos para que vuelva a ser noticia, cuando cada semana se registran en el país docenas de asesinatos a mujeres.

¿Aprueba usted la pérdida gradual de libertad de movimiento? ¿El territorio ocupado por grupos criminales que imposibilitan transitar con seguridad por nuestro México?

¿Cuándo fue la última vez que condujo su automóvil hacia Morelos, el Estado de México, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas, Guanajuato?

¿Le gusta el México de los más de 140 mil desaparecidos, que mejor no les llamamos muertos —aunque no aparezcan— para no engrosar la estadística que nos convierta en un camposanto nacional?

¿Le gusta el México de un Pemex quebrado que mejor no se reestructura o se corrige a riesgo de lastimar el orgullo nacional? En diciembre de este año se le habrán inyectado 2 billones de pesos en 8 años a una empresa estatal cuyo modelo es fallido, su estrategia es un fracaso y se mantiene de forma artificial para efectos del discurso nacionalista.

¿Qué decir de la educación pública de regreso a manos de los sindicatos, reprobada a nivel internacional, sin evaluaciones, controles, estándares de calidad? Solamente más plazas y miles de millones de pesos a los sindicatos. Un pacto criminal para las futuras generaciones.

¿Y la salud? Con hospitales desprovistos, saturados, presupuestos reducidos y dinero en los bolsillos de los mexicanos para que se atiendan en las farmacias particulares.

Siempre podemos optar —como todos los gobiernos— por la óptica del vaso medio lleno en contraste con la mitad vacía. Aplaudir “los avances”, las potentes obras de infraestructura también subsidiadas y quebradas que enriquecieron a algunos. El cuento de toda la vida.

¿Han salido mexicanos de la pobreza? Según el INEGI, aproximadamente del 6 al 8 por ciento de los mexicanos abandonaron los niveles de pobreza media, aunque la pobreza extrema se mantiene en algunos estados.

Las cifras no son claras desde que el Coneval fue eliminado por el gobierno morenista. Mejor no medir, para festejar en la plaza e ignorar el tamaño de nuestros problemas.

¡Viva el México de la democracia, de la pluralidad y del Estado de derecho! Viva el México de la seguridad y del combate judicial al crimen, al narcotráfico, a la corrupción. No se trata de matarlos, o de extraditarlos para que otros resuelvan nuestros problemas; se trata de procesarlos, enjuiciarlos y sentenciarlos.

Que no viva el México de los narcopolíticos, de la corrupción enquistada ante el debilitamiento institucional.

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