La Aldea

2º. Informe: matices

La presidenta ha crecido políticamente. Mayor fuerza, energía, presencia e incluso autoridad. Va pareciendo más presidenta que hace un año.

La presidenta ha crecido políticamente. Mayor fuerza, energía, presencia e incluso autoridad. Va pareciendo más presidenta que hace un año.

Tanto es así que hoy puede presentar como verdades inapelables declaraciones que en los hechos no se sustentan o que, al menos, admiten matices diferentes.

Aquella máxima de decir la verdad no significa no mentir, sino matizar los escenarios y las realidades.

Por ejemplo, el largo argumento doble de la honestidad y la honradez. Perdón, presidenta, pero no tiene verificativo en la realidad política mexicana de hoy.

No la tiene con los dispendios en vuelos privados de la gobernadora Lezama en Quintana Roo, como tampoco la tiene en las inocultables evidencias de los vínculos entre Rocha Moya con los chapitos y mayitos en Sinaloa.

No hay honestidad ni honradez en las evidentes relaciones entre Adán Augusto López y el Cártel de la Barredora. En sus extensas propiedades en Chiapas, donde su excuñado Rutilio Escandón facilitó la adquisición y control de tierras fértiles y bien ubicadas.

Pero sobre todo no hay honestidad ni honradez en los hijos del expresidente que cierran acuerdos, negocios, contratos y empresas en múltiples áreas relacionadas con el gobierno federal. Esa presidenta es una realidad distinta a la que usted pretende hacernos creer.

Se acerca mucho más a corrupción, a tráfico de influencias, a conflictos de interés, que a la prometida “honestidad valiente” que tanto han pregonado.

Pero hay más matices en el discurso del Segundo Informe.

En materia económica, es una imprecisión afirmar que hubo récord en inversión extranjera, cuando arriba del 88% de lo registrado proviene de reinversiones de empresas e industrias extranjeras con presencia en México, que decidieron no extraer —perfectamente legal— sus ganancias en el último año, sino recolocarlas e invertirlas en sus propios negocios en México. Es decir, no es dinero nuevo que llega al país en forma de inversión extranjera directa (IED), sino como reinversión. Importa el matiz, porque se vende como algo distinto de lo que en realidad consiste.

Tampoco es una verdad incuestionable que la fortaleza del peso sea una señal de la potencia de la economía mexicana, cuando es el dólar americano y su consistente devaluación en mercados internacionales como consecuencia de la guerra (con Irán) y los mismos aranceles, los que han debilitado a la moneda estadounidense. El peso se mantiene fuerte porque el dólar se debilita, no porque México crezca a niveles espectaculares.

Y el crecimiento arroja también verdades parciales o afirmaciones que requieren matices: el crecimiento de la economía mexicana es apenas del 1%, una señal de mediocridad profunda, que exhibe dos carencias fundamentales: la falta de perspectiva a mediano y largo plazo del T-MEC — producto de la revisión anual dictada por Trump— y la falta de inversión interna.

La defensa de las megaobras, presidenta, con toda franqueza, es un mensaje político de apapacho a su antecesor. Las obras pierden dinero, dinero de los mexicanos, que usted y su mentor dilapidaron en una refinería inservible e innecesaria, un tren que se descarrila 1 vez al mes —promedio conservador— y un aeropuerto que simplemente es el símbolo de un muy caro capricho para el país.

Las tres megaobras, aunque tengan y registren usuarios y actividades, requieren de subsidios multimillonarios para cubrir su déficit. En los hechos, no son rentables; le cuestan a los mexicanos dinero que ustedes una vez más prefieren dilapidar antes que reconocer las graves fallas de su funcionamiento, operación y construcción. No importa, total, es dinero del pueblo que ustedes derrochan con cinismo para ensalzar los principios del movimiento.

Pocos pasajes históricos en México han resultado tan deficitarios para la economía mexicana como la Cuarta Transformación. Hágase y gástese, sin medida ni control, porque así lo disponen los que mandan.

Un último matiz tiene que ver con el contundente mensaje de unidad reforzado en el discurso: “Aquí no hay fracturas ni rupturas”. Otra entelequia que disfraza la realidad: ¿qué acaso no hubo un extenso documento en que morenistas de altos niveles rechazaron y desconocieron el regreso de Muñoz Rocha? ¿Cómo que no hay fractura? Le hicieron el vacío al otrora “hermano” del caudillo y lo enviaron de regreso al retiro oscuro y humillante. ¿Eso cómo se llama? ¿Qué nombre recibe? ¿Honroso retiro? ¿Inoportuno e improvisado regreso?

Sólo unos matices para no repetir la catarata de afirmaciones imprecisas.

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