El Globo

El aniversario y la provocación

La inexplicable falla de inteligencia en las fuerzas de seguridad israelíes solo puede entenderse en el contexto de un día de conmemoración que relajó la vigilancia.

El sábado se conmemoró el 50 aniversario de la guerra del Yom Kipur. Momento y ocasión que el grupo extremista Hamás, en Palestina, aprovechó para lanzar un ataque y una incursión terrestre en territorio israelita.

La inexplicable falla de inteligencia por las fuerzas de seguridad israelíes podría sólo comprenderse como un día de aniversario, de conmemoración y memoria histórica que relajó los controles y la vigilancia.

De otra forma resulta incomprensible que uno de los aparatos más sofisticados de seguridad nacional en el planeta haya sido vulnerado de forma tan ofensiva. Más de 2 mil misiles y la invasión territorial que provocó el secuestro de –hasta donde sabemos– 150 personas, entre israelitas y extranjeros.

El célebre escudo de acero, el sistema antimisiles de Israel que ha probado éxito contundente en el pasado, fue superado significativamente el sábado. Tal vez a causa del número de cohetes lanzados o, tal vez, por la distracción de fuerzas encargadas de activar la defensa.

Es importante entender el contexto político reciente, más allá de la declarada guerra de los grupos extremistas islámicos: Hamás y Hizbullah, que han estipulado como su principio de existencia la destrucción del Estado de Israel.

Benjamin Netanyahu se ha ido convirtiendo, en sus 14 años en el poder, hacia la extrema derecha. En opinión de muchos politólogos locales, en aras de mantenerse en el poder, se ha visto forzado a pactar y a negociar con la ultraderecha militarista israelita.

En los últimos dos años, el gobierno ordenó la instalación de asentamientos de ciudadanos de Israel en la colindancia de la Franja de Gaza, como un mecanismo para reclamar la tutela indiscutible de los territorios, un añejo tema de disputa entre Palestina e Israel.

Para muchos analistas europeos, los nuevos asentamientos israelitas fueron vistos como un claro acto de provocación a Palestina, suficientemente disminuida y debilitada con los bloqueos y el aislamiento a que está sujeta en sus dos territorios: Gaza y Cisjordania.

Los esfuerzos pacifistas de los años 90, las figuras gigantes de Isaac Rabin –asesinado por un extremista judío– y de Shimon Peres, que impulsaron por años distintos mecanismos para alcanzar la paz negociada, no fueron continuados por Netanyahu.

La ultraderecha israelita, con fuerte influencia religiosa, afirma el derecho establecido por Dios de ser el pueblo judío el ocupante de esa tierra. No conceden diálogo, acuerdo, construcción de espacios para destensar la región que en los últimos 15 años ha experimentado momentos de fronteras relajadas, y otros de elevada tensión, revisiones extremas e incursiones militares del Ejército de Israel en busca de activistas y terroristas islámicos en Gaza, principalmente.

Los ultras no quieren el diálogo, no quieren la armonía y la paz. Quieren imponer su derecho “único” –afirman– a ocupar esas tierras.

En contraparte, las organizaciones terroristas islámicas han continuado, con altas y bajas, con el respaldo de Irán para Hamás, y de Siria para Hizbullah. Son estas naciones y sus sectores más belicosos quienes financian y envían armamento para incendiar la región.

La inteligencia israelita había sido muy eficiente en los últimos años en prevenir la entrada de misiles, lanzacohetes y armamento de mediano alcance. Con ello habían limitado las acciones terroristas a bombas caseras y atentados de bajo impacto.

El sábado sucedió algo, aún no esclarecido, que dislocó la defensa israelita, exhibió serias vulnerabilidades y penetró territorio, atacó ciudadanos en zonas pobladas y misiles de corto alcance hicieron impacto causando la muerte de civiles. Difícil de explicar con la tecnología y el armamento a su disposición.

La acción de Hamás y sus potenciales financiadores es altamente condenable, como lo es también la brutal, violenta y descomunal contraofensiva israelita, de la que, a mi juicio, estamos viendo apenas el inicio.

Miles de palestinos inocentes sufrirán las acciones despreciables del terrorismo islámico por el contrataque de Israel; así como miles de ciudadanos israelitas serán víctimas de la irracional violencia del extremismo islámico.

Israel ha triunfado consistentemente en todo conflicto armado que ha enfrentado desde hace más de 50 años, desde la guerra de los Seis Días y las que vinieron después.

Algunos sabios entendieron hace mucho que este círculo interminable de violencia y reclamo ancestral de tierras no tendrá fin, mientras no se encuentren mecanismos para una paz duradera, negociada y estable, que otorgue equilibrio a la región.

Los palestinos son víctimas de la imposición israelita, mientras que los judíos son víctimas del terrorismo islámico.

No hay salida, mientras no se busquen caminos para la coexistencia pacífica.

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