Donald Trump enfrenta 7 semanas críticas de aquí a las elecciones intermedias de noviembre, que renuevan el total de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.
Es decir, en 47 días a partir de hoy, los americanos acudirán a las urnas a emitir su preferencia por representantes ante el Congreso.
Según Real Clear Politics (una integradora de encuestas académicas, universitarias, de empresas de opinión pública y medios), los demócratas arrojan en promedio una ventaja para obtener la mayoría de la Cámara de entre 8 y 11 puntos de forma diversificada por regiones.
La gran sorpresa es que existe la posibilidad de que también conquisten la mayoría en el Senado, algo que hace tan sólo un par de meses parecía inalcanzable. En la Cámara alta la ventaja es menor, mucho más estrecha, de apenas 4 a 6 puntos.
A Trump se le acaba el tiempo para intentar —demasiado tarde en opinión de varios expertos— revertir el efecto negativo que los precios de combustibles (gasolinas y diésel) han tenido en el bolsillo de los estadounidenses.
La guerra con Irán, el férreo control que esa nación ha ejercido sobre el cruce de barcos-tanque por el estrecho de Ormuz, ha conducido con inesperado éxito para el régimen vigente de los ayatolás a debilitar políticamente al presidente Trump en su propio territorio. Ningún cálculo geopolítico o militar —prueba del fracaso del Pentágono y la CIA en planificar los ataques y el conflicto— podría haber anticipado ese efecto de bumerán.
Hoy los iraníes ganan la guerra por presión y por control de los precios del petróleo, no por ataques, armamento o blancos destruidos.
Se ve imposible que el gobierno americano logre acuerdos sólidos y consistentes para concluir el conflicto y disminuir, de forma abrupta, los precios en las gasolineras americanas. Hasta 6 dólares el galón ha alcanzado la gasolina en las últimas semanas.
Todas sus declaraciones, amenazas, ocurrencias han sido infructuosas.
Ya reconoció la semana pasada que no se resolverá nada hasta después de las elecciones, justamente en el mismo evento donde ofreció 5 mil dólares para cada ciudadano adulto si gana el Congreso.
No hay antecedentes, por lo menos en los últimos 120 años, de compra de votos de forma abierta, cínica y en la propia voz del presidente, en la historia de los Estados Unidos.
Así de acorralado se siente cuando las encuestas arrojan resultados negativos en muchos estados de la Unión y la tasa de aprobación individual por su desempeño ha caído a niveles por debajo de los 40 puntos.
Los riesgos en la derrota en el Congreso son varios y diversos. El primero a descartar es la función natural de contrapeso que el Congreso ejerce en las decisiones del ejecutivo.
Trump ha gobernado por decreto, ha emitido más de 257 órdenes ejecutivas, saltándose al Congreso con acciones de gobierno que desplazan la labor legislativa. Y eso, evidentemente, va a continuar.
Pero hay dos problemas sensibles: la Cámara de Representantes autoriza el presupuesto federal, el techo de la deuda y el dinero que gasta el Poder Ejecutivo. Ahí puede venir un apretón importante al impedir que Trump continúe endeudando al país de forma ilimitada.
Y el segundo, su legado. Con la mayoría, los demócratas impondrán comisiones especiales de investigación a los múltiples señalamientos de enriquecimiento ilícito, tráfico de influencias, uso de información privilegiada, manipulación de mercados financieros y tantos otros delitos en los que, a todas luces, con cinismo y desparpajo, ha incurrido el presidente, su familia y su círculo más cercano.
Probablemente iniciarían otro proceso de impeachment (destitución) —hubo dos fallidos en su primera administración— de resultado dudoso e improbable, pero su gobierno concluiría entre juicios, demandas, audiencias ante el Senado y la Cámara, tendiendo un extenso velo de delitos financieros y negocios a costa de la Casa Blanca y la Oficina Oval.
Su anhelado lugar en la historia estaría muy lejos de Mount Rushmore (los rostros esculpidos de cuatro presidentes de los Estados Unidos), de las estatuas que añora y de su Arco del Triunfo en Washington (¿cuál triunfo?).
Su lugar estaría mucho más cerca del de un personaje que dañó gravemente la democracia estadounidense, el prestigio y la reputación internacional como país de instituciones serias y de Estado de derecho; y es muy probable que algunos de sus hijos acaben en la cárcel.
Se acaba el tiempo, subirá las tasas de referencia la Reserva Federal esta semana, y el impacto de la deuda (40 billones de dólares) será aún mayor.