El Globo

México: décimo lugar de vacunación en América Latina

De hacer una comparación a nivel mundial, México tendría que hacerlo con países de África o el sudeste asiático.

Según datos oficiales emitidos por cada ministerio de salud y reunidos en Our World in Data, México alcanza niveles de vacunación de 36.3 por ciento. Estamos, según esta tabla, por debajo de otros nueve países (Uruguay, 73 por ciento; Chile, 72 por ciento; Argentina, 55 por ciento; República Dominicana, 51 por ciento; Ecuador, 50 por ciento; Brasil, 49 por ciento; Costa Rica, 46 por ciento; El Salvador, 43 por ciento; Panamá, 43 por ciento), varios de los cuales tienen una población menor a la mexicana, pero también está Brasil que nos supera significativamente.

La estrategia de vacunación en México es un auténtico misterio, no sólo por la pobre información que el célebre chapulín Gatell difunde, sino porque las vacunas “desfasadas” –en sus propias palabras–, es decir, aquéllas que no están en ningún lugar pero el subsecretario afirma que están en tránsito, alcanzan los escandalosos números de 20 millones de dosis. ¿Quién distribuye?, ¿a dónde llegan?, ¿cómo asignan las cuotas por entidad y municipio? Ésas y muchas dudas más siguen, a siete meses del inicio de la vacunación, representando una incógnita que nadie ha sido capaz de resolver.

A pesar de los oficiosos esfuerzos de la cancillería y su titular, el secretario Ebrard, y de la tardía pero intensa movilización para conseguir vacunas para el pueblo mexicano, somos el décimo lugar en América Latina. Ya no pregunte usted cómo estamos a nivel internacional porque no vale la pena compararnos con países de África o el sudeste asiático.

El gobierno mexicano ha sido ineficiente en extender una estrategia de vacunación amplia, eficaz y acelerada. La vacuna fue usada como instrumento político-electoral durante mayo y junio, antes de las elecciones, y después cayó en un marasmo penoso. Mientras más vacunas se hacen accesibles al mundo y más países tienen acceso a diferentes alternativas y productos, México lo ha hecho con criminal lentitud, penosa logística y lastimosa propaganda.

Con todo contrastan historias como las de Campo Marte o las del Pepsi Center en determinados días. Testimonios de vacunados afirman extraordinaria organización, celeridad y orden impecable.

¿Cómo es posible que puedan ser verdaderas ambas historias? Se explican las narrativas a partir de los responsables: cuando titulares de cada punto de vacunación tuvieron un mínimo margen de operación para organizar y ordenar el flujo de personas y la celeridad de dosis colocadas, esos centros de vacunación funcionaron ejemplarmente.

Cuando se trata de funcionarios de alto nivel en la Secretaría de Salud, que trasladan, ordenan cargamentos de vacunas por zona o entidad, y asignan el misterioso transporte, ahí todo se convierte en el triángulo de las Bermudas.

Para funcionarios de la cancillería, responsables de recibir los cargamentos, acelerar su entrega, comprobar la llegada y condición de las dosis, se ha convertido en un ejercicio de enorme desgaste político e intersecretarial cuando comprueban que Salud no opera con la misma eficacia para distribuir las vacunas y hacer más eficiente su aplicación.

Países como Panamá, El Salvador o Ecuador, que ciertamente cuentan con poblaciones totales mucho más reducidas, enfrentan enormes obstáculos por geografía y recursos. Y con todo nos superan.

El gobierno puede vanagloriarse de que la vacunación avanza, pero lo cierto es que de manera inexplicablemente torpe, centralista, irresponsable y poco profesional.

El control absoluto de las vacunas pareciera ser la máxima dictada desde Palacio, de tal forma que todas las ofertas de empresas, bancos e incluso gobiernos estatales para buscar y traer vacunas por su cuenta y apoyar al gobierno con segmentos de población específica, han sido negados y prohibidos tajantemente. Aquí nadie vacuna más allá del gobierno federal, y ahí tiene usted los resultados.

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