El Globo

¿A qué viene Salazar?

Ken Salazar es un experto en varios temas capitales para la presente administración. Dos esenciales: migración y fuentes energéticas.

La reciente designación de Ken Salazar como embajador de Estados Unidos en México sorprendió a más de un internacionalista.

Sin experiencia diplomática, sin conocimiento de organismos multilaterales o trayectoria en posiciones internacionales, pero con una amplia carrera política en su país, la Casa Blanca y el Departamento de Estado postularon a este exsenador por Ohio y exsecretario del Interior con Obama.

Ken Salazar es un experto en varios temas capitales para la presente administración. Dos esenciales: migración y fuentes energéticas.

Fue responsable, junto con el ya desaparecido senador Kennedy, de aquella iniciativa de reforma migratoria integral al principio del gobierno de Obama, para regularizar y ordenar los flujos migratorios, otorgar visas de trabajo y permisos de estadía. Fue una reforma fallida, recordará usted, por el rechazo republicano en el Congreso.

Su otra área de conocimiento es la energía, las fuentes renovables, energía eólica y solar. En 2007 fue coautor de la Estrategia de Independencia Energética de los Estados Unidos para la entrante administración Obama, que postulaba ya el creciente uso de energías limpias.

Biden declaró entre sus prioridades, hace seis meses, el impulso de energías limpias en la Unión Americana y la gradual desincorporación de los combustibles fósiles.

El gobierno mexicano ha optado ostensiblemente por la ruta contraria. En dos años rechazó contratos y empresas de generación eólica, y de producción de celdas fotovoltaicas. Canceló –de forma inconstitucional– las prioridades de despacho de energía en la red, cuando se establece que deben subir y ofrecerse al consumidor las más baratas como prioridad, y ahora la prioridad se concentra en fortalecer las empresas del Estado. Es decir, Pemex y CFE, que por cierto, producen las energías más caras y contaminantes.

La presencia de Ken Salazar en Paseo de la Reforma representa un mensaje claro y preciso desde Washington: nuestra prioridad son las energías limpias, apoyaremos toda inversión, alianza, presupuesto y política pública destinada a fortalecer esa estrategia.

Combatiremos todo lo que vaya en dirección contraria.

Así que Rocío Nahle, Manuel Barttlet y el presidente de la República tienen hoy un opositor claro, firme y diplomático también en el embajador Salazar.

México va a contrapelo de la historia y del mundo.

Si queremos heredar un planeta con el menor daño posible, o el mayor equilibrio alcanzable, será posible si –y sólo si– se cumplen los acuerdos mundiales y si reducimos la temperatura del globo; si eliminamos los gases de invernadero, combatimos el calentamiento global y se trabaja por reducir la huella de carbono por la producción humana depredadora y desmedida.

Algunos gobiernos y científicos lo tienen claro. México no.

No hay una sola voz en el gobierno que le diga al Presidente el daño que la CFE produce al generar electricidad con el combustóleo abundante y excesivo de nuestra industria. Estos señores, enfrascados en la nostálgica visión de la autonomía energética, hicieron la apuesta equivocada: el petróleo y sus derivados como motores de crecimiento.

Salazar está aquí para defender empresas energéticas norteamericanas (canadienses y estadounidenses), además de reafirmar las prioridades del gobierno de Biden: migración regulada y protegida, seguridad compartida y unificada.

Veremos quién entiende, de todo esto, en nuestro gobierno.

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