En un entorno donde la incertidumbre se ha convertido en la constante y no la excepción, la pregunta sobre cómo liderar cobra una urgencia renovada. El 58% de los líderes empresariales del país reconoce que 2026 estará marcado por la disrupción, los cambios regulatorios y señales de estancamiento económico, según la encuesta Perspectivas de la Alta Dirección en México de KPMG. A esto se suma que la incertidumbre comercial frenó 17,400 millones de dólares en inversión durante 2025 y amenaza con un golpe adicional de 30,200 millones si las condiciones no mejoran, de acuerdo con Oxford Economics. Con la revisión del T-MEC en marcha, aranceles impredecibles y un PIB que apenas creció 0.7% el año pasado, los consejos de administración enfrentan un momento decisivo.
Resulta relevante un artículo reciente publicado en Kellogg Insight, revista de la Kellogg School of Management de Northwestern University, titulado When the Fog Rolls In, Do Leaders Need a Map or a Compass?, a cargo de Rob Mitchum, editor en jefe de la publicación basado en las ideas del profesor Julio M. Ottino y del investigador Yifan Wu. Ottino (también ex decano de la McCormick School of Engineering de Northwestern). En dicho artículo se propone una metáfora que todo consejero debería conocer, el mapa y la brújula como los dos modos fundamentales de navegación empresarial.
El mapa, explica Ottino, es el plan de negocios, un conjunto de metas y rutas cuidadosamente trazadas que guían la toma de decisiones. Funciona extraordinariamente bien en entornos estables y predecibles, lo que el filósofo Karl Popper llamó pensamiento de reloj. Sin embargo, cuando el terreno cambia (volatilidad comercial, presión regulatoria y reconfiguración de cadenas de suministro), el mapa por sí solo resulta insuficiente.
La brújula, en cambio, representa la visión y los valores del líder, esa capacidad de orientarse cuando lo inesperado ocurre. Líderes como Steve Jobs, Warren Buffett y Lisa Su, navegaron sus empresas no solo con planes detallados, sino con una convicción interna sobre el rumbo correcto. Sin embargo, Ottino advierte que una brújula desconectada de la realidad operativa puede convertirse en delirio, citando los casos de Theranos, WeWork y Jawbone como ejemplos de visión sin sustento.
“El mapa y la brújula no son rivales”, afirma Ottino. “Son socios en una forma más exigente de navegación. Los mapas ayudan a las organizaciones a optimizar dentro de un terreno conocido; las brújulas ayudan a los líderes a orientarse cuando el terreno mismo cambia”.
Para los consejos de administración, la lección de Ottino resulta especialmente oportuna. Las empresas ya resienten los efectos concretos del entorno, desafíos logísticos, mayores costos arancelarios, presiones fiscales crecientes y la necesidad urgente de automatizar procesos para mantener la competitividad. La resiliencia, la innovación y la adaptación son señaladas por los propios CEOs como las claves para enfrentar un entorno en el que las intermitencias geopolíticas no tienen fecha de término. La tendencia natural ante la crisis es refugiarse en lo conocido (más control, más rigidez, más reloj); sin embargo, Ottino plantea que precisamente en momentos difíciles existe la oportunidad de activar el pensamiento creativo y captar talento que otros están dejando ir. “Dado que todos recurrirán más al reloj, esta puede ser una oportunidad para adquirir talento en la nube”, señala el profesor.
Ottino también subraya que la brújula no se improvisa. Desarrollarla exige exposición a disciplinas diversas (ciencia, ingeniería, arte, literatura, diseño) que fortalezcan la flexibilidad intelectual necesaria para navegar la incertidumbre. “Muy pocas personas vienen con una brújula, y no se puede pedir a otros que la definan por uno”, advierte. “Es una combinación de convicciones firmes sobre cómo opera el mundo y cuánto riesgo se está dispuesto a asumir”.
El mensaje para las empresas mexicanas es claro, los consejos de administración que logren combinar la disciplina del plan con la flexibilidad de una visión fundamentada en valores estarán mejor posicionados para capitalizar las oportunidades que otros no ven.
En un país donde más del 80% de las exportaciones dependen de Estados Unidos, donde la revisión del T-MEC puede redefinir las reglas del juego y donde la inversión enfrenta riesgos de contracción comparables a los de crisis recientes, saber cuándo soltar el mapa y confiar en la brújula no es un lujo filosófico sino una competencia de supervivencia empresarial.
