Detrás de la decisión de Tiendas 3B de dejar de aceptar tarjetas en algunas de sus sucursales, hay un componente técnico del sistema de pagos que ayuda a explicar lo ocurrido: cómo está registrada esta cadena de tiendas en el sistema financiero.

Luego del debate de hace algunas semanas sobre el incremento que se prevía en lo que se cobra a los comercios, que generó dudas y especulaciones, también sirvió para conocer, por un lado, los beneficios que han tenido desde hace unos años el esquema de cuota de intercambio cero para siete giros considerados de incentivo: educación básica, guarderías, médicos y dentistas, misceláneas y abarrotes, refacciones, ferreterías y salones de belleza; todos, pequeños negocios que buscaban incentivar que aceptaran medios de pagos electrónicos. Esa medida comenzó para tarjetas de crédito en 2013 y se extendió a débito en 2019 y es algo que el Banco de México (Banxico) que lleva Victoria Rodríguez mantendrá sin cambio, dado el impacto positivo que ha tenido en la economía y en crecimiento de esos negocios afiliados.
Desde luego, hay que tener en cuenta la diferencia entre cuota de intercambio y tasa de descuento, la primera es el pago que realiza el banco adquirente al banco emisor por una operación con tarjeta y la tasa de descuento, en cambio, es el costo que enfrenta el comercio por aceptar ese medio de pago y puede incluir la cuota de intercambio y otros cargos asociados al servicio.
La diferencia es importante porque la cuota de intercambio cero no significa que para el comercio aceptar una tarjeta sea necesariamente gratuito. Significa que uno de los componentes del costo de la operación, el que se paga entre adquirente y emisor, se elimina.
El objetivo fue concreto: incentivar que negocios de uso frecuente entre amplios segmentos de la población aceptaran pagos con tarjeta y contribuir así a la inclusión financiera. En establecimientos pequeños, donde los márgenes son reducidos, eliminar la cuota de intercambio ayuda a disminuir el costo de aceptar pagos electrónicos y hace más viable instalar y utilizar una terminal.
El problema aparece cuando esa política se aplica a un negocio cuya escala no corresponde con el propósito original del incentivo y sí, justo cuando se dio una revisión de estos temas, fuentes del sector financiero explicaron que Tiendas 3B estaba registrada bajo el giro de tienda de abarrotes, clasificación que le permitió acceder a las condiciones de cuota de intercambio cero y esa, es la verdadera razón, aseguran, por la cual dejó de recibir pagos por esa vía, y sus directivos comentaron que realizaban un “experimento” y promovían CoDi, una opción que hay que decirlo veremos también en el siguiente año que será relanzada en México.
De acuerdo con las mismas fuentes, la revisión de los giros dentro del sistema de pagos derivó en la reclasificación de la cadena y en la pérdida de las condiciones asociadas a esa categoría. Al desaparecer la cuota de intercambio cero, aceptar tarjetas volvió a incorporar ese componente de costo para el establecimiento, por lo que desde el sector financiero, este cambio es identificado como la causa de fondo de la decisión de 3B de suspender la aceptación de tarjetas.

La empresa, encabezada por K. Anthony Hatoum, ha explicado públicamente que se trata de una prueba para evaluar costos, ingresos y riesgos.
Lo que sí es un hecho, es que el objetivo de la tasa cero no está en discusión. Para una pequeña miscelánea, una ferretería, un consultorio o una guardería, reducir el costo de aceptar tarjetas puede ser determinante para ampliar sus opciones de cobro y avanzar en la digitalización de sus operaciones. Por lo pronto, todos insisten que estos giros mantendrán sin cambio las condiciones, pero si se revisa que efectivamente sean pequeños comercios y no grandes cadenas, para evitar eso, insisten, viene ya la segunda ola de inclusión vía CoDi. Ya veremos si lo logran.
Dos décadas de Cibergestión en México

Cibergestión que tiene al frente a José Ángel Borbolla, cumple 20 años en México y lo hace en un momento en el que la transformación digital dejó de ser una aspiración para convertirse en una exigencia competitiva.
En el sector hipotecario ha logrado algo que pocas empresas pueden presumir: transformar un proceso tan importante para las personas y familias como la adquisición de una vivienda, que históricamente era muy complejo y largo, y que sea una operación más ágil.
A la fecha ha gestionado más de un millón de créditos solo en México. La reducción de los tiempos de formalización de más de 40 a 15 días y el trabajo con 12 instituciones bancarias son evidencia de cómo la transformación y la digitalización pueden generar un impacto económico real.
A esto, hay que sumarle que la empresa ha logrado diversificarse en el sector asegurador y automotriz y no sólo de hipotecas. Lo más importante es que en seguros, la reducción de tiempos de gestión es de hasta el 80 por ciento y trámites cinco veces más rápidos muestran que la eficiencia operativa sí transforma industrias. En automotriz, la operación con 25 marcas y 200 agencias, junto con el desarrollo de una plataforma end to end para financiamiento, revela una apuesta clara por digitalizar un mercado que históricamente ha avanzado con cautela y en donde la competencia es intensa.
PVC: el costo de competir en una cancha dispareja
Justo ahora que estamos en plena revisión del tratado comercial y que hay reuniones entre el secretario de Comercio de Estados Unidos y de Economía, en México, a cargo de Marcelo Ebrard, hay una industria que ha alzado la mano, preocupado por lo que está sucediendo y que las afecta, y es la del PVC.
Si bien, el precio más bajo siempre representa la mejor noticia, todo indica que así como sucedió con el acero en un momento, el caso del PVC puede ser el siguiente.
México consume alrededor de 480 mil toneladas anuales de resina de PVC y entre 55 y 60 por ciento correspondería a importaciones que ingresan bajo condiciones que son materia de una investigación antidumping de la Secretaría de Economía.
No se trata de cerrar la puerta a las importaciones, porque México necesita mercados abiertos, proveedores diversos y competencia, y lo que se busca es que esa competencia ocurra en condiciones parejas y ahí, las principales empresas mexicanas que operan esta materia han coincidido.
El PVC no es cualquier insumo. Está detrás de tuberías, vivienda, infraestructura hidráulica, cableado y múltiples actividades productiva. No hay que olvidar que la industria química y petroquímica aporta cerca de 2 por ciento del PIB y sostiene una amplia cadena de empleos.
Por eso, la discusión va mucho más allá de cuánto cuesta una tonelada hoy, sino que a decir de los expertos está en juego la capacidad productiva, la inversión y la resiliencia de las cadenas que México necesitará fortalecer ante la revisión del T-MEC, por lo que todos están atentos a la resolución prevista para octubre y con 21 importadoras y 11 exportadoras involucradas, la decisión que se tome será una señal relevante y sobre todo, de alto impacto para las empresas mexicanas.
Nuevo León: mucho dinero, pero no todo es inversión

Samuel García tiene razones para presumir: Nuevo León sería el estado con mayor crecimiento porcentual del gasto programable federal, al pasar de 238 mil 501 millones de pesos este año a 293 mil 518 millones en 2027, un aumento de 23.1 por ciento, obviamente también porque es una ciudad industrial, que ha concentrado altos niveles de inversión extranjera que requiere el trabajo conjunto con el gobierno federal. Eso sí, el dato tiene letra pequeña, de ese monto, 48 mil millones ya están comprometidos para el Tren del Norte, además de recursos para Pemex y CFE, ya les contaremos más detalles.
Por lo pronto, la moneda está en el aire.