Moneda en el Aire

El consumo vuelve a prender focos amarillos

En el primer semestre de este año la cartera vencida del crédito al consumo alcanzó 66 mil 355 millones de pesos, el mayor monto desde que existe desde el 2020, sí cuando fue la pandemia.

Hay cifras que conviene mirar con calma porque, aunque no anuncian una crisis, sí recuerdan errores que el sistema financiero ya pagó muy caro. En el primer semestre de este año la cartera vencida del crédito al consumo alcanzó 66 mil 355 millones de pesos, el mayor monto desde que existe desde el 2020, sí cuando fue la pandemia.

Ángel Cabrera (Ilustración de Oscar Castro)

Los datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) que lleva Ángel Cabrera, muestran un panorama poco alentador, porque se ubican a niveles similares a los registrados durante una de las mayores caídas de la economía en el mundo, derivado de un hecho inusitado: la pandemia por Covid. En esa época se aplicaron programas sólo utilizados en desastres naturales, de no cobrar unos meses el crédito, además de que por primera vez las instituciones financieras que están agrupadas en la Asociación de Bancos de México (ABM) que lleva Emilio Romano también hicieron uso del capital adicional creado por Basilea III.

Emilio Romano (Ilustración de Oscar Castro)

Tampoco hay que olvidar lo ocurrido antes de la crisis de 2008, cuando las tarjetas de crédito se entregaban prácticamente sin filtro. El objetivo era ganar clientes a cualquier costo y el resultado fue una cartera deteriorada que obligó a bancos, reguladores y usuarios a replantear las reglas del juego. De aquella experiencia surgieron medidas que hoy parecen normales, pero que en su momento cambiaron el mercado. Una de las más importantes fue la modificación al esquema de pagos mínimos de las tarjetas de crédito para evitar que los clientes pasaran años pagando únicamente intereses sin reducir realmente el capital de la deuda. La intención era fomentar un crédito más sano y evitar el sobreendeudamiento, Guillermo Babatz entonces regulador puso el tema y los cambios que hoy se aplican de poner claridad en el pago mínimo.

Hoy el escenario es distinto, pero las señales vuelven a encender alertas. La cartera vencida en consumo crece casi 20 por ciento anual, mientras que la morosidad alcanza niveles no vistos en varios años. Las tarjetas de crédito concentran buena parte de ese deterioro, precisamente en un momento en que el crecimiento económico pierde fuerza, el empleo formal muestra menor dinamismo y el ingreso disponible de las familias enfrenta mayor presión.

El consumo ha sido uno de los principales motores de la economía, pero cada vez más impulsado por deuda. El problema aparece cuando ese crédito deja de ser un puente y se convierte en una carga imposible de sostener. Si los hogares comienzan a tener dificultades para cubrir incluso el pago mínimo, el riesgo deja de ser exclusivamente bancario y se convierte en un problema para toda la economía y ahí, toda la industria está ya atenta.

Eso sí, a diferencia de hace casi dos décadas, hoy los bancos cuentan con mejores modelos de originación, mayor información de los clientes y una regulación mucho más robusta, pero como dicen los expertos, ningún modelo de riesgo puede sustituir la capacidad de pago de una familia cuando la economía pierde velocidad, y es un hecho que la mexicana nada más no avanza como se espera, y esto lo dicen en “corto” todos los que están en el negocio.

El crédito al consumo es clave, las tarjetas de crédito son también fundamentales y no deben satanizarse, porque es la puerta de entrada a otros créditos, pero si no se hace bien, igual es el cierre de oportunidades para miles de tener un patrimonio con otros tipos de financiamientos. Por eso la importancia de seguir el crédito al consumo; quizás veremos pronto un nuevo periodo de refinanciamientos, si la economía sigue lenta.

Por ahora, las cifras todavía no hablan de una crisis, pero sí de un llamado de atención, un foco amarillo, que nadie quiere se convierta en rojo.

Competir también es abrir mercado

María Ariza (Ilustración de Oscar Castro)

Han sido ocho años de intenso debate, competencia y cambios en el mercado de valores mexicanos. Y es que la irrupción de BIVA que lleva María Ariza modificó cómo se venía operando en esa industria, que históricamente había sido dominado por un solo jugador. En estos ocho años, son más de 967 mil millones de pesos canalizados en financiamiento, 105 emisoras listadas. En deuda de largo plazo han colocado 225 emisiones por más de 450 mil millones de pesos, con una participación de 24 por ciento en este segmento, a las que se suman 232 emisiones de corto plazo por más de 100 mil millones de pesos, más de 280 mil millones en llamadas de capital y suscripciones en CKDs y CERPIs, y seis FIBRAS listadas.

La competencia ha demostrado ser un buen camino, y también hay que reconocer que han trabajado y apostado de forma permanente una apuesta por reducir costos, incorporar tecnología y acercar el mercado bursátil a empresas que antes ni siquiera consideraban financiarse por esta vía, y de lograrse por fin implementarse los cambios en la Ley del Mercado de Valores para que más pequeñas y medianas empresas participen, podría ser el despegue que todos esperan.

Sin embargo, también hay que poner los resultados en contexto, pues sí bien es cierto que han pasado ya ocho años, y todavía sigue luchando, BIVA está lejana del liderazgo que mantiene la Bolsa Mexicana de Valores que lleva Jorge Alegría.

Incluso en operación diaria, participa con alrededor de 21 por ciento del importe negociado, una cifra relevante, aunque insuficiente para hablar de un mercado equilibrado. No hay que olvidar que se construyó una bolsa desde cero, y ganarse la confianza de emisores e inversionistas y demostrar que la competencia genera innovación era, quizá, el reto más complejo. Por lo pronto, el trabajo en equipo quedo demostrado y son ya ocho años, y un largo camino aún por recorrer.

Brindar con cerveza

El estudio “The Consumer Trends Shaping Adult Beverages 2026”, elaborado por Ipsos e IWSR en colaboración con AB InBev, que en México tiene a Grupo Modelo que lleva Daniel Cocenzo, muestra los cambios no sólo en el consumo de alcohol, sino una radiografía generacional en todo el mundo.

La principal conclusión es que la industria mantiene una base sólida de consumidores, pero enfrenta un cambio profundo en sus preferencias: ya no se trata de consumir más, sino de consumir mejor, con mayor intención y buscando experiencias de mayor valor y el dato interesante es que la Generación Z ya alcanzó niveles similares al resto de la población adulta que consume en un 76 por ciento bebidas alcohólicas.

Sin embargo, el comportamiento de los consumidores ha cambiado: mantienen prácticamente la misma frecuencia de consumo, pero reducen el número de bebidas ingeridas en cada ocasión y es que ahora el alcohol no es una prioridad en muchas actividades que anteriormente no se podían pensar sin una cerveza de por medio.

Los cambios están a la vista, ya los consumidores buscan un equilibrio entre disfrutar una bebida y mantener un estilo de vida saludable, prestando mayor atención al contenido de alcohol, calorías e ingredientes. Como resultado, las bebidas sin alcohol y de baja graduación registran un crecimiento sostenido, aun cuando no dominan todavía el mercado, ahí la prueba en los estadios en el pasado Mundial, ya que las cervezas sin alcohol eran las primeras en agotarse. Entre las principales razones para reducir el consumo aparecen el costo, la intención de moderar la ingesta de alcohol y el bienestar personal.

El estudio es más que interesante, ya que no sólo muestra los cambios de hábitos, sino que también permite ver como negocios como los restaurantes tienen que irse adaptando a las tendencias. No incluir en su lista bebidas sin alcohol debe cambiar, porque las personas y el mundo está cambiando.

Desde luego, no hay que dejar de lado la creciente importancia de la confianza en las marcas que los consumidores valoran; en un entorno con más opciones e información, los consumidores prefieren empresas que les resultan familiares y transparentes, y 77 por ciento asegura que está más dispuesto a probar un nuevo producto si pertenece a una marca que ya conoce, hoy que es Día Mundial de la Cerveza, vale la pena revisar el futuro de esta bebida.

Comunicación diplomática

Es un hecho que la comunicación es clave en cualquier ámbito. Un mal mensaje puede costar inversiones, relaciones o reputación y ejemplos hay miles, por eso resulta oportuno que un libro recuerde que la comunicación también es una herramienta de Estado, y vale la pena echarle un ojo a La Comunicación como Estrategia Diplomática escrito por Antonio Ocaranza, quien tiene una amplia trayectoria en temas de comunicación. No sólo recopila tres décadas de experiencia, sino que demuestra que la confianza se construye con consistencia y credibilidad, además el libro tiene testimonios de nueve protagonistas de la vida pública y empresarial, con el prólogo de la subsecretaria de Relaciones Exteriores, María Teresa Mercado. Más que memorias, es una guía para entender que comunicar bien también es ejercer liderazgo.

Por lo pronto, la moneda está en el aire.

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