Gustavo de Hoyos Walther

El Leviatán Fiscal

Hay indudablemente un efecto negativo en quitarle recursos a las empresas productivas, pues se desincentiva a la inversión.

Recientemente la Presidenta, Claudia Sheinbaum, abrió el debate sobre si se deben subir los impuestos a los sectores más acaudalados de la sociedad.

Sus argumentos se refieren al afán de reducir la “desigualdad” y su propuesta es que gravar a las grandes fortunas permite redistribuir la riqueza, pues supuestamente una minoría concentra casi la mitad del patrimonio nacional.

Quienes apoyan esta idea argumentan que en muchos países los más ricos pagan una tasa efectiva menor que la clase trabajadora debido a beneficios fiscales sobre dividendos y ganancias de capital. Históricamente - dicen ellos - altos impuestos a fortunas han coexistido con periodos de gran crecimiento económico y creación de empleo.

Quienes así hablan casi nunca se refieren al otro lado de la moneda que también debe tomarse en cuenta en un análisis serio y no demagógico.

Para empezar, hay indudablemente un efecto negativo en quitarle recursos a las empresas productivas, pues se desincentiva a la inversión. Efectivamente, penalizar la formación de capital reduce la productividad y, a largo plazo, afecta los salarios y el empleo.

No debemos olvidar también la ineludible realidad de la fuga de capitales: Existe el riesgo de que los grandes patrimonios se trasladen a jurisdicciones con menor carga fiscal (paraísos fiscales) o que reconfiguren sus carteras hacia activos menos productivos y más difíciles de fiscalizar.

A esto hay que agregar la falta de liquidez: Gravar el patrimonio (propiedades no líquidas como acciones o inmuebles) puede obligar a los propietarios a vender activos para pagar el impuesto, lo que genera distorsiones en el mercado.

Como sucede siempre en estos casos de supuesta generosidad al final se trasladan costos hacia los más necesitados, ya que los impuestos pueden terminar transfiriéndose indirectamente a los precios de bienes y servicios, perjudicando a quienes tienen menos ingresos.

Hasta ahora el gobierno actual ha priorizado la eficiencia en la recaudación y el combate a la evasión sin introducir necesariamente nuevas tasas generales por el momento. Pero no hay que olvidar que se han presentado iniciativas en la Cámara de Diputados para recaudar hasta 60,000 millones de pesos anuales afectando a los sectores más productivos de la sociedad.

La Presidenta habla de un aumento del ingreso del gobierno de manera acrítica, como si se tratara siempre de algo positivo. No es necesario citar los casos de la Unión Soviética donde los ingresos del Estado fueron gastados en crear una casa de horrores que nos dieron experiencias inhumanas como el Gulag.

La idea de que a mayores impuestos menos desigualdad es también algo anti-histórico. En su obra, El Progreso Improductivo, el analista y escritor, Gabriel Zaid, demostró que, al menos en la década de los 70s, aunque aumentaron los impuestos, la desigualdad no disminuyó y más bien aumentó.

Antes de dar un salto hacia el vacío sería buena idea pensar y repensar las cosas en diálogo con los interesados.

Gustavo  de Hoyos Walther

Gustavo de Hoyos Walther

Abogado y Diputado Federal.

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