Ciudad Abierta

Aeroméxico patrocina estudio sobre la trata de personas en CDMX, Cancún y Puerto Vallarta

La trata de personas encuentra riesgos en la cadena turística de México, mientras un estudio identifica puntos vulnerables en CDMX, Cancún y Puerto Vallarta.

La trata de personas es uno de los tres delitos más lucrativos a nivel mundial. Los otro dos son el tráfico de armas y de drogas. Por su naturaleza, el turismo es una actividad propicia para la práctica de este ilícito y México tiene que ver con los dos: es una potencia turística y padece duramente al crimen organizado en todas sus modalidades.

Existen once formas de explotación, reconocidas en la Ley General para Prevenir y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas, y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de Estos Delitos: esclavitud; condición de siervo; prostitución ajena u otras formas de explotación sexual; explotación laboral; trabajo o servicios forzados; mendicidad forzosa; utilización de personas menores de dieciocho años en actividades delictivas; adopción ilegal de personas menores de edad; matrimonio forzoso o servil; tráfico de órganos, tejidos y células de personas vivas; y experimentación biomédica ilícita en seres humanos.

El nuestro es identificado como un país de origen, tránsito y destino de víctimas. Del año 2020 al 2023 el 63 por ciento de los casos registrados correspondieron a la modalidad de explotación sexual; en tanto que entre el 2015 y 2025 fueron identificadas 9,018 víctimas de este delito, de acuerdo con los reportes de víctimas de incidencia delictiva que emite el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Los datos duros contenidos en este texto se encuentran en un estudio que patrocinó Aeroméxico y que recientemente dio a conocer, conjuntamente con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), con el título de: “Panorama de la Trata de Personas en el Turismo en México”.

La empresa que dirige Andrés Conesa Labastida afirma que se trata de un estudio único en su tipo, ya que analiza por primera vez la relación que existe entre la trata de personas y la actividad turística en tres de los principales destinos turísticos del país: Ciudad de México, centrándose en las alcaldías Álvaro Obregón, Benito Juárez, Coyoacán, Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero, Iztapalapa, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza; Cancún y Puerto Vallarta, “lugares donde el cruce entre la alta densidad de turistas y la vulnerabilidad social es más pronunciado”.

Entre los descubrimientos más relevantes de esta investigación se encuentran, por ejemplo, el potencial del sector turismo para ser aprovechado por la red de trata, debido a su alta movilidad, afluencia constante e informalidad laboral; y la localización de puntos ciegos dentro de la cadena turística integrada por aeropuertos, centrales camioneras, hoteles, alojamientos ofertados por plataformas digitales y restaurantes, que son espacios donde pueden presentarse casos.

El documento también describe que la trata de personas se configura a partir de tres elementos. El primero es los Actos, que consiste en el reclutamiento, transporte, transferencia, albergue o recepción de personas. El segundo son los Medios, como amenazas, uso de la violencia, fuerza, coerción, secuestro, fraude, engaños o abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad. Y el tercero son los Fines, que son la explotación en cualquiera de las once modalidades ya mencionadas.

Es muy conocida la historia de la periodista mexicana Lydia Cacho, quien hace más de veinte años publicó el libro “Los demonios del Edén”, en el que denunció una red de pederastia y pornografía infantil protegida por empresarios y políticos, principalmente en Cancún, y las consecuencias que tuvo para su persona, incluido su secuestro.

La trata de persona implica trasladarlas de un lugar a otro, y en ese trayecto son muchos los ojos a lo largo de la cadena turística que pueden detectar el delito y denunciarlo. A pesar de que el personal turístico puede convertirse en un actor clave para reconocer y reportar señales de alerta, alarma este dato que arrojó el estudio de Aeroméxico: 84 por ciento del personal turístico afirmó tener conocimiento sobre la trata; sin embargo, más del 40 por ciento nunca ha recibido capacitación específica sobre el tema. Sin duda, el sector empresarial aún tiene mucho por hacer para contribuir a combatir este terrible delito.

COLUMNAS ANTERIORES

Con ventas de 24 mil mdd, BCD Travel renueva su marca y su tecnología
El ecoturismo y la ‘economía emocional’ han logrado la conservación de la Sierra Gorda de Querétaro

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.