En el espejo de Washington

Biden ‘filibustereado’ y rebasado

El tamaño de los problemas y lo limitado de sus poderes hacen ver a un presidente rebasado. Los frentes se multiplican y lo van sumergiendo en un cúmulo de malas noticias.

Sólo ha pasado un año para Joe Biden en la presidencia y cada día su gestión se va desinflando. Lo que comenzó con buenos augurios y el pie derecho, gracias al paquete de rescate económico y una altísima tasa de vacunación, ha ido perdiendo gas día con día.

Su principal problema es que está rodeado de demasiados y poderosos obstáculos.

Ganó la presidencia, pero desde el arranque no ha tenido bajo su control demasiados resortes y palancas de poder. Su capacidad de maniobra es limitada y no le está alcanzando para llevar a cabo su programa. Además, el que mucho abarca, poco aprieta y sin foco no hay luz.

Biden, ‘filibustereado’

Con este neologismo quiero destacar el insalvable muro que enfrenta en el Senado, hoy conformado por 50 senadores del lado demócrata y 50 del lado republicano, más el voto de desempate de la vicepresidenta Kamala Harris. Supuesta mayoría que le permitiría sacar adelante su agenda; sin embargo, se topa con el gran obstáculo del filibuster, esa regla procedimental que exige la aprobación de 60 senadores para que la iniciativa se abra paso y pueda ser votada.

Al ser una regla de procedimiento estaría en las manos de los demócratas desecharla, pero aquí dos supuestos aliados, los senadores demócratas de Arizona, Kyrsten Sinema, y de West Virginia, Joe Manchin, se han opuesto radicalmente a modificarla, arguyendo que es un candado para evitar la total polarización y la muerte de las soluciones negociadas y acordadas con sentido bipartidista.

Primero Manchin acabó con los sueños del grupo progresista demócrata al enterrar el colosal paquete social propuesto por Biden en materia de apoyos sociales y ambiciosas iniciativas contra el cambio climático.

Esta semana han tirado a la basura la propuesta de modificar el filibuster exclusivamente para dar paso a las iniciativas dirigidas a proteger el voto y contrarrestar todas las triquiñuelas y mapachadas que están preparando los republicanos en los estados que dominan.

Esto reduce enormemente el margen de Biden para generar nuevas leyes y programas que hagan la diferencia y que hagan de su presidencia algo notable para recordar.

La ventana de oportunidad se cierra sobre todo porque todo parece indicar que la frágil mayoría en la Cámara de Representantes (sólo 10 asientos) se va a evaporar durante las elecciones que vienen en noviembre.

El patrón histórico es que el partido del presidente pierde muchos escaños en las elecciones intermedias de su primer término (Obama perdió 61 y Trump 42) y bastará que seis regresen al control republicano para elevar, aún más, la capacidad de obstrucción al gobierno de Biden.

Biden, rebasado

El tamaño de los problemas y lo limitado de sus poderes hacen ver a un presidente rebasado. Los frentes se multiplican y lo van sumergiendo en un cúmulo de malas noticias y expectativas no satisfechas.

La pandemia le está cobrando los platos rotos, a diferencia de lo que pasa en nuestro país, donde el virus le ha venido ‘como anillo al dedo’ a un gobierno que la usa como cortina de humo y coartada para justificar sus malos resultados. Increíblemente, está siendo afectado por la reticencia de un amplio segmento de la población antivacunas que ha impedido disminuir los contagios, retrasando la tan ansiada vuelta a cierta normalidad y a acelerar la reactivación económica.

La disrupción en las cadenas de suministro ha visto detenidas muchas actividades económicas que saltan a la vista en los anaqueles vacíos de muchos supermercados o en la interrupción de servicios por no haber personal para llevar a cabo el trabajo.

Más allá de la vacunación, el gobierno de Biden sigue fallando en asuntos como la comunicación clara al público de las medidas sanitarias, en el inconsistente acceso a pruebas o en la derrota en la Corte Suprema a su intención de que las empresas con más de 100 trabajadores obliguen a sus empleados a vacunarse o que se hagan pruebas constantemente.

La inflación por arriba de lo esperado está generando mucha ansiedad entre los consumidores y temores sobre lo que pueda venir después. Esto contrarresta los efectos positivos que cabría esperarse del crecimiento de la economía y de las obras de infraestructura que están por arrancar con el multimillonario paquete aprobado.

Recordemos que Biden ha logrado el apoyo de senadores y representantes republicanos para inyectar dinero a la economía y ahí párale de contar.

La percepción de un liderazgo internacional débil tras la desastrosa y atrabancada salida de Afganistán, el fortalecimiento y envalentonamiento de sus rivales históricos en distintos frentes, uno de ellos Vladimir Putin al borde de intervenir militarmente en Ucrania.

Súmenle la mayoría conservadora (seis a tres) en la Suprema Corte, el control de gobiernos y legislaturas estatales por los republicanos, los mayores ratings del ecosistema mediático conservador, la crisis en la frontera, la decepción del ala progresista demócrata, el viraje del voto hispano y un larguísimo etcétera.

El autor es CEO Founder LEXIA Insights & Solutions.

Guido Lara

Guido Lara

CEO Founder LEXIA Insights & Solutions.

COLUMNAS ANTERIORES

Guerra contra las mujeres
Fractura múltiple del mundo

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.