En el espejo de Washington

Ser latina hoy en Estados Unidos

Latina power: dos palabras que colocadas en la misma idea se les atragantan a Trump y su base electoral porque para ellos es una afrenta que las mujeres latinas reclamen pertenencia sin bajar la cabeza y diluirse.

En una reciente audiencia del Congreso, el republicano Brandon Gill mostró productos vendidos en el Smithsonian con la frase “Latina Power” (una gorra, una taza) y cuestionó si era apropiado vender esa mercancía.

La directora de la principal institución cultural pública estadounidense hizo una defensa temerosa. Parecía una escena menor. No lo fue.

Lo que le incomodaba al representante trumpista no era la mercancía, sino la afirmación de que una mujer latina tenga el derecho a reivindicar su poder y no a limitarse al “conveniente” rol de trabajadora, migrante, cocinera, cuidadora.

Latina power: dos palabras que colocadas en la misma idea se les atragantan porque para ellos es una afrenta que las mujeres latinas reclamen pertenencia sin bajar la cabeza y diluirse.

Ese es el clima de época en Estados Unidos.

Trump y su base electoral no sólo van contra la migración indocumentada. Van contra la diversidad como proyecto existencial.

Contra el Estados Unidos equitativo y multirracial. Contra la idea de que el país puede ser algo distinto al imperio del hombre blanco anglosajón.

El ataque a los programas de Diversity, Equity and Inclusion (DEI) no es administrativo, es político y cultural. De ser una sigla, DEI se transfiguró en concepto maldito.

El trumpismo entendió muy bien el miedo causado por los avances de la simetría, por eso corregir desigualdades es anatema; su oferta es tranquilizar a quienes sienten que la diversidad pone en riesgo su posición dominante.

Con un catálogo casi infinito de palabras y acciones, el mensaje a las y los latinos es el mismo: puedes vivir aquí, trabajar aquí, pagar impuestos aquí, criar hijos aquí; pero tu pertenencia siempre será puesta en duda.

En ese contexto, un relevante estudio del Pew Research Center sobre los hispanos en Estados Unidos descubrió que Ser latino / hispano importa mucho, pero no significa lo mismo para todos.

El 61 por ciento de los adultos hispanos dice que ser hispano es extremadamente o muy importante para la manera en que se ven a sí mismos.

Pero cuando se pregunta si esa identidad ayuda o perjudica para avanzar, la comunidad se divide: 33% cree que perjudica, 26% que ayuda y 40% que no hace diferencia.

Sin importar por quién votaron, hay un consenso: sólo 1 de cada 4 percibe ser latino como ventaja.

Entre los hispanos que votaron por Kamala Harris, 39% cree que ser hispano perjudica, 38% dice que no hace diferencia y solo 23% piensa que ayuda.

Mientras que para los hispanos que votaron por Trump, el 57% dice que ser hispano no ayuda ni perjudica; 23% cree que ayuda y sólo 19% considera que perjudica.

El latino que vota por Trump quiere dejar atrás el miedo que viene estampado con su origen. Quiere ya no sentirse excluido y perseguido.

Paola Ramos lo describe muy bien en su libro Defectors. No se limita a decir que los latinos trumpistas votan contra sus intereses.

Plantea algo más profundo: Trump explota su deseo de pertenencia y el pavor de ser excluidos.

Muchos latinos quieren dejar de ser “los otros”. Quieren demostrar que ellos sí se integran, sí respetan la ley. Que ellos no son como “esos” migrantes... Tremendamente poderoso el anzuelo de la pertenencia y de sentirse parte.

El libro de Ramos es rico en explicaciones convergentes donde también pesan otras heridas: colonialismo introyectado, religiosidad conservadora, inseguridad, violencia, trauma frente al socialismo autoritario, etcétera.

Por eso, para algunos latinos, palabras como orden, patria, Dios, familia y frontera no suenan a amenaza, sino a protección.

Otra fuerza de largo aliento que disminuye el latino power es la asimilación.

Con el paso de las generaciones, las raíces se van borrando poco a poco. Pew Research Center lo muestra: entre los hispanos inmigrantes, el 71% considera su identidad hispana extremadamente o muy importante; entre los nacidos en Estados Unidos baja a 54%.

Aunque también hay que decirlo, sigue siendo un porcentaje nada despreciable.

Por eso unas tacitas o una sudadera de “Latina Power” vendidas en la tiendita de uno de los museos dependientes del máximo órgano de la cultura oficial resultan tan incómodas al proyecto xenofóbico de Trump, Miller y compañía.

No se trata de souvenirs inocuos; si se retiran de la venta, se habrá dado un paso más hacia el triunfo de la distopía.

Guido Lara

Guido Lara

CEO Founder LEXIA Insights & Solutions.

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