En el espejo de Washington

Capitolio: un año y un día después

Del lado demócrata, el 6 de enero representó un grave atentado contra su democracia, mientras que para los enajenados republicanos el evento significó una lucha para “repararla”.

CEO Founder LEXIA Insights & Solutions

Estados Unidos desunido será más fácil vencido. A un año y un día de la insurrección que irrumpió violentamente en el Capitolio, los efectos son terriblemente nocivos para el que hoy sigue siendo el país más importante del mundo (aunque cada vez vaya siéndolo menos).

Los estragos se viven tanto al interior como al exterior.

Internamente, el Partido Republicano y el ecosistema mediático de derecha radicalizada no ha dado un paso atrás, sino que han doblado la apuesta para seguir minando la realidad objetiva con su propagación sistemática de falsedades y “hechos alternos” que sus rivales han etiquetado como “The Big Lie” (La Gran Mentira). No solo se están cubriendo las espaldas por el pasado, sino que están preparando el terreno para el 2024.

Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad, especialmente para quienes están expuestos a ella cotidianamente. Esto explica por qué al menos 6 de cada 10 republicanos han “comprado” el alegato de que a Trump le robaron la elección.

Esta grave aseveración no se fundamenta en la realidad objetiva, pero ha sido exitosa en el tribunal de la opinión pública del universo paralelo de los republicanos.

Universo paralelo, defendido por todos sus líderes y representantes que han decidido alinearse con la gran mentira y su gran propagador Donald Trump (las figuras del partido que se han desmarcado son una franca minoría).

No solo han minimizado y tratado de dar vuelta a la página de lo sucedido el 6 de enero, sino que han tomado la ofensiva para seguir descarrilando el proceso democrático con múltiples iniciativas en los congresos estatales dirigidas a dificultar la votación, a excluir a las minorías, a despedir y amenazar con cárcel a las autoridades electorales que hacen bien su trabajo y a colocar funcionarios a modo que podrían hacer trampa en el futuro. ¿Les suena? Algo así se gesta en los embates que en nuestro país sufre el INE.

A diferencia de México, en Estados Unidos no hay un Instituto Nacional Electoral que organice y dé certidumbre a las elecciones, esta responsabilidad recae en los gobiernos y legislaturas estatales (los republicanos controlan 30, mientras que los demócratas solo 17 y 3 están divididas).

Es por esto que el plan republicano de ganar a la mala la presidencia en 2024 tendrá su principal terreno de batalla en los estados péndulo que pueden inclinar la balanza no solo por el número de votos, sino por sus leyes y procesos para contarlos y validarlos. Estos estados son Michigan, Pensilvania, Georgia, Arizona, Wisconsin y Nevada.

Es impresionante observar los efectos del lavado de cerebro que puede generarse desde el mensaje político y la propaganda mediática. Además del poderío distorsionador de Fox News, la cadena más vista durante los pasados seis años (Laura Ingraham una de sus estrellas ha sido genialmente reflejada en el personaje de Cate Blanchett en Dont’look up), está toda la desinformación en las redes sociales –especialmente en Facebook– y la emergencia atronadora de podcasts conducidos por provocadores paranoicos de la talla de Alex Jones o Steve Bannon, cuyo impacto es demoledor pues son escuchados por millones de personas (un monitoreo reciente de los principales podcast de noticias identificó que la mitad fueron activos difusores de las mentiras sobre la elección).

Un año y un día después, 8 de cada 10 estadounidenses ven la democracia de la nación en peligro, según una nueva encuesta de USA TODAY / Suffolk University. Y es cierto, lo está.

Es paradójico que esta amenaza se basa en evaluaciones crudamente contradictorias. Basta saber que para los del lado demócrata el 6 de enero representó un grave atentado contra ella, mientras que para los enajenados republicanos el evento significó una lucha para “repararla”.

Esta fractura en un principio fundamental se magnifica en los múltiples desencuentros que impiden generar los cambios que Estados Unidos necesita para fortalecerse. La confrontación perenne le esta impidiendo generar mejores leyes, presupuestos, programas e iniciativas.

También le resta autoridad moral en el mundo y capacidad de influencia real en los grandes retos económicos, medioambientales y geopolíticos. Con qué cara puede Estados Unidos intentar exportar su modelo democrático al planeta teniendo tal desorden en su propia casa.

Sus principales rivales, China, Rusia, Irán o Corea del Norte, entre otros, se regocijan ante la incapacidad de una sociedad que polariza todo –hasta ponerse o no una vacuna o una mascarilla– y que no tendría unidad para enfrentar conflictos graves e importantes como lo podrían ser la avanzada China sobre Taiwan, la rusa sobre Ucrania o los desafíos nucleares de sus archienemigos.

Guido Lara

Guido Lara

CEO Founder LEXIA Insights & Solutions.

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