Perspectiva Global

¿Continuará el vuelco hacia la derecha en Latinoamérica?

Ahora nos espera la segunda vuelta en Perú (7 de junio) y los comicios en Colombia (31 de mayo y probable segunda vuelta el 21 de junio) y Brasil (4 de octubre y segunda vuelta el 25 de octubre).

Este año ha sido y será un año electoral muy importante para Latinoamérica (“¿Qué nos depara 2026? (II)”, 9 de diciembre). Ya se llevaron a cabo elecciones en Costa Rica el pasado 1 de febrero, así como las elecciones legislativas y primarias en Colombia el 8 de marzo pasado y la primera vuelta en Perú, el domingo 12 de abril. Ahora nos espera la segunda vuelta en Perú (7 de junio) y los comicios en Colombia (31 de mayo y probable segunda vuelta el 21 de junio) y Brasil (4 de octubre y segunda vuelta el 25 de octubre).

Un aspecto que definitivamente hay que destacar es que la derecha ha tenido un desempeño muy destacado en las elecciones de Latinoamérica en los últimos años. Tales son los casos de Milei en Argentina, Kast en Chile, Noboa en Ecuador, Bukele en El Salvador, Rodríguez en Costa Rica, Mulino en Panamá, Arévalo en Guatemala, Asfura en Honduras, Abinader en República Dominicana, Paz en Bolivia y Peña en Paraguay.

La gran pregunta con las elecciones que van a llevarse a cabo este año en la región es si esta corriente va a seguir ganando terreno y qué tanto tiene esto que ver con la presencia de un presidente como Trump en los Estados Unidos, o con una preocupación por temas de seguridad en América Latina o un efecto de ambas. Por el momento, en mi opinión, los participantes de los mercados financieros internacionales que invierten en la región ven el balance de riesgos de las elecciones de esta manera:

En Brasil ven pocos riesgos a la baja, dado que si ganara la reelección el presidente Lula piensan que ya lo conocen y que no habría grandes cambios. Sin embargo, sí anticipan riesgos importantes al alza si ganara el candidato de derecha, Flavio Bolsonaro –hijo del expresidente Jair Bolsonaro–, porque podría significar aprovechar mejor las oportunidades que puede ofrecer la fragmentación política y de comercio mundial y podrían hacerse esfuerzos al menos por parar la expansión fiscal, en un marco de respeto a la autonomía del banco central. Las probabilidades -fundamentadas en los resultados de las últimas encuestas-, se encuentran cercanas a un volado (50-50 por ciento), con un ligero sesgo hacia Bolsonaro.

En Colombia, por el contrario, percibo que los inversionistas ven pocos riesgos al alza si llegara a ganar la candidata de centro, Paloma Valencia, dadas las restricciones de carácter fiscal que está dejando el presidente Petro, sobre todo en cuanto al gasto en programas sociales. No obstante lo anterior, ven muchos riesgos a la baja si llegara a ganar el candidato de extrema izquierda, Cepeda. A diferencia de Brasil, no solo les preocupa que Cepeda pueda ser como Petro -que ya no está gobernando de manera pragmática como al inicio de su gobierno, sino ideológica-, sino que Cepeda pueda ser todavía más radical de izquierda.

Cabe señalar que hay un tema con los resultados de las escasas encuestas que se encuentran disponibles. Hay una nueva ley (2494) en la que, entre otras cosas, ahora las encuestas prácticamente asignan una mayor ponderación a los asentamientos con bajo nivel de población, en comparación con el porcentaje observado respecto a la población total. Así, las encuestas podrían estar sesgadas hacia la intención de voto de la izquierda, tradicionalmente beneficiadas en esas poblaciones pequeñas, en el caso de Colombia.

En el caso de Perú, percibo una preocupación de los inversionistas por cuatro aspectos: (1) La baja probabilidad que le ven a la candidata de derecha, Keiko Fujimori, de ganar en segunda vuelta. Es la cuarta vez que llega a la segunda vuelta electoral, habiendo perdido tres elecciones. En el pasado ha sido una candidata muy polarizante. De esta manera, se ha quedado prácticamente solo con su “voto duro” y termina perdiendo; por ello, (2) el resultado de quién vaya a estar en la boleta para la segunda vuelta es muy importante. Todavía no se define si va a ser el candidato de extrema izquierda, Sánchez, o el de extrema derecha López Aliaga, apodado “Porky”. Sánchez podría significar una repetición del resultado de la elección anterior con el expresidente Castillo, mientras que López Aliaga significaría el retorno seguro a la derecha en Perú, ya sea si gana él o Keiko; sin embargo, aún si estuviera López Aliaga en la boleta (3) hay muchas dudas sobre qué tanto podría durar en el puesto quien llegue a la presidencia. Con la facilidad que tiene el sistema de gobierno en Perú para remover presidentes, Perú lleva ocho presidentes en diez años; y (4) si bien parece que Perú ha podido desvincular la política de la economía en muchos de estos años, la famosa frase de carácter humorístico en la que se dice que “la tasa de crecimiento económico está por arriba del porcentaje de aprobación del presidente en turno”, cada vez se ha cumplido menos.

Se sabe que la presencia de Julio Velarde, como presidente del banco central desde 2006 ha sido pieza clave para que Perú haya podido transitar con una economía creciendo con baja inflación, mientras se vive un desastre político. Si bien Velarde ha dicho que ya desea retirarse, en parte por motivos de salud, también ha comentado que podría quedarse un par de años más -si es ratificado-, para apoyar a una transición “más suave”. Así, si bien pareciera que la preocupación de los participantes de los mercados es más de carácter binario sobre si queda o no Sánchez en la boleta, existen los puntos (3) y (4) que hacen que esta elección sea más compleja de modelar.

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