La semana pasada se llevaron a cabo las reuniones anuales de primavera de Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). El comienzo formal de las reuniones normalmente se da con la publicación del documento “Perspectiva Económica Global” del FMI (World Economic Outlook en inglés o WEO). En esta ocasión el staff del FMI lo tituló “La economía global a la sombra de la guerra” e inicia señalando que el mundo enfrenta un nuevo choque que amenaza con descarrilar la economía a nivel global, refiriéndose a las disrupciones que está causando el conflicto actual en el Medio Oriente. El reporte explica que, antes de este episodio bélico, los obstáculos derivados de mayores barreras comerciales y la incertidumbre habían sido compensados por la inversión en tecnología, condiciones financieras más laxas y apoyo fiscal y monetario. Sin embargo, el WEO advierte que esta nueva escalada de violencia afecta de manera significativa los mercados de materias primas (o comoodities), las expectativas de inflación y el apetito por riesgo. Por ello, el FMI desarrolló un “pronóstico de referencia” que asume un conflicto de duración limitada y efectos que se disiparían hacia mediados de 2026, de manera similar a lo que hemos hecho los analistas de mercados en las últimas semanas (“La importancia de las reuniones del FMI en esta ocasión”, 14 de abril).
El documento del FMI detalla que, bajo ese escenario central, el crecimiento global sería de 3.1 por ciento en 2026 y 3.2 por ciento en 2027, cifras inferiores al ritmo observado en 2024 y 2025 y también por debajo del promedio histórico de 3.7 por ciento. El reporte indica que la revisión a la baja para 2026 —de 0.2 puntos porcentuales— se debe principalmente a las disrupciones generadas por la ofensiva en Medio Oriente, aunque parcialmente compensadas por datos recientes más sólidos y menores aranceles. La inflación mundial, según el WEO, subiría a 4.4 por ciento en 2026 antes de descender a 3.7 por ciento en 2027. Sin este episodio de inestabilidad regional, el reporte del FMI señala que el crecimiento de 2026 incluso habría sido revisado al alza. El impacto, sin embargo, no es homogéneo. En este sentido, las economías emergentes y en desarrollo —especialmente las importadoras de materias primas—, enfrentan un deterioro más marcado que las economías avanzadas.
Además del escenario base, la perspectiva económica global del FMI también presentó escenarios alternativos. En uno de ellos, con un aumento más persistente en los precios de la energía, el crecimiento mundial caería a 2.5 por ciento en 2026 y la inflación alcanzaría 5.4 por ciento. En un escenario más severo —si en el conflicto se dañara infraestructura energética clave—, la actividad global se reduciría a apenas 2.0 por ciento en 2026 y la inflación superaría 6.0 por ciento hacia 2027. El reporte enfatiza que las economías emergentes sufrirían impactos casi del doble que las avanzadas, reflejando su mayor vulnerabilidad a choques de precios y condiciones financieras más restrictivas.
Finalmente, el WEO advierte que los riesgos siguen inclinándose a la baja. Una escalada adicional de las hostilidades podría derivar en la mayor crisis energética de la era moderna, mientras que tensiones políticas internas, disputas comerciales o fricciones en cadenas de suministro —incluyendo las relacionadas con tierras raras— podrían amplificar la volatilidad. El documento del FMI también menciona que una reevaluación de expectativas sobre la rentabilidad de la inteligencia artificial o un ajuste abrupto en mercados financieros por mayores déficits fiscales podría endurecer aún más las condiciones globales. Aun así, el reporte reconoce que una adopción más rápida de la Inteligencia Artificial (IA), junto con reformas estructurales y una distensión comercial sostenida, podría impulsar la actividad y sentar bases para un crecimiento más dinámico en el mediano plazo.
Para México, el FMI anticipa un crecimiento del PIB para este año de 1.6 por ciento, 10 puntos base (0.10 puntos porcentuales) mayor al que tenía el FMI en enero y de 2.2 por ciento para 2027. Estas proyecciones están prácticamente en línea con lo que considero que crecerá nuestra economía este año (1.7 por ciento) y el que entra (2.3 por ciento). La narrativa que acompaña los pronósticos de PIB de México de parte del staff del FMI es que un crecimiento más débil en 2025 —resultado de la consolidación fiscal, una política monetaria restrictiva y los vientos en contra derivados de tensiones comerciales—, está dando paso a una recuperación moderada en 2026 y 2027. Asimismo, enfatiza que el hecho de contar con un nivel de reservas internacionales adecuadas, una baja dependencia de deuda en moneda extranjera, fondos de estabilización que proveen liquidez al gobierno y un régimen de tipo de cambio flexible, va a permitir que el país enfrente el choque actual con mayor resiliencia.
En mi opinión el tono de los inversionistas y analistas en la capital de los Estados Unidos la semana pasada fue de “optimismo cauteloso”, pensando que la guerra en Irán terminará pronto, aunque las hostilidades tarden mucho en erradicarse por completo, y de la misma manera, tardará el restablecimiento de las cadenas productivas y la producción de hidrocarburos, ya que no espera que regrese inmediatamente a los niveles preguerra.