El Producto Interno Bruto (PIB) creció 3.2 por ciento anual en el tercer trimestre del año. Estas son cifras oportunas que se revisan en menos de un mes, pero típicamente el cambio suele ser pequeño. Este es el mayor crecimiento que ha registrado la economía en lo que va del sexenio. Cabría esperar que este fuera el inicio de una recuperación de la economía mexicana. Pongamos en perspectiva estos datos para entender mejor su significado y qué podemos esperar a futuro.
Para empezar, habría que establecer qué es lo deseable. La economía mexicana debería crecer a tasas cercanas al 4 por ciento anual o, cuando menos, superiores al 3.5 por ciento. Este es un alto estándar que no se ha alcanzado en ningún sexenio en lo que va de este siglo. Los sexenios con mayor crecimiento promedio anual en el siglo XXI han sido los de Enrique Peña Nieto (1.9%) y Vicente Fox (1.8%), un crecimiento claramente insuficiente para las necesidades de la economía mexicana. A pesar del mal desempeño de la economía mexicana a partir de la entrada del nuevo milenio, es importante tener claro a qué deberíamos apuntar como meta.
La aceleración del tercer trimestre con respecto a los anteriores es resultado, principalmente, de la recuperación del sector secundario. Los servicios también crecieron a un buen ritmo (3.3 por ciento anual), pero el cambio frente a los trimestres previos viene sobre todo de la industria. Este sector registró cuatro variaciones negativas en los siete trimestres que llevamos en 2025 y 2026. Su crecimiento en el tercer trimestre de este año fue 3.1 por ciento, un dato muy positivo comparado con los resultados que había mostrado previamente. Sin embargo, su producción al cierre del tercer trimestre (7.9 billones de pesos) todavía está 1.3 por ciento por debajo del punto máximo que alcanzó en el tercer trimestre de 2023 (8.02 billones de pesos).
Al interior de este sector, los resultados son muy desiguales y el crecimiento se da como consecuencia de unos pocos subsectores. No tenemos el desglose del PIB, pero los datos del Indicador Mensual de la Actividad Industrial muestran cifras a agosto de este año. De los 28 subsectores de la actividad industrial reportados, 15 muestran variaciones negativas anuales en agosto. Es decir, más de la mitad de la industria se está contrayendo. El buen resultado está impulsado principalmente por unos pocos subsectores con un muy buen desempeño: fabricación de productos derivados del petróleo y del carbón (21.4%), construcción de obras de ingeniería civil (17.6%) y fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y electrónicos (12.2%).
Por otro lado, existen ciertos riesgos a considerar con respecto al crecimiento de la economía. Primero, el repunte depende en buena medida de las exportaciones, en particular de la fabricación de equipo de computación y electrónicos, impulsada por la demanda de inversión en inteligencia artificial. Esto expone a la economía a la incertidumbre de la política comercial de Estados Unidos y al futuro del T-MEC: en la revisión conjunta de julio, Estados Unidos no aceptó extender el tratado por 16 años, por lo que seguirá vigente hasta 2036, pero con revisiones anuales. Un segundo riesgo tiene que ver con la situación fiscal de México. El elevado déficit fiscal y la calificación crediticia del país, que con Fitch (BBB-) y Moody’s (Baa3) está a un escalón de perder el grado de inversión, también ponen en riesgo el crecimiento. Por último, la debilidad estructural de la economía —con la concentración de poder político, la pérdida de organismos independientes, la falta de confianza en el poder judicial y el aumento de la inseguridad, entre otros— pone en riesgo el crecimiento a largo plazo del país.
El crecimiento superior al 3 por ciento del tercer trimestre es una noticia muy positiva. Es probable que esta mejora en la actividad económica se sostenga y se intensifique en los próximos trimestres, aunque el ritmo trimestral se moderó (0.9 por ciento frente a 1.4 por ciento en el segundo trimestre) y parte del repunte anual refleja una base de comparación baja. Esperemos que sea así. Al parecer, el repunte es una recuperación después de un periodo de crecimiento particularmente bajo, sobre todo en el sector industrial. Sería deseable lograr una recuperación más generalizada que no dependa de unos cuantos subsectores. Puesto en perspectiva, el dato no es necesariamente un cambio de tendencia a largo plazo. Ningún sexenio de este siglo ha superado 2 por ciento de crecimiento promedio anual, así que lo importante no es celebrar un trimestre, sino lograr que crecer más de 3 por ciento deje de ser la excepción. Eso depende menos de la coyuntura que de remover las debilidades estructurales que mencioné como son el deterioro institucional y el aumento de la inseguridad.